16 años en la morgue del Hospital Regional: saluda al entrar y se despide al salir
Laura llevaba años detrás de un escritorio en el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia. Un día empezó a entrar a las autopsias judiciales y ya no salió: hoy, después de 16 años, tiene una costumbre que llama la atención de todos los que la rodean.
Laura lleva 16 años trabajando en la morgue del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia. Esta semana mostró cómo es su día a día en un sector que casi nadie conoce y contó por qué saluda al entrar y se despide al salir del lugar.
La recorrida la hizo el equipo del programa "Me Invitó Un Amigo" de SETA TV, que dialogó con la trabajadora sobre los procedimientos, las tareas y las dificultades de un oficio que, según ella misma reconoció, no está hecho para cualquiera.
De la oficina a la sala de autopsias
Laura no llegó a la morgue por vocación desde el principio. Antes se desempeñaba en el área administrativa del hospital y fue el contacto con las autopsias judiciales lo que le despertó el interés.
“Yo era administrativa y empecé a ingresar a las autopsias judiciales porque antes estaba la morgue judicial acá. Me empecé a interesar, me gustó”, recordó en la entrevista.
Con los años se capacitó y fue asumiendo nuevas responsabilidades hasta convertirse en visceradora, el rol que consiste en extraer los órganos que pide el médico durante una autopsia. Hoy la morgue del Hospital Regional se usa para las actividades propias de la institución, mientras que las autopsias judiciales se hacen en otro espacio.
Sobre el salto de lo administrativo al trabajo directo con cuerpos, reconoció que fue un cambio importante, pero aseguró que nunca sintió miedo y que encontró en el oficio una manera de ayudar. “Es una forma de ayudar. No solamente es un oficio, porque hay que estar con la mente bien fría para todo esto”, explicó.
Saludar, pedir permiso y despedirse
Durante la recorrida, Laura compartió algunas experiencias que, según su relato, están vinculadas a la presencia de energías en el lugar. Contó que tiene la costumbre de saludar al ingresar, pedir permiso antes de empezar a trabajar y despedirse cuando termina la jornada.
“Yo cuando llego saludo y cuando me voy me despido”, contó.
Entre las situaciones que mencionó, recordó que, según su experiencia, cuando se apaga la luz de la morgue algunas cosas aparecen desordenadas al día siguiente. También señaló que sus compañeras fueron testigos de situaciones similares.
Más allá de esas vivencias personales, la trabajadora hizo hincapié en el respeto con el que intenta desarrollar sus tareas, incluso en los momentos más difíciles.
Cuando no hay familiares, es ella la que se despide
Su trabajo también incluye acompañar los procedimientos de cuerpos que llegan al hospital sin familiares presentes o sin la documentación necesaria para gestionar su retiro. En esos casos, explicó, hay que hacer averiguaciones para resolver cada situación.
Además, señaló que cuando no hay familiares suele encargarse personalmente de despedir a la persona fallecida, aunque no sea una responsabilidad que le corresponda formalmente.
“Es un ser humano que estuvo acá”, expresó al explicar por qué lo hace.
Seis cámaras y falta de materiales
Laura describió que el funcionamiento de la morgue presenta dificultades materiales. El espacio cuenta con seis cámaras frigoríficas y, cuando ingresan varios cuerpos en una misma jornada, la capacidad disponible puede convertirse en un problema.
También advirtió sobre la falta de materiales y otros elementos necesarios para trabajar, una situación que vinculó con las carencias que atraviesa todo el hospital.
“Hay trabajo, pero no tenemos material, falta batería, todo el hospital, ¿no? Faltan muchas cosas”, sostuvo.
Pese a esas dificultades, aseguró que siente un fuerte compromiso con su tarea y que busca mantener el espacio en las mejores condiciones posibles.
“Yo siempre que me refiero, digo ‘mi morgue’. No es mía, es de la ciudadanía, pero trato de que esté todo el tiempo lo más perfecta posible”, explicó.
Una profesión que pide preparación y fortaleza
La trabajadora consideró que se trata de una profesión que exige una preparación especial, tanto por las tareas técnicas como por el impacto emocional que puede generar. En ese sentido, recordó que una persona debe estar preparada para enfrentar situaciones difíciles, incluso la posibilidad de encontrarse con alguien conocido en la mesa de autopsias.
A lo largo de sus 16 años de trayectoria, Laura también atravesó pérdidas personales, entre ellas la muerte de un hijo, una experiencia que mencionó al reflexionar sobre la importancia de valorar la vida cotidiana.
Consultada sobre qué cambiaría de su recorrido profesional, respondió que su intención es seguir mejorando las condiciones de trabajo y dejar un legado para quienes decidan dedicarse a esta actividad.
“Lo único que trataría es de mejorar y dejar un buen legado para la otra persona que elige esta profesión”, afirmó.
Para Laura, detrás de cada procedimiento hay una tarea humana que requiere respeto, compromiso y vocación.
“Lo que hago lo hago con pasión, con amor”, resumió.