19 años sin respuestas: el crimen que Catamarca no pudo (ni quiso) resolver
El crimen de Claudio Soto Aguirre parecía condenado al olvido, pero a 19 años del hecho la causa sigue abierta y sin culpables. La Justicia de Catamarca acumula 15 casos sin resolver en tres décadas. ¿Qué pasó realmente en el Circuito de la Vida?
El 3 de noviembre se cumplieron 19 años del asesinato de Claudio Soto Aguirre, un actor y docente de 31 años cuyo cuerpo apareció con nueve heridas de arma blanca en el Circuito de la Vida. La causa sigue estancada y nadie pagó por su muerte.
El paso del tiempo no trajo respuestas. Tampoco permitió saber quién o quiénes lo mataron ni bajo qué circunstancias. La investigación quedó paralizada y el caso continúa impune, casi dos décadas después.
Soto Aguirre era profesor de Teatro y una figura activa de la comunidad artística catamarqueña. Su labor docente y su presencia en la escena cultural dejaron una marca que todavía persiste entre colegas y alumnos.
Su asesinato se inscribe en una historia más amplia de violencia contra la comunidad LGBT+ en Catamarca, donde las víctimas se acumulan y las respuestas judiciales escasean.
Una lista trágica: 15 casos sin resolver en tres décadas
En los últimos 30 años, la provincia registra al menos 15 crímenes sin esclarecer, en su mayoría ataques de odio motivados por la intolerancia contra sectores vulnerables.
Entre los nombres que integran ese listado aparecen Ángel Ferreti (1992), María Rivero (1997), Víctor Cayetano Escalante (1998), Daniel Ramírez Hidalgo y Casandra Aybar (2002), y Carlos Eduardo Castillo, conocido como "Castillito" (2006).
De todos esos ataques marcados por una saña extrema, el único que la Justicia logró esclarecer fue el crimen de Cristian Fabián Díaz, ocurrido en La Ripiera en mayo de 2000. El dato permite dimensionar una deuda histórica que no comenzó con Soto Aguirre ni terminó con él.
Familias que esperan y una sensación que se naturaliza
Detrás de la falta de respuestas hay familias que siguen aguardando, investigaciones que se frenaron y la peligrosa costumbre de aceptar que ciertos crímenes queden sin explicación.
Los ataques recientes contra personas LGBT+, como los registrados en los bosques de Palermo, demuestran que la violencia y la intolerancia no son cosa del pasado. No se trata de equiparar hechos de distinta naturaleza ni de atribuir automáticamente un móvil de odio al asesinato de Soto Aguirre, que nunca fue esclarecido. Solo se señala que la discriminación sigue operando con crudeza y que erradicarla no se reduce a declaraciones en los medios.
La prevención, la educación y la concientización son responsabilidades del Estado, pero también lo es garantizar investigaciones eficaces y una respuesta judicial que no abandone a las víctimas.
Diecinueve años después, el caso de Claudio Soto Aguirre sigue sin respuestas. Su memoria permanece viva entre quienes lo conocieron y en la comunidad artística que todavía lo recuerda. La Justicia, en cambio, continúa en deuda. Y cada año que pasa sin esclarecer su asesinato vuelve más difícil aceptar que el silencio se haya convertido en la única respuesta.