10 años de solidaridad: el Hogar de Cristo en Río Gallegos que reconstruye vidas
¿Sabés cómo un espacio de mate cocido y escucha logró transformar la vida de cientos en Río Gallegos? Conocé la historia del Hogar de Cristo en su décimo aniversario.
En plena capital de Santa Cruz, el Hogar de Cristo celebra una década de acompañamiento ininterrumpido a quienes más lo necesitan. Desde 2016, en un espacio cedido por el obispo D'Annibale, este centro se convirtió en un refugio donde el mate cocido y una ducha caliente son solo el comienzo de una transformación profunda.
¿Cómo nació este proyecto en Río Gallegos?
Todo empezó en 2016, cuando el obispo D'Annibale cedió un local de Cáritas en Mendoza 340, sobre la Costanera. Allí, con mate cocido y un baño disponible, recibieron a las primeras tres personas que vivían en los vagones de la Asociación Amigos del Tren. "El Hogar nació una Semana Santa hace 18 años, en la Villa 21 de Buenos Aires", recuerda Héctor Silva, coordinador del Hogar de Cristo, citando las enseñanzas del entonces cardenal Bergoglio: acompañar sin prejuzgar.
Un espacio que no es un centro terapéutico
A diferencia de otras ciudades, en Río Gallegos no cuentan con residenciales para que los jóvenes duerman. "Nosotros abrimos de lunes a viernes de 10 a 16 horas", explica Silva. "Recibimos a los que llegan y los aceptamos con todas sus complejidades: problemas de consumo, falta de documentación, dificultades para encontrar alojamiento". La lógica es comunitaria, no clínica: "Para una persona que padece adicciones, el problema no es la droga en sí misma sino toda la complejidad que está detrás".
¿Quiénes llegan al Hogar?
Mayoritariamente varones, cada vez más jóvenes, aunque también adultos mayores que buscan combatir la soledad. Diariamente almuerzan unas 45 personas, de las cuales 30 son fijas. Muchos llegan por el boca a boca: viven en la calle, no son de Río Gallegos, se quedaron varados o no tienen trabajo. "Los apoyamos a todos para que se pongan de pie", afirma Silva.
El sostén económico y las necesidades diarias
El Hogar se financia con un convenio con la SEDRONAR, como Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC), y desde el año pasado integra la Red del Banco de Alimentos. Cada invierno realizan una colecta de ropa de abrigo: camperas, guantes, buzos, bufandas, pulóveres y ropa interior. Además, cuentan con dos lavarropas para quienes no pueden lavar sus prendas.
Más que ayuda material: reconstruir vínculos
Silva destaca que muchos jóvenes se han revinculado con sus madres en el Centro Barrial tras haber sido expulsados de sus casas. "Esa es nuestra tarea también: sanar relaciones que estaban rotas". La vulnerabilidad social ha crecido notoriamente en los últimos años, y el Hogar trabaja sobre "el sufrimiento social". "Cuando un chico llega por problemas de consumo es porque ya está muy roto", concluye.