18 carretas y una capilla: el origen de María Auxiliadora en Chos Malal
La levantaron con madera traída en 18 carretas tiradas por bueyes y la inauguraron con un padrino de lujo. Pero lo que hace única a esta parroquia del norte neuquino no es su arquitectura: es lo que sus paredes guardan desde 1888.
Frente a la plaza San Martín de Chos Malal se levanta un templo que guarda más de un siglo de historias. La Parroquia María Auxiliadora, testigo privilegiado de la vida del norte neuquino, nació del esfuerzo colectivo de los primeros pobladores y de la llegada de los salesianos a la región.
Su primera capilla, construida con adobe y madera de roble traída desde las Lagunas de Epulauquen, es parte de una epopeya que pocos recuerdan: aquella madera llegó en 18 carretas tiradas por bueyes, en un territorio todavía en formación.
Una obra de todos
La construcción no fue tarea de unos pocos. Vecinos de la comunidad trabajaron codo a codo con los padres salesianos Domingo Milanesio y Bartolomé Panaro, quienes dejaron una marca imborrable en la vida espiritual y social de la zona.
La capilla se inauguró el 8 de diciembre de 1888, en sintonía con la celebración de la Inmaculada Concepción. Su padrino fue nada menos que Manuel Olascoaga, entonces gobernador del territorio neuquino y figura clave en la organización institucional de la provincia.
Transformaciones y memoria
Con los años, la iglesia parroquial —levantada en la manzana I, lote 3 B— acompañó el crecimiento de Chos Malal y atravesó distintas etapas de cambio. En 1962, bajo la dirección del hermano Humberto Fontana, se refaccionó el techo y se renovó la fachada. Después vinieron otras modificaciones para responder a las necesidades de una comunidad que nunca dejó de crecer.
Pero el verdadero valor del edificio no está en su arquitectura, sino en la memoria de quienes lo hicieron posible y de las generaciones que encontraron allí un espacio para celebrar, encontrarse y sostener los lazos comunitarios.
La huella salesiana
La historia de María Auxiliadora es inseparable de la presencia salesiana en el norte neuquino. En una región de montañas, distancias enormes y caminos difíciles, sacerdotes como Domingo Milanesio, Marcelo P. Gardin, Florindo Zandonella, Mateo Gavo’o, Bartolomé Panaro y Pedro Martinengo recorrieron el territorio llevando su tarea pastoral.
Milanesio, conocido por los lugareños como “Patiru Domingo”, es recordado por su cercanía con las comunidades. Panaro, en tanto, fue el primer párroco de Chos Malal y, junto a otros religiosos, impulsó la construcción de capillas y el acompañamiento cotidiano que fortaleció valores de solidaridad y fraternidad.
La fe se fue entrelazando así con la historia social de la región, incluida la de las comunidades chilenas de la Colonia Malbarco, protagonistas también de los primeros asentamientos.
Una parada del Camino de la Fe
Hoy, la Parroquia María Auxiliadora integra el Camino de la Fe neuquino, un recorrido de unos 800 kilómetros que une Ailinco con Villa La Angostura. Chos Malal, primera capital de la provincia, invita a descubrir su casco histórico, la antigua Casa de Gobierno, el Torreón, la Casa Dewey y el Museo Histórico Manuel José Olascoaga, que reúne piezas de la época fundacional.
También hay paisajes imperdibles: los miradores del Cerro de la Virgen, la Tortuga y la Cruz ofrecen vistas panorámicas del valle y los ríos. A 55 kilómetros, el Área Natural Protegida Tromen combina laguna y volcán para los amantes del senderismo. Y para completar la experiencia, la Bodega Des de la Torre abre sus puertas al enoturismo, mientras la gastronomía local propone el tradicional chivito al asador o en empanadas.
Chos Malal es, además, puerta de entrada a otros atractivos del norte neuquino como Los Bolillos, el volcán Domuyo con sus aguas termales, Huinganco y Las Ovejas. En el Camino de la Fe, esta ciudad suma a lo espiritual un recorrido por la historia, la naturaleza y la identidad cultural de una de las regiones más singulares de Neuquén.