A caballo y con un termo de té: el alemán que plantó el primer té argentino y terminó con la fábrica más grande del mundo
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A caballo y con un termo de té: el alemán que plantó el primer té argentino y terminó con la fábrica más grande del mundo

Un maletín con semillas, un termo de té y un caballo: así recorría Francisco Kühnlein las casas de Campo Viera para convencer a los vecinos de plantar lo que nadie conocía. Años después, ese hombre al que llamaban "el loco del té" levantó un edificio de cinco pisos que fue la fábrica más grande del mundo.

Francisco Kühnlein llegó desde Essen en 1922 escapando de la posguerra y se instaló en Misiones. Lo que empezó como changas en Bonpland terminó con la planta industrial más grande del planeta dedicada al té, en Campo Viera.

La historia de la industria tealera argentina tiene un nombre propio y un origen que muchos desconocen. Yonathan "Yoni" Kühnlein, bisnieto de aquel inmigrante alemán, lo resume con orgullo: "Francisco fue el pionero, pero atrás, al costado y enfrente hubo mucha gente que trabajó para que nazca la industria del té".

Hoy la familia retomó la producción artesanal y trabaja para que ese legado no se pierda. Pero para entender el presente hay que volver al principio.

De Essen a la tierra colorada

Corría 1922 cuando Francisco Kühnlein desembarcó en Argentina en plena posguerra europea. Se radicó primero en Bonpland, donde arrancó con changas, trabajos estacionales y recorridas por el país según el calendario agrícola. Cultivaba frutas, verduras, legumbres y hasta yerba mate.

Con su primer camión empezó a hacer fletes por toda la provincia de Misiones. En uno de esos viajes a Posadas conoció a Marta Elena Stekel, que trabajaba en el Hotel Savoy. Se casaron y en 1935 le compraron al Territorio Nacional 25 hectáreas en Campo Viera, con la obligación de destinar al menos el 25% de la superficie a yerba mate.

Don Francisco tenía sólidos conocimientos de mecánica y electricidad, que perfeccionaba en sus ratos libres leyendo revistas e investigaciones técnicas de ingeniería. Cuando llegaron sus cuatro hijos —Otto Adolfo, Francisco Ludovico, Marta Luisa y Adolfo Conrado— toda la familia se metió en las labores rurales: desmontaron el monte, cultivaron yerba y hortalizas y criaron animales con herramientas fabricadas por ellos mismos.

El libro alemán que lo cambió todo

El encuentro con "Die Teekultur", del agrónomo Karl Emil Kempski, le despertó una idea que le cambiaría el destino: las condiciones de la tierra misionera eran apropiadas para cultivar Camellia sinensis, la planta del té. La idea la perfeccionó con las recomendaciones del agrónomo ruso Vladimir O. Simonson, que había participado de la "Expedición del Té" al sudeste asiático en 1895 y fue clave en el nacimiento de la industria tealera del antiguo Imperio Ruso.

En 1939 decidió apostar a escala industrial y creó Kühnlein Hermanos. Con su familia inició las primeras 30 hectáreas de té con fines de industrialización en el país y puso en marcha un vivero. Había que convencer a otros productores de que esa planta desconocida podía ser un negocio.

"Se podría decir que acá, en el patio de casa, nació lo que eran las plantaciones de té con fines de industrialización", recuerda Yoni frente al predio familiar.

La decisión no fue sencilla: en esos años había restricciones para plantar yerba mate y Francisco avanzó con el té sabiendo que podían sancionarlo. "Él las tumbó, sabiendo que lo iban a sancionar, por eso le decían el 'loco del té'", relata su bisnieto.

Pero el proyecto no terminaba en sus tierras. A caballo llegaba hasta las casas de los vecinos con un maletín cargado de semillas, plantines y un termo con té infusionado para enseñar cómo cultivar. Quería que la industria creciera con toda la región, no solo con su empresa. Y los convenció.

El Boletín Oficial y las visitas presidenciales

El crecimiento quedó registrado en documentos oficiales. El 23 de julio de 1943 el Boletín Oficial de la Nación publicó una autorización excepcional para ingresar por el puerto de Posadas una partida de 6.000 kilos de semillas de té procedentes de Paraguay, encuadrada en la Ley 4084 y el Decreto Reglamentario 83.732/36. El 3 de marzo de 1944 se obtuvo otra autorización por una cantidad equivalente.

