A los 9 lo escucharon tocar y lo metieron en una orquesta: hoy tiene 12 y ya toca en Estados Unidos
Empezó soplando una melódica y sacaba tangos de oído en un teclado. Cuando lo escucharon tocar frente al director de una orquesta escuela, la historia tomó otro rumbo: hoy, con 12 años, el bandoneón de Fabricio ya sonó en Estados Unidos.
Fabricio Ortiz tiene 12 años, estudia bandoneón y ya subió a escenarios de Estados Unidos con el tango argentino como bandera. Su recorrido no arrancó con el fuelle: empezó con una melódica, siguió con un teclado en su casa y recién tomó rumbo firme cuando conoció el sonido del bandoneón y se acercó a una orquesta escuela.
El joven músico pasó por el programa "Rock and Frío", que conduce Javier Seveso en Radio Nuevo Día 100.9 de Río Gallegos, y contó que fue el timbre del instrumento lo que lo atrapó desde el principio. "Me gustaba mucho el sonido porque también es el alma del tango", explicó al aire.
Pese a su edad, Fabricio habla de música y de sus ídolos con una soltura que sorprende. En la entrevista tocó fragmentos de "Bella Ciao" en versión milonga y de "Libertango", de Astor Piazzolla, dos pasajes que dejaron a la vista su manejo del instrumento.
De la melódica al bandoneón
Walter, el papá, reconstruyó el inicio: todo comenzó con una melódica, ese teclado que se sopla por una boquilla. Según relató, desde chiquito el nene buscaba sumarse a los músicos que aparecían en la calle o en los viajes familiares, y así los suyos empezaron a notar que la música le picaba fuerte.
Más tarde llegó un teclado eléctrico, con el que aprendió a sacar melodías de oído. Uno de los primeros tangos que tocó fue "La Cumparsita", y ese primer contacto lo llevó a buscar un lugar donde profundizar lo que ya sabía.
La familia se arrimó entonces a la Orquesta Escuela de Florencio Varela y Fabricio tuvo la chance de mostrar lo suyo. Walter contó que, con unos nueve años, el chico interpretó "Libertango" y "La Cumparsita" frente al director y quedó incorporado a la orquesta de tango.
Desde ahí empezó a estudiar bandoneón con profesores especializados. En la charla, Fabricio nombró a Sebastián Agüero, Joaquín Benítez e Ignacio Gratamonte entre quienes lo acompañaron en la formación, y sumó el respaldo constante de sus padres, sus hermanas y otros familiares.
El tango lo llevó a Estados Unidos
Uno de los hitos de su camino fue el Stone Tango Fest 2026. El joven contó que viajó a Vermont y que pudo participar gracias al apoyo de la Fundación Internacional del Tango Argentino, a la que agradeció durante la entrevista.
También recordó una presentación en el Salón Marabú, un espacio que asoció con la historia del género y con figuras reconocidas del tango. Allí interpretó "Derecho viejo", de Eduardo Arolas, una pieza que volvió a tocar durante su paso por el exterior.
Para Fabricio, esa oportunidad fue una manera de compartir la música argentina con públicos nuevos. Su papá remarcó que el tango despierta emociones y recuerdos en quien lo escucha, sobre todo por las historias que cargan sus letras y por el lazo que mucha gente tiene con canciones que conoció a través de su familia.
Walter también habló del interés de su hijo por entender las letras, el lunfardo y los cambios que el género atravesó con los años. Ese aprendizaje, dijo, no se agota en tocar: implica conocer la historia y el sentido de cada canción.
Piazzolla, Troilo y el sueño de enseñar
Entre sus grandes referentes, Fabricio mencionó a Astor Piazzolla, Aníbal Troilo y Rubén Juárez. También nombró a otros intérpretes del tango y la milonga, y confesó que le gustaría compartir escenario con músicos a los que admira.
Su gusto no se limita al 2x4. En la entrevista dijo que escucha al Indio Solari, a Milo J y a Bel Pinto, además de folclore y otros cantantes que considera referentes. Esa variedad convive con las ganas de seguir perfeccionándose en el bandoneón.
Hoy cursa sexto grado y estudia en una escuela de arte. Cuando le preguntaron por el futuro, fue claro: quiere continuar su formación musical y llegar a ser profesor.
Fabricio aprovechó el espacio radial para compartir su cuenta de Instagram, "fabricio_ortiz", según la identificó al aire, e invitó a quienes quieran conocer más sobre su música a seguir su recorrido.
Con 12 años, el bandoneonista sigue armando su camino entre el estudio, la familia y los escenarios. Su historia muestra cómo la curiosidad por el sonido de un instrumento puede convertirse en vocación y acercar a las nuevas generaciones a una de las expresiones más reconocibles de la cultura argentina.