41 años, un saco impecable y una traba de corbata que fue de Discépolo: el adiós del hombre que nunca faltó al Teatro Español
El Teatro Español de Santa Rosa despidió a Raúl Martínez, el trabajador que durante 41 años se puso saco y corbata para recibir al público. En el pecho llevaba una traba de corbata que perteneció a Discépolo, y la historia de cómo llegó a sus manos es tan particular como su despedida.
El Teatro Español de Santa Rosa vivió una noche distinta. No fue por el tango, ni por la danza, ni por las canciones: fue porque Raúl Martínez, el trabajador que estuvo 41 años detrás del telón, se despidió del público antes de jubilarse. Cumplió 65 años y, con ellos, cerró una etapa que lo tuvo en todos los rincones del coliseo santarroseño.
La despedida fue un reconocimiento con artistas sobre el escenario y buena parte de la platea de pie. Amigos, compañeros y vecinos se acercaron para agradecerle cuatro décadas de entrega. Por sus ojos pasaron incontables espectáculos: se calcula que más de un millón de espectadores se sentaron en esas butacas durante su paso por el teatro.
Una noche con tango, danza y música
El homenaje tuvo su propio show. En el segmento de tango se lucieron Alba Marín y Pablo Ruggieri, representantes de El Salitral, mientras que el "Polaco" Juan Alberto Musalskyi interpretó un par de canciones ciudadanas.
La academia El Chúcaro desplegó un numeroso grupo de bailarines comandados por Luis Gauna, y la cantante Laura Gómez Weiss puso su voz al servicio de la velada. También participaron con sus coreografías la escuela de danza Jazz Hop y la escuela de Noemí Chejolan. El cierre quedó a cargo del músico Martín Fornero, encargado de poner el broche de oro a una noche inolvidable.
El saco, la corbata y el talismán que fue de Discépolo
Si hay una imagen que los habitués del Español van a conservar, es la de Raúl con saco y corbata. Fue el único miembro del personal que se vistió así en cada función, sin excepción. No era una imposición: él mismo eligió ese uniforme de gala para prestigiar su tarea y honrar al público.
En esa indumentaria impecable brillaba un objeto con historia propia. Raúl luce en el pecho una traba de corbata que perteneció a Enrique Santos Discépolo. El histórico prendedor se lo obsequió en persona Tania, la esposa del autor de Cambalache y recordada cantante y actriz. Ese detalle parecía unir su trabajo cotidiano con la era dorada del espectáculo rioplatense.
De la farmacia al teatro: una vida entera en Santa Rosa
Hijo de Eugenio "Chiche" y Elsa Martínez, Raúl dio sus primeros pasos laborales siendo casi un adolescente en la Farmacia Palasciano, el mismo comercio donde antes había trabajado su padre. Es hermano de Sergio René, conocido en la ciudad como "Pelusa".
Formó su hogar junto a Sandra Edith Renzini hace casi cuatro décadas. Tuvieron una única hija, Lina Evelyn, destacada deportista local que se hizo conocida por nadar en las heladas aguas del Atlántico Sur, en las islas Malvinas. Fue justamente Lina la que impulsó desde las sombras este homenaje de despedida para su padre.
El primer día: una soprano, una fecha exacta y Río Mayo
Raúl recuerda con precisión el día en que pisó formalmente el Teatro Español. "Me acuerdo que la noche anterior había actuado la soprano Gianamaría Hidalgo. Era el domingo 28 de abril de 1985", dice.
Pero antes hubo otro capítulo. En 1980 se mudó a Río Mayo, un pueblo a 250 kilómetros de Comodoro Rivadavia y a unos 100 de la frontera con Chile. En el sur necesitaban mano de obra y fue a probar suerte. Se quedó dos años y vivió de cerca el clima bélico de la Patagonia: extendió su estadía hasta cuatro meses después del final de la guerra de Malvinas, en 1982.
Melómano: de Serú Girán a Joe Cocker
De vuelta en Santa Rosa canalizó su pasión por la música. Organizaba viajes a Buenos Aires para ver recitales en el Luna Park o el Estadio Obras. Así presenció en vivo a Manal, Almendra, Egberto Gismonti, John McLaughlin y Joe Cocker. En su ciudad no se perdía ningún show: Vox Dei, Pappo, Raúl Porchetto o Serú Girán.
"Con Serú Girán venía Pekas Méndez, una excelente persona que tiempo después entró a trabajar con nosotros en el teatro como iluminador y terminó siendo un gran amigo", recuerda.
"Jamás le encontré puntos negativos a este oficio"
Para Raúl, el teatro es hermoso en cualquier puesto. "La verdad es que jamás le encontré puntos negativos a este oficio, ni nada que me diera un motivo atendible para querer faltar", asegura.
Los años le dieron una formación cultural enorme. "Soy un fanático de toda la música, pero muy especialmente de la música clásica. Todo el tiempo estoy escuchando música clásica allá atrás, en mi lugar de trabajo", cuenta, señalando el fondo de la sala, detrás del escenario.
Ese rincón técnico fue su último refugio laboral: allí se lo veía con herramientas, reparando las maderas de las sillas o ajustando el tapizado de las butacas. "Es lo que hoy me toca hacer y lo hago con gusto. Lo cierto es que conocí a absolutamente todos los artistas nacionales e internacionales que han pasado por Santa Rosa en estos 41 años".
Todos los roles, todos los compañeros
En más de cuatro décadas pasó por limpieza, mantenimiento, boletería, armado de escenografías y acomodación de espectadores. Durante más de diez años asumió la máxima responsabilidad como encargado general.
"He tenido y tengo excelentes compañeros de trabajo, todas muy buenas personas", subraya. Entre los nombres que cita con cariño aparecen José Jerónimo, Carlos Seibald, Matías Figueroa, Viviana Pisa, Meneca Alí y Daniel Ayerza. También elogia a los artistas pampeanos: "Tenemos una relación bárbara. A veces nos piden una opinión técnica sobre la disposición de la escenografía o los tiempos escénicos, y colaboramos en lo que podemos".
Serrat, La Renga, Bocca y Bandana
Además de su tarea formal, Raúl hacía asistencias técnicas en grandes eventos de Santa Rosa, General Pico y el interior pampeano. Así participó de presentaciones provinciales de Joan Manuel Serrat, recitales masivos de La Renga, galas de danza de Julio Bocca y el fenómeno pop de Bandana.
"Eran espectáculos multitudinarios y en esos momentos yo me sentía casi como un integrante más del grupo de artistas en gira", evoca con satisfacción.
"La primera fila de la cultura provincial"
"Después de tanto tiempo uno aprende que no hay espectáculos buenos ni malos. Lo que hay son espectáculos que me gustan o no me gustan, así de simple. Lo que sí puedo asegurar con orgullo es que he tenido el privilegio absoluto de haber estado ubicado, durante 41 años, en la primera fila de la cultura provincial", reflexiona.
Se apagan las luces para Raúl Martínez en el Teatro Español, pero solo las de su rutina laboral. Su figura distinguida, su saco impecable y su estampa de caballero de las artes quedarán flotando entre los palcos y el telón de pana roja.