Las plantaciones y el vivero despertaron el interés de las autoridades nacionales. Francisco recibió la visita del entonces presidente Edelmiro Julián Farrell, la primera de un mandatario nacional al territorio. Según el libro familiar, en 1947 tuvo una visita extraoficial de Juan Domingo Perón, que lo alentó a seguir en un momento en que la producción local necesitaba protección frente al té importado de Ceilán (hoy Sri Lanka) y la India.

La inauguración del ITA en 1956 la realizó el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu. Durante esa visita, el pionero planteó la necesidad de un organismo técnico que asistiera a los productores. Ese mismo año se fundó el INTA mediante el Decreto Ley 21.680.

El gigante de cinco pisos

La primera etapa industrial arrancó con instalaciones artesanales y un secadero construido en 1943. Un incendio destruyó todo en 1947 y Francisco volvió a empezar: proyectó una fábrica de dimensiones extraordinarias.

En 1949 constituyó la sociedad Industria Té Argentino (ITA) y en 1950 comenzó la construcción del gran establecimiento, inaugurado en 1956. Cinco pisos, 11.000 metros cuadrados y capacidad para procesar hasta 125.000 kilos de brote verde por día. Una verdadera proeza industrial para la época, que se ganó el apodo de "elefante blanco" en medio de las plantaciones.

La planta no solo hizo crecer a una empresa familiar: generó trabajo, movimiento económico y oportunidades para Campo Viera y las localidades cercanas. Alrededor de la fábrica había viviendas para empleados permanentes y cosecheros de temporada, oficinas, un club y servicios básicos.

El emprendimiento llegó a exportar: desde 1957 enviaba té argentino a Londres. Y entre los recuerdos más sensibles quedaron dos sonidos que se escuchaban en todo el pueblo: la bocina de un tren que marcaba el cambio de turno de los trabajadores de la ITA, y otra similar a la de un barco que sonaba a la medianoche para anunciar Navidad y Año Nuevo.

En la década del 60 la firma adquirió Walker Hermanos y la reconocida marca "TÉ SOL". ITA empezó la comercialización masiva de té en saquitos y en hebras, y se volvió una de las insignias más populares del país.

Francisco también diversificó sus inversiones: compró la Chacra Acaraguá, en Villa Bonita, con 1.700 hectáreas (700 destinadas a té de alta calidad para exportar a Londres), y el imponente Campo San Juan, con 11.000 hectáreas sobre el río Paraná y el Cerro Santa Ana, para actividad ganadera. Esa etapa próspera se cortó de manera abrupta en 1992. Años más tarde, 5.000 hectáreas de ese predio pasaron a formar la reserva que dio origen al Parque Federal Campo San Juan.

Volver a cosechar a mano

Para Yoni, el legado de su bisabuelo no es solo una historia para contar: es una herencia que se expresa en el trabajo de todos los días. "Me trae mucha alegría, me trae recuerdo de mi bisabuelo y mi bisabuela que comenzaron cosechando a mano y hoy nosotros hacemos lo mismo", dice.

Desde 2022 la familia retomó la producción artesanal y trabaja en recuperar la memoria histórica de Francisco. Entre las iniciativas está el proyecto de crear un Museo del Té en la antigua casa familiar, hoy convertida en casa de té y espacio de difusión.

El esfuerzo también cosechó reconocimientos: Francisco fue declarado Ciudadano Ilustre post mortem de Campo Viera en 2023 y su trayectoria recibió una declaración de interés provincial en 2025.

Kühnlein falleció el 9 de mayo de 1972, pero su obra atravesó generaciones. Campo Viera fue declarada Capital Nacional del Té en 1982 y miles de familias encontraron en esa producción una actividad económica que forma parte de la identidad de Misiones.

Hoy, mientras sus descendientes vuelven a cosechar a mano y rescatan documentos, fotos y recuerdos, la historia de aquel inmigrante alemán vuelve a tomar fuerza. Como resume su bisnieto: "Este es legado de don Francisco, no podemos hacer otra cosa, no podemos desconocer la historia".

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