1820: el año en que los caudillos enterraron el poder central y reconfiguraron la Argentina
¿Qué pasó en 1820 para que los caudillos terminaran con el poder central? La batalla de Cepeda, el Tratado del Pilar y el ascenso de líderes provinciales que cambiaron la historia argentina para siempre.
El año 1820 marcó un punto de inflexión en la historia argentina: la caída del Directorio y el ascenso de los caudillos provinciales pusieron fin al experimento centralista de Buenos Aires. En apenas unos meses, batallas como Cepeda y tratados como el del Pilar redefinieron el mapa político del país, dando origen a las identidades provinciales que persisten hasta hoy.
Las guerras de emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata tuvieron su génesis en las invasiones británicas a Buenos Aires en 1806 y 1807. Lo que comenzó como una lucha por mayor autonomía dentro del imperio español se transformó en un conflicto total por la independencia, con el actual territorio argentino como escenario, especialmente el noroeste. Los enfrentamientos se extendieron hasta los inicios de la década de 1820, mientras los liderazgos políticos se dividían no solo por el control territorial, sino también por las ideas que emergían desde 1810.
Los congresos que forjaron la nación
Desde el comienzo del proceso independentista, los proyectos políticos se canalizaron en congresos generales. La Asamblea General Constituyente del año XIII en Buenos Aires, con logros simbólicos, y el Congreso General de 1816 en San Miguel del Tucumán, que declaró la independencia, consolidaron un vínculo entre las antiguas gobernaciones coloniales, germen del nuevo estado. En cambio, el Congreso de los Pueblos Libres, convocado por José Gervasio de Artigas en Concepción del Uruguay, quedó en una mera expresión de deseos, sin lograr un gobierno alternativo al poder porteño.
La Liga de los Pueblos Libres: apogeo y ocaso
El escenario del Río de la Plata y sus afluentes, el Paraná y el Uruguay, fue el más conflictivo entre 1810 y 1814 para Buenos Aires, la “hermana mayor” de las Provincias Unidas, según Juan José Passo. El traslado de la capital virreinal a Montevideo, el dominio naval español y las disputas entre caudillos complicaron el panorama incluso tras la caída de Montevideo.
La victoria naval de Guillermo Brown el 17 de mayo de 1814, que puso fin a la flota española en el Plata, fue calificada por José de San Martín como “la más importante hecha por la revolución americana hasta el momento”. Poco después, Montevideo cayó en manos de Carlos de Alvear. Sin embargo, en lugar de fortalecer el poder central, esta victoria impulsó el poder de los caudillos.
Artigas ganó preponderancia en el litoral, especialmente tras el éxodo oriental de 1811, cuando abandonó Montevideo. Francisco Ramírez, entrerriano, se unió a Artigas contra Buenos Aires y luego contra los portugueses. En 1814, Artigas se enfrentó al Directorio en la primera batalla de las guerras civiles argentinas: El Espinillo, el 22 de febrero, cerca de la actual Paraná. Las tropas porteñas, al mando del coronel prusiano Eduardo Holmberg, fueron derrotadas por las fuerzas de Artigas, lo que llevó a la independencia de Entre Ríos respecto de Santa Fe y al reconocimiento de Artigas como “Protector de los Pueblos Libres”. El director supremo Gervasio de Posadas había ordenado capturar y fusilar a Artigas.
La Liga de los Pueblos Libres incluyó a Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y la Banda Oriental. La adhesión de Córdoba provocó la autonomía de La Rioja hasta 1817. El Congreso de 1816 fue resistido por los Pueblos Libres, salvo Córdoba, que se mantuvo en ambos bloques. Los realistas, con Fernando VII restaurado, veían con buenos ojos la división.
En 1818, los entrerrianos lucharon contra los portugueses en la Banda Oriental, mientras Ramírez vencía a la invasión porteña. La constitución unitaria de 1819, sancionada por el Congreso del 16 ya en Buenos Aires, reavivó la guerra civil, en la que solo Pueyrredón, San Martín y Belgrano se mantuvieron al margen.
1820: Cepeda, el fin del Directorio y de Artigas
El año 20 fue el fin del centralismo porteño. El 22 de enero, las tropas orientales fueron derrotadas en Tacuarembó por los portugueses, y Artigas se retiró a Corrientes. El 1° de febrero, López y Ramírez, junto al chileno José Miguel Carrera, vencieron a Rondeau en la batalla de Cepeda, con más de cuatro mil hombres. La caída del Directorio y la desaparición de las instituciones nacionales marcaron un antes y un después.
El 16 de febrero se eligió una Junta de Representantes en Buenos Aires, con Manuel de Sarratea como gobernador. El 23 de febrero se firmó el Tratado del Pilar entre Sarratea, Ramírez y López, que proclamó la unidad nacional y el fin de la guerra civil, y comunicó a Artigas la decisión para que se incorporara a las provincias federadas.
Sin embargo, el 24 de abril, la Banda Oriental, Corrientes y Misiones firmaron el Pacto de Avalos para continuar la guerra contra Buenos Aires. Ramírez, antes aliado, derrotó a Artigas en varias batallas en Corrientes y lo exilió a Paraguay, donde murió en 1850.
Tras la derrota de Dorrego en Gamonal el 2 de septiembre, el 24 de noviembre se firmó el Tratado de Benegas entre Buenos Aires y Santa Fe, estableciendo “la paz y la armonía”. El 29 de septiembre, Ramírez proclamó la República de Entre Ríos y se autodenominó “Supremo”, pero fracasó en someter Paraguay. Sintiéndose traicionado por López, invadió Santa Fe en 1821, pero fue derrotado en Chañar Viejo el 10 de julio. Murió de un balazo al intentar rescatar a su amada Delfina, y su cabeza embalsamada fue exhibida por López durante 17 años.
Finalmente, el 25 de enero de 1822, el Tratado del Cuadrilátero entre Buenos Aires, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos selló la paz y estableció una defensa común contra Brasil o España, neutralizando el poder de Bustos.
Las provincias argentinas
Este caótico proceso cimentó la identidad de las provincias argentinas. El conflicto entre la Liga de los Pueblos Libres y las Provincias Unidas, que terminó con el gobierno central, desarrolló en el Litoral la identidad de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Misiones fue absorbida por Corrientes, y la Banda Oriental, pese a la invasión brasileña, mantuvo su pertenencia a la Argentina hasta 1830. La importancia de estos pactos es tal que el preámbulo de la Constitución de 1853 menciona “los pactos preexistentes”.
La próxima entrega continuará con el violento proceso de formación del estado argentino, un tiempo apasionante que forjó una comunidad original y con potente identidad nacional. Entender estas guerras civiles facilita la comprensión del pasado, el presente y el futuro del país.