21 años en el mismo puesto: la historia de la canillita mendocina que repartía 500 diarios y hoy no vende ninguno
Sociedad · Mendoza

21 años en el mismo puesto: la historia de la canillita mendocina que repartía 500 diarios y hoy no vende ninguno

¿Cuántos diarios repartía por domingo el puesto de Soledad antes de que la digitalización lo cambiara todo? La respuesta de la canillita mendocina retrata un oficio que ya no es el mismo.

La digitalización no arrasó con los puestos de diarios y revistas de Mendoza, pero sí los transformó por completo. Hoy ofrecen colecciones de libros, figuritas, juegos para chicos y hasta sopas de letras, mientras los ejemplares impresos son cada vez menos.

Cada 7 de noviembre se celebra en Argentina el Día del Canillita, una fecha que reconoce un oficio que atraviesa una de sus mayores mutaciones. En la provincia, dos vendedores con décadas de trayectoria cuentan cómo cambió su día a día.

Una vida detrás del mostrador

Soledad tiene su puesto desde hace 21 años. El negocio lo compró su papá cuando ella tenía ocho, y desde entonces el kiosco es parte de su rutina. "Hace 21 años que estoy acá. Desde que tengo uso de razón, estoy acá", contó a Sitio Andino.

Para ella, el trabajo "es algo de familia". De chica recuerda acompañar a sus padres en el oficio y, al salir de la escuela, ir directamente al puesto. Aunque reconoce que es un trabajo sacrificado, asegura que "es lindo" y que le "cuesta muchísimo soltar".

Los fines de semana, Soledad trabaja en un salón de eventos porque los ingresos del kiosco no alcanzan para cubrir los gastos cotidianos. Sostener la actividad en el contexto económico actual exige buscar otras alternativas.

De 500 diarios por domingo a cero

Alfredo lleva 30 años como canillita y tiene su puesto sobre calle Godoy Cruz, casi esquina San Martín. Fue testigo de las transformaciones más profundas del oficio. "Antes contábamos con una plata ganada de entrada por los diarios que vendíamos fijos. Ahora empezás de cero", explicó.

Las colecciones y los libros se volvieron un salvavidas para sostener las ventas. "Nos ayudan los libros y todo lo que sea colecciones que vienen de Buenos Aires", agregó.

Soledad graficó la magnitud del cambio con una frase contundente: "De tener un reparto de 500 diarios por domingo, hoy no vendés diarios". La circulación de ejemplares impresos se redujo tanto que cada vez son menos las opciones disponibles, y los diarios nacionales no siempre llegan a todos los puestos.

La canillita también recordó cómo eran aquellos domingos de reparto junto a su familia: "Nosotros teníamos reparto en barrio San Martín, La Favorita, El Challao. Me acuerdo de que mi papá venía con la moto cargada hasta arriba y, a la noche, cuando llegaba el diario, ellos dormían y mi hermana y yo intercalábamos los diarios de madrugada".

Qué busca hoy la gente en los puestos

Los cambios en el oficio están atados a las nuevas formas de leer y consumir cultura. Hoy se lee mucho, quizás más que antes si se considera el contacto permanente con las redes sociales, pero buena parte de esos contenidos se consume de manera fragmentada, dispersa y breve.

Aun así, personas de distintas edades siguen acercándose a los puestos. En el de Soledad hay colecciones de Gabriel García Márquez, entre otras propuestas. En el de Alfredo se consiguen títulos de la colección Maestros del Fantástico, con clásicos como Frankenstein o Drácula.

Los libros y las colecciones a precios accesibles amplían las opciones de venta. También hay productos con un público fiel: Soledad mencionó las sopas de letras y los crucigramas, que buscan especialmente los adultos mayores.

Así, entre colecciones, revistas y algún diario que resiste, los puestos siguen en las calles como espacios de difusión cultural y de encuentro con la comunidad.

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