38 años detrás del espejo: el estilista comodorense que viaja a Madrid y Milán para traer las tendencias

El salón de Avenida Polonia 566 cumple 38 años y ya atiende a tres generaciones de clientas. Pero hay un detalle de la realidad comodorense que su creador no puede esquivar: lo que cambió en la agenda del salón.

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38 años detrás del espejo: el estilista comodorense que viaja a Madrid y Milán para traer las tendencias
38 años detrás del espejo: el estilista comodorense que viaja a Madrid y Milán para traer las tendencias

El salón de Avenida Polonia 566 sopla 38 velitas y ya atiende a tres generaciones de clientas. Detrás de ese número hay un nombre propio: Eduardo Corna, el estilista que se capacita en los centros técnicos de las grandes marcas en Madrid, Milán y Barcelona y después adapta cada colección al mercado argentino.

Pero no todo es tendencia. La realidad económica de Comodoro Rivadavia también entra al salón: las clientas espacian cada vez más las visitas y eso se nota en la agenda.

“Yo hablo de 38 años de emociones compartidas. Tenemos la suerte de compartir los grandes momentos con la gente; estamos ligados a las alegrías. La primera comunión, los 15 años, los egresos, las novias nerviosas y, por supuesto, felices”, dice Corna.

Cambios de look que cambiaron vidas

Para el estilista, el oficio excede lo estético. “Son cambios de look que realmente han cambiado vidas. El otro día les comentaba de algunas chicas que pasaron de momentos angustiosos de un divorcio a una transformación que catapultó su nuevo look. Comienzan con el cabello y después siguen con el físico”, cuenta.

Corna no se define como peluquero sino como estilista, y en esa diferencia apoya buena parte de su trabajo. Cita una frase de San Francisco de Asís que le dejaron unos amigos del ambiente: “si vos trabajás con las manos, sos un trabajador; si combinás las manos y el cerebro, te transformás en un artesano; y en esta última parte, en la que combinás las manos, el cerebro y el corazón, realmente te podés transformar en un artista”.

De París a Madrid: las capitales de la moda

Su recorrido pasó por los centros de referencia del oficio. Históricamente fue Francia, con París a la cabeza; después se posicionaron Nueva York y Milán; hoy, sostiene, Barcelona tiene un peso especial por la comunión de artistas que concentra. Su última parada de formación fue el Centro Técnico de L’Oréal en Madrid, aunque también pasó por Málaga.

“Estuvimos en el Centro Técnico de L’Oréal, en Madrid. Vimos algunas tendencias, algo que ya le estamos aplicando a las clientas: es la nueva colección Caramel. Si bien en Europa es más intensa, hace poco estuve en contacto con gente de Buenos Aires que le bajó la intensidad. Entonces buscamos caramel vainilla, caramel macchiato”, explica.

Las colecciones, según Corna, toman un referente ajeno al mundo de la peluquería. En este caso fue la cafetería; en otras ocasiones, un insecto, con colecciones inspiradas en el tornasolado del caparazón.

Estilo, técnica y moda

“Son como tres pilares: estilo, técnica y moda. Nosotros ya tenemos nuestra modalidad de trabajo; las chicas tienen un lineamiento operativo con nuestros manuales. Así que trato de multiplicar y, cuando llego a Argentina, lo comparto también con otros colegas”, señala. Y agrega: “En L’Oréal pudimos ver lanzamientos de cosmética y, por otro lado, al llegar a Buenos Aires me enteré de cómo van a ir cambiando los matices: buscamos matices más suaves, vainillas luminosos, rubios miel, miel beige. Muy distinto a lo que vi en Europa, porque allá es mucho más intenso”.

En Málaga vio las tendencias que vuelven de los años 90: volumen, despegue y colores intensos. Pero advierte que lo que funciona en el hemisferio norte no se copia sin más: lo que se impone tiene que ver con la etnia y con el tipo de cabello de cada lugar.

“En Málaga vi tendencias de los años 90: se busca más el volumen, el despegue, los colores intensos. Por ejemplo, una chica con matices cobrizos, con mechas en cobre suave. Y después siguen los cortes cortos: allá se consume mucho el cabello corto, también relacionado con la etnia de cada lugar. Cabello fino, poca densidad, no es una cabellera que te inspira a llevarla realmente larga. Entonces, como estilistas, ¿qué decimos? Tu cabellera no persigue un patrón de lucir. El secreto de una cabellera está en la densidad, la salud, y eso es lo que genera la belleza”, resume.

A esa lectura del cabello le suma el visagismo, la técnica que trabaja la imagen a partir de las facciones y los rasgos de cada persona. “Está relacionado con el estilismo, donde combinamos también colores de piel y colores de ojos. Eso, a través del visagismo, lo logramos muy bien”.

Cuando la economía entra al salón

La charla también tuvo un costado incómodo: la situación económica de la ciudad. Corna no la esquiva. “Uno no puede tapar el sol con la mano y tiene que reconocer la realidad de la ciudad. De todas maneras, agudizamos el ingenio para que cada uno de nuestros clientes pueda seguir visitando. Notamos que las consumidoras distancian las visitas al salón: hay clientes que nos visitan cada 20 días, o por ahí cada 40, y mucho más”, admite.

Entre esas historias hay una que lo movilizó: una clienta que estuvo un año y siete meses sin volver. “Profesional, ingeniera, ‘me quedé sin trabajo’. Le digo: ‘¿cuánto tiempo que no te vemos?’. Me dice: ‘exactamente un año y siete meses’. No había registrado tanto tiempo; yo lo notaba por la diferencia de la raíz en un trabajo de mechas y más o menos calculás, pero no había tomado la dimensión de tanto tiempo. Y justamente contento por ella, porque me dijo: ‘tengo la suerte de empezar otra vez, por eso me vine a retocar el color’. Por un lado uno reconoce la realidad, pero por otro también hay gente que se va reubicando”.

Tres generaciones frente al espejo

“En 38 años tuve la suerte de ver crecer a mis clientas. Ahora nos visitan sus hijas y hasta sus nietas. Tenemos tres generaciones”, resume Corna. Y cierra: “Agradecer, por supuesto, a cada cliente que nos eligió, que nos sigue recomendando. Y gracias por seguir eligiéndonos: intacto el valor humano, sin tratar de invadir al cliente, estando cercano pero siempre profesional”.

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