120 años de Central Córdoba: la decisión de 1958 que cambió para siempre la cancha de Tablada

Tablada se prepara para una fecha que toca de cerca a miles de vecinos: el club que nació en el barrio cumple 120 años y su cancha guarda una historia que pocos conocen. Hubo una reforma clave que definió su fisonomía para siempre.

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120 años de Central Córdoba: la decisión de 1958 que cambió para siempre la cancha de Tablada
120 años de Central Córdoba: la decisión de 1958 que cambió para siempre la cancha de Tablada

El Club Atlético Central Córdoba sopla 120 velitas este martes y lo hace donde siempre: en Tablada. Pocas instituciones rosarinas pueden presumir de haber crecido en el mismo rincón de la ciudad durante más de un siglo, y ese detalle explica buena parte de su identidad. Su estadio, con lugar para unos 17.000 espectadores, sigue siendo una marca registrada del paisaje del barrio.

A diferencia de otros clubes que mudaron su campo de juego de una punta a otra, los charrúas nunca se alejaron demasiado de su territorio fundacional. Esa continuidad fortaleció el lazo con la barriada y convirtió al reducto de Virasoro y Juan Manuel de Rosas en algo más que una cancha: un punto de referencia para generaciones de vecinos.

De un café de esquina al predio definitivo

El primer campo de juego estuvo en la intersección de Ocampo, Buenos Aires, bulevar Rosarino —hoy bulevar 27 de Febrero— y 25 de Diciembre —actual Juan Manuel de Rosas—, en terrenos de Pedro Alles y Juan Ventura. En una de esas esquinas funcionaba el antiguo café de Díaz, referencia obligada de la zona en aquellos años.

Con el correr del tiempo, la entidad trasladó su field a un predio cercano sobre 25 de Diciembre, entre Viamonte y Ocampo. Recién en 1907 se instaló entre Virasoro, Gálvez, 25 de Diciembre y 1.º de Mayo, el mismo lugar donde hoy se levanta el estadio charrúa.

El ferrocarril, un socio clave

Hasta 1914 el club se llamó Ferrocarril Córdoba y Rosario, y esa denominación no era casual: la mayoría de sus integrantes provenía de la empresa ferroviaria homónima, que le dio un respaldo decisivo para crecer. La compañía le permitió usar el hall de la estación para sus asambleas y le cedió una oficina como secretaría. Además, le alquiló sin costo el terreno donde se construyó la nueva cancha, pegada a la playa de maniobras y a los depósitos de carga.

Con los años, las distintas firmas que integraban la empresa se fusionaron en una sola, Ferrocarril Central Córdoba, y se creó la Compañía Ferroviaria de Tierras para administrar las propiedades del ferrocarril de capitales británicos. Esa reorganización hizo temblar el vínculo entre el club y la empresa, aunque las autoridades del F. C. C. C. dejaron que la institución siguiera ocupando el predio sin pagar alquiler. La situación se sostuvo hasta 1916, cuando se firmó un contrato de arrendamiento con la nueva compañía.

Ese mismo año se colocó el alambrado perimetral y se levantó una casilla de madera con techo de paja y piso de tierra. En 1920 llegaron más reformas: la vieja construcción fue demolida y reemplazada por un pabellón de trece metros de largo, con tres compartimientos, secretaría y anexos. El terreno de juego, además, se corrió trece metros hacia el este.

Las primeras tribunas y una obra récord

A comienzos de los años 20, Central Córdoba sumó sus primeras cuatro gradas de tablones de madera, de sesenta centímetros de ancho, en el sector este. En abril de 1931 la constructora Chaina & Cía. encaró algo mucho más ambicioso: una tribuna de estructura metálica y tablones de madera de cien metros de ancho, diez de largo y seis de altura, dividida en dos tramos separados por un espacio libre de casi cinco metros y medio de ancho por cinco de alto.

La obra reemplazó las gradas del este y se completó en apenas siete días, con cuarenta toneladas de hierro. Un despliegue que daba cuenta de la magnitud que había tomado el proyecto. Durante muchos años más, la Compañía Ferroviaria de Tierras siguió alquilándole el predio al club, hasta que en 1958 dirigentes y socios lograron comprar los terrenos y asegurar para siempre la propiedad de la cancha.

El ascenso de 1957 y la jugada que cambió la orientación

El salto a Primera División, conseguido en 1957, obligó a repensar todo. La Asociación del Fútbol Argentino exigió ampliar la capacidad del viejo reducto para poder albergar partidos de la máxima categoría. Como la cancha no cumplía los requisitos, durante el campeonato de 1958 Central Córdoba tuvo que hacer de local en el estadio de Newell’s Old Boys.

La situación empujó a los dirigentes a mover ficha: en diciembre de ese año aprobaron las reformas para volver a jugar en casa en el torneo de 1959. Las obras arrancaron de inmediato y en apenas tres meses se levantaron dos tribunas nuevas en los sectores norte y sur. La popular, en tanto, se desplazó hacia el este para modificar la orientación del campo de juego, la única forma de alcanzar las dimensiones que pedía la A. F. A.

Así, el campo dejó de estar orientado de norte a sur y pasó a estarlo de este a oeste, disposición que conserva hasta hoy. La transformación permitió adecuarse a las exigencias de Primera y seguir escribiendo la historia en el propio barrio.

Gabino Sosa, el nombre que quedó en la identidad

La historia del estadio también guarda un homenaje. Durante la cena por el 63.º aniversario del club, el 7 de noviembre de 1969, se decidió rendir tributo a Gabino Sosa, figura que brilló con la camiseta de Tablada y que también se destacó en la selección rosarina y en el seleccionado nacional. Desde entonces, el estadio lleva su nombre, una distinción que quedó pegada a la identidad de la institución y de su gente.

A 120 años de la fundación, Central Córdoba conserva una historia marcada por la pertenencia, el esfuerzo de dirigentes y socios y un vínculo ininterrumpido con Tablada. Desde aquellos primeros campos de juego hasta el actual estadio Gabino Sosa, el recorrido charrúa refleja el crecimiento de un club que sigue profundamente arraigado al barrio que lo vio nacer.

En la fotografía se puede ver el estadio charrúa tras las reformas de 1959. Gentileza de Julio Rodríguez, periodista, historiador y gran conocedor de la historia de Central Córdoba.

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