32 años frente al aula: la maestra que se jubiló con una frase que incomoda a más de uno
Silvia Urmente se jubiló después de 32 años enseñando en La Pampa y dejó una frase que muchos prefieren ignorar: sin alegría, el aula no funciona. Su consejo para los que recién empiezan, en la nota.
Después de más de tres décadas en la educación pampeana, Silvia Urmente dejó las aulas y eligió un mensaje que muchos docentes prefieren evitar: sin alegría, la enseñanza no funciona.
La docente de grado y directora jubilada, oriunda de Victorica, repasó su trayectoria y habló de los cambios que atravesó la educación, los desafíos actuales de la docencia y el rol de las familias. Lo hizo con una convicción que mantuvo intacta desde el primer día: los chicos tienen que ir a la escuela con ganas.
“La docencia es un desafío”
Silvia sostuvo que la profesión docente siempre fue un reto y que sigue siéndolo. “Yo creo que la docencia es un desafío, siempre ha sido un desafío y lo sigue siendo. Es un desafío porque tenemos que mejorar nuestras prácticas, porque tenemos que innovar, porque tenemos que lograr que el chico sienta deseos de aprender y disfrute aprendiendo”, afirmó.
En esa línea, remarcó la necesidad de construir equipos sólidos y de sumar a las familias al proceso educativo: “Necesitamos armar un equipo de trabajo fuerte, que defienda las ideas de enseñar y construir un futuro mejor. Las familias también se tienen que sumar”.
Un recorrido que empezó en Victorica y terminó en Telén
Su carrera comenzó en Victorica, donde trabajó once años. Después pasó por otras instituciones hasta llegar a la Escuela 9 de Telén, el lugar que eligió para quedarse. Allí se titularizó como directora y permaneció más de dos décadas.
“Son 32 años en total. Vi transcurrir muchos cambios, muchos cambios, pero siempre lo mío fue enseñar, disfrutar de mi trabajo, tratar de generar en los chicos entusiasmo por aprender y siempre prioricé eso. Mi trabajo era tratar de enseñar y lograr lo mejor de mis chicos. Trataba de hacer lo mejor para ellos, para que tuvieran ganas de aprender, para que fueran con alegría al aula”, contó.
Sobre su rol como directora, explicó: “Cuando estuve en la dirección también traté de armar un equipo lindo de trabajo, que pusiéramos objetivos comunes”. Y volvió sobre su prioridad de siempre: “Siempre priorizando que el chico quiera aprender, que se esfuerce, que sienta el placer de aprender”.
El consejo para los que recién arrancan
A los docentes que empiezan les dejó una recomendación concreta: no permitir que el aula se vuelva aburrida. “Cuando he tenido practicantes y me han pedido un consejo, les he dicho justamente eso: que no tienen que dejar que el aula los aburra. Tienen que buscar una manera de que el aula sea motivadora, que vayan con alegría. Cuando uno va con alegría se la contagia a los chicos”, señaló.
Consultada por el ánimo de los trabajadores de la educación en el contexto actual, Silvia contó que participó del acto en la escuela donde se jubiló y que se fue con buena energía. “Creo que hay de todo, hay buen ánimo en algunas partes y en otras no tanto. Pero bueno, yo tengo buen ánimo”, dijo.
Y cerró con una definición que resume su mirada: “Yo creo que un docente con alegría logra mucho más que un docente apático”.
La historia de Silvia Urmente invita a preguntarse cuánto de esa alegría queda hoy en las aulas pampeanas y qué hace falta para recuperarla.