A 10 km de Las Lajas hay un mundo sin luz donde la vida tomó un camino insólito
¿Qué pasa con los animales que viven en las cavernas de Cuchillo Curá, donde la oscuridad es total y nadie puede entrar sin permiso?
A solo 10 kilómetros al sur de Las Lajas, en el departamento Picunches, existe un sistema de cavernas que pocos neuquinos conocen y que casi nadie puede visitar. Se trata del Área Natural Protegida Cuchillo Curá, creada en 2003 para resguardar un conjunto de cavidades donde la evolución jugó con reglas propias.
El sistema está formado por cuatro cavidades: las cavernas del Arenal, del Templo y del Gendarme, más la cueva de Los Cabritos. Entre todas reúnen galerías ramificadas, salas de distintos tamaños y cuerpos de agua que, según el relevamiento de 2022, suman alrededor de 5 kilómetros de extensión. Por tamaño y riqueza biológica, es uno de los sistemas cavernarios más relevantes del país.
Los habitantes que nunca vieron la luz
Lo que vuelve único a Cuchillo Curá es su fauna. Los organismos que viven allí desarrollaron adaptaciones extremas a la oscuridad permanente: pérdida de pigmentación, ausencia de ojos (anoftalmia), cutículas muy delgadas y, en algunos casos, pérdida de alas (apterismo).
Esa especialización tiene un costo: son individuos sumamente vulnerables a cualquier alteración del ambiente. En su mayoría se trata de artrópodos de pocos centímetros, terrestres y acuáticos. Entre ellos aparecen el opilión Picunchenops spelaeus, pariente de las arañas; la araña Pseudotyphistes pallidus; y el fulgoroideo Notolathrus sensitivus, entre otras especies.
Cuando la superficie alimenta al subsuelo
La vida bajo tierra no está aislada del exterior. Aunque la falta de luz impide que crezca vegetación fotosintética dentro de las cavidades, las raíces de arbustos como el coliguay o el duraznillo logran penetrar y llevar alimento a los organismos subterráneos. Esa conexión demuestra cuán ligados están ambos ambientes.
Arriba se extiende una estepa graminosa-arbustiva típica de zonas áridas, con bajo nivel de cobertura vegetal. Allí crecen el charcao (Senecio spp), el coirón (Pappostipa spp), Festuca spp, el duraznillo (Colliguaja integérrima), Junelia spp y el molle (Shinus spp).
La laguna Cuchillo Curá integra el sistema hidrológico del área y es un punto clave para las aves. Su comportamiento depende de la disponibilidad de agua y del clima regional, factores que también condicionan el funcionamiento de las cavernas.
Plumas y huellas alrededor de la reserva
El área sirve de hábitat a numerosas especies de aves: el choique (Rhea pennata), el loro barranquero (Cyanoliseus patagonus), el chimango (Milvago chimango) y el gaucho grande (Agriornis lividus). Cuando la laguna tiene agua aparecen el cisne de cuello negro (Cygnus melancoryphus), el pato maicero (Anas georgica) y la coscoroba (Coscoroba coscoroba), entre otras.
Entre los mamíferos se pueden encontrar el zorro gris chico (Lycalopex griseus), el gato del pajonal (Leopardus colocolo), el gato montés (Leopardus geoffroyi) y el puma (Puma concolor).
Fósiles, rocas y rastros humanos
Otro de los valores que justifican la protección del área es su patrimonio geológico y paleontológico: formaciones rocosas, geoformas propias del paisaje kárstico y restos fósiles que aparecen tanto en superficie como dentro de las cavidades. A eso se suman sitios y materiales arqueológicos que testimonian la ocupación humana del territorio.
En los alrededores del área protegida viven dos familias dedicadas a la ganadería, que usan algunos sectores para el pastoreo de sus animales.
Un lugar al que no se puede entrar
La fragilidad de sus ambientes y la singularidad de sus valores naturales y culturales exigen medidas de protección específicas. Hoy no se realizan actividades de uso público en el área: no existe un acceso público y el ingreso a las cavernas está prohibido, salvo para investigadores que cuenten con la autorización previa correspondiente.
El guardaparque del área realiza tareas de monitoreo de especies, acompañamiento a los investigadores, control y educación ambiental.