2000 chicos en Bariloche vieron algo en un microscopio que no olvidarán

¿Qué descubrieron los 2.000 chicos que pasaron por los microscopios del Inibioma Abierto en Bariloche? La respuesta está en los detalles que los propios investigadores les mostraron.

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2000 chicos en Bariloche vieron algo en un microscopio que no olvidarán
2000 chicos en Bariloche vieron algo en un microscopio que no olvidarán

La octava edición del Inibioma Abierto arrancó este miércoles en Bariloche y por la sede del organismo que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue pasarán unos 2.000 estudiantes de escuelas primarias y secundarias. Durante tres días, stands, experimentos, charlas y talleres son coordinados por los propios investigadores, con un lema que invita a dejar huella: «Ciencia en Acción: el futuro tiene tu huella».

De una abeja peluda a un liquen en la roca

“Miren los ojos de esta abeja: son peludos. ¿Y las antenas? Están llenas de granos, de polen”, les dice una investigadora a un grupo de chicos que no salen de su asombro. La foto, tomada desde un microscopio, es solo el comienzo: después les muestra una lámina que nadie logra descifrar. “El Centro Atómico estudia el cerebro y cómo se forman las neuronas nuevas. Se usa un microscopio especial”, aclara. Más tarde aparece la imagen de “unos bichitos que viven en los lagos y los peces se los comen”, y un “puaj” se escapa entre risas.

En otro sector, la explicación apunta a los árboles. “Se extrae del centro del tronco con este elemento porque así podemos conocer la edad del árbol, saber cuánto creció entre ciertos años y si sufrió algún incendio. Es decir que nos permite reconstruir tiempos históricos”, detalla una investigadora. La muestra del tronco también tiene marcas: “Los ciervos, con sus astas, pueden provocar un daño. Estas son cicatrices y dan cuenta de la actividad animal”.

A pocos metros, otros chicos cierran un ojo para mirar con el otro el ala de una mariposa. “Muy bueno”, aprueba una nena. Dos científicas explican diferencias entre especies nativas y exóticas. En un microscopio, un adolescente observa una piedra: “¿Qué me dijiste que era esto?”, pregunta. “Liquen que crece en la roca”, le responden. Otro grupo se topa con frascos y lupas: “¿Así es el tamaño de las medusas?”, consultan. “No, son mucho más chiquitas”, les advierten.

Laboratorio abierto y vocaciones que despiertan

En el primer piso, un grupo de los más chicos espera con impaciencia. “¿Saben leer? ¿Qué dice acá?”, los interroga una científica. “Bio – diver – si – dad”, leen con dificultad. “¿Y qué significa? Bio viene de vida, diversidad que son distintos. Nosotros somos distintos, la naturaleza también. Entonces, las frutas y las verduras tienen diferentes colores y podemos hacer experimentos”, plantea. Adentro del laboratorio los esperan hojas blancas, pinceles y frascos con etiquetas: “Sauco”, “Remolacha”, “Cebolla”, “Café”, “Yerba mate”. “¿No se puede tocar, no?”, duda un alumno. La respuesta, de una mujer con remera del Conicet, es inmediata: “Al contrario”. Los invitan a pintar y les recuerdan que en el bosque “pueden hacer sus propios extractos”.

Cristian Pozzi, profesor de educación física de la Escuela 187, acompaña a estudiantes de sexto y séptimo grado. “Justo estamos trabajando estas temáticas. Además, algunos pueden descubrir una orientación para cuando terminen el secundario. A algunos les cuesta enganchar, pero por lo general se interesan”, valora. En el ingreso, Paola Salomé, docente de Ciencias Naturales de la Escuela 312 de Dina Huapi, apunta a que los alumnos entiendan “cómo los avances científicos influyen en nuestras vidas”.

Cintia Souto, directora del Inibioma (Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente), cuenta que la muestra busca mostrar la actividad científica y, a la vez, escuchar las inquietudes de docentes y alumnos. “El trabajo es enorme, de hecho, el Inibioma Abierto empieza a organizarse en marzo cuando nos contactamos con las escuelas para conocer cuáles son los intereses”, señala. El instituto tiene 200 investigadores, becarios y personal de apoyo, de los cuales unos 50 están involucrados en esta octava edición. “El objetivo es contarle a la comunidad que hacemos ciencia básica y aplicada, pero ambas se interrelacionan sobre todo en un ambiente natural como el que nos rodea”, recalca Souto. “Nuestras investigaciones tienen mucho que ver con la biodiversidad y el medio ambiente de la región”.

Entre los objetivos hay uno más ambicioso: despertar vocaciones. “Hay algunos interesados por los hongos, por los peces, los dinosaurios. O bien les interesa la genética o los árboles. Ellos vienen curiosos y nosotros, felices”, cierra la doctora en Biología especialista en Ecología Molecular.

La programación incluye charlas abiertas a la comunidad sobre bosques amenazados por sequía y cambio climático, plantas invasoras comestibles, jardines amigables con la naturaleza, prevención de hantavirus, ciervos exóticos y nativos, pesticidas peligrosos y armado de proyectos de indagación en ciencias naturales para docentes.

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