A las 4:30, mientras todos duermen: así es la jornada de los panaderos que alimentan a Río Gallegos
¿Sabías que el pan que comes cada día requiere de un trabajo que arranca a las 4:30 de la mañana? Conocé la historia detrás de la panadería que no duerme en Río Gallegos.
Mientras la ciudad aún duerme, un grupo de trabajadores ya está en marcha. En el Día del Panadero, TiempoSur ingresó a una panificadora de Río Gallegos para revelar los secretos de un oficio que empieza cuando el resto apenas se despierta. ¿Qué se necesita para que el pan llegue fresco a cada mesa?
A las 4:30 de la madrugada, el ritual comienza. La producción se extiende hasta pasado el mediodía, con una rutina que no da respiro y que abarca desde la preparación de la masa hasta la cocción de distintos productos.
Un oficio que se aprende en el camino
Sergio, uno de los panaderos del establecimiento, lleva apenas un año en esta labor. Pero su historia sorprende: "En realidad, yo no tenía conocimiento de nada. He aprendido acá. Gracias, tuve la suerte de aprender y poder progresar", confesó con orgullo.
Su testimonio refleja una realidad común en el rubro: la mayoría de los panaderos se forma directamente en el horno, sin escuelas ni manuales, guiados por la práctica diaria y la necesidad de sostener un oficio que no se detiene.
50 kilos de harina y un horno a 250 grados
Durante la recorrida, Sergio reveló datos que impresionan: una sola mezcla utiliza alrededor de 50 kilos de harina para elaborar el pan que se venderá por la tarde. Pero eso no es todo: los hornos trabajan a temperaturas cercanas a los 250 grados, y cada tanda de pan necesita unos 45 minutos de cocción.
La producción diaria incluye el tradicional pan tipo Felipe, pero también bizcochos, caseritos, miñones, milonguitas y otras variedades que forman parte de la mesa de los vecinos.
25 años de trayectoria y una tradición que no se apaga
Carlos Ramírez es otro de los trabajadores de la panificadora. Con 25 años en la actividad, conoce cada detalle del proceso. "El ritmo es permanente, no para", destacó, al tiempo que remarcó el esfuerzo continuo para abastecer a los puntos de venta.
Carlos es la prueba viva de que este oficio trasciende generaciones: una tarea silenciosa que sostiene la alimentación de miles de familias.
En su día, el reconocimiento es para ellos: los que empiezan cuando todos duermen y mantienen viva una tradición que es pilar de la mesa argentina.