A 35 años del día en que el cielo de Santa Cruz se volvió gris: la erupción del volcán Hudson que paralizó la Patagonia

¿Cómo vivieron los santacruceños la peor erupción del volcán Hudson? A 35 años, la historia de una región que quedó bajo un manto gris y la lucha por recuperarse.

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A 35 años del día en que el cielo de Santa Cruz se volvió gris: la erupción del volcán Hudson que paralizó la Patagonia
A 35 años del día en que el cielo de Santa Cruz se volvió gris: la erupción del volcán Hudson que paralizó la Patagonia

Hace 35 años, el volcán Hudson, en Chile, despertó con una furia inédita. Entre el 11 y el 15 de agosto de 1991, la erupción más violenta cubrió de cenizas gran parte de Santa Cruz, marcando a fuego la memoria de toda una región.

Todo comenzó el 8 de agosto de 1991, cuando el volcán, ubicado en territorio chileno, inició un proceso eruptivo que nadie imaginaba. Días después, la columna de cenizas cruzó la cordillera y se instaló sobre la provincia, transformando el paisaje y la vida cotidiana de miles de personas.

La lluvia gris que cambió todo

Los Antiguos, a unos 130 kilómetros del volcán, fue una de las localidades más castigadas. Calles, casas, autos y campos quedaron sepultados bajo un manto gris que lo invadió todo. Las chacras, corazón productivo de la zona, sufrieron pérdidas enormes y muchas familias vivieron semanas de angustia y desolación.

En el campo, la situación fue aún más crítica: la ceniza cubrió los pastos y contaminó las fuentes de agua, dejando a los animales sin alimento ni agua limpia. Cientos de miles de ovejas murieron, y en algunos sectores la acumulación de cenizas alcanzó espesores considerables, asfixiando la producción ganadera de toda la región.

El alcance fue mucho más lejos

La nube de cenizas no se quedó en Los Antiguos. Se extendió por una enorme superficie de la Patagonia argentina y chilena, afectando a Perito Moreno, Las Heras, Pico Truncado, Caleta Olivia y Puerto San Julián. Las partículas volcánicas provocaron problemas respiratorios, irritación en ojos y piel, y complicaciones para quienes debían salir a la calle.

La vida cotidiana se paralizó. Las máquinas trabajaban sin descanso para limpiar calles y accesos, mientras el abastecimiento y el transporte se volvieron una odisea. El fenómeno llegó incluso hasta Bahía Blanca y la Ciudad de Buenos Aires, demostrando que la furia del Hudson no conocía fronteras.

Una herida que sigue viva

Para los habitantes de Los Antiguos, agosto de 1991 quedó grabado como un antes y un después. La erupción golpeó a familias, producción y fauna, pero también despertó una respuesta comunitaria admirable. Vecinos, productores e instituciones se organizaron para limpiar, recuperar caminos, proteger a los animales y relanzar las actividades productivas.

Ese esfuerzo colectivo es parte del recuerdo que perdura 35 años después, aunque la verdadera dimensión de la tragedia se mida por sus consecuencias en la vida diaria y la economía regional. El paisaje recuperó sus colores con el tiempo, pero la memoria de aquellos días grises, la incertidumbre y la solidaridad sigue intacta.

Hoy, al cumplirse tres décadas y media de aquel evento natural que marcó la historia reciente de la Patagonia, la región recuerda cómo una nube de cenizas logró, durante semanas, cambiar la vida de miles de santacruceños y dejar una huella imborrable.

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