A los 90 años vive solo en el monte entrerriano: sin luz, sin agua y con una bici rota

Armando tiene casi 90 años, vive solo en una casa de barro en el monte entrerriano y todos los días sale a rebuscársela. No tiene luz ni agua, y una frase suya lo resume todo.

· 5 min de lectura
A los 90 años vive solo en el monte entrerriano: sin luz, sin agua y con una bici rota
A los 90 años vive solo en el monte entrerriano: sin luz, sin agua y con una bici rota

Armando Compani, conocido como “Don Yiri”, está a punto de cumplir 90 años y lleva una vida que parece de otro tiempo: vive solo en una casa de barro en una zona rural de Entre Ríos, sin electricidad ni agua potable, y sigue trabajando para subsistir.

Su historia se conoció a través del youtuber Iván Calei, que lo visitó y registró cómo transcurren sus días en el campo. Allí, el hombre contó que su principal ingreso es la jubilación, pero que el dinero no alcanza. Por eso hace changas y vende algunos animales.

“Yo soy jubilado. Hago changas, vendo algún animalito, me la voy rebuscando”, relató.

Una rutina marcada por el trabajo

A pesar de su edad, Armando mantiene una rutina activa. Todavía usa una bicicleta para recorrer los 700 metros que separan su vivienda del camino principal. No tiene celular y sus días transcurren entre los animales, las herramientas y las tareas rurales que aún puede hacer.

En su pequeño campo tiene cuatro vacas, algunas ovejas y un caballo. Esos animales son parte de su vida diaria, pero también una fuente de ingresos cuando la jubilación no alcanza.

El paso del tiempo se siente en el cuerpo: “Ya no ando igual, ando medio jodido”, admitió.

La carne no está todos los días en su mesa. “Como cuando hay, porque a veces para comprar mucha carne es difícil”, reconoció. Un asado es un gusto que se permite solo de vez en cuando. Su alimentación se completa con guisos, bifes, huevos y, ocasionalmente, papas fritas.

Una casa de barro que repara con sus manos

La vivienda de Armando es antigua, con paredes de barro y piso de tierra. El deterioro es constante y él mismo se encarga de las reparaciones. “Todos los días tengo que embarrar”, explicó. “Para echarle barro donde se cayó un pedacito. Todo eso lo remiendo yo”.

Hacer los arreglos por su cuenta también le evita gastos que no puede afrontar. “Está todo muy caro, ya no puedo comprar”, dijo. Y agregó: “Es lindo tener sus buenas cosas, pero ya no se puede”.

El campo estuvo ligado a su vida desde siempre. Sus padres vivieron en esas tierras y la familia llegó a tener una extensión mayor, que después se dividió. Con los años, Armando quedó en una porción pequeña donde conserva su casa y sus animales.

Sin electricidad: un grupo electrógeno y una fiambrera

Otra particularidad de su vida es que nunca tuvo luz en su vivienda. Según contó, el costo de la conexión fue siempre un obstáculo. “Se encareció mucho la conexión y nunca la instalé”, señaló.

Una casa de su hijo, ubicada cerca, sí tiene electricidad, pero extender el servicio hasta su vivienda requiere una inversión que considera imposible. “Hay que comprar un cable y para que venga la luz. Pero sale caro para mí”, explicó.

Para algunas necesidades usa un grupo electrógeno, con el que puede obtener agua y hacer funcionar ciertos elementos. Como no tiene heladera en funcionamiento permanente, conserva alimentos con métodos tradicionales, como una fiambrera para proteger la carne de insectos y animales.

La falta de agua le cambió la vida

En los últimos tiempos apareció otro problema: la falta de agua. Durante décadas se abasteció de un aljibe, pero la escasez de lluvias terminó por secarlo. “Se secó. Siempre abundaba allá”, lamentó.

La situación también lo obligó a abandonar la huerta donde cultivaba orégano, perejil y otras plantas. “Yo de los años que tengo, nunca vi una cosa así”, dijo, sorprendido.

Para sus animales todavía dispone de un arroyo cercano, donde pueden beber las vacas, las ovejas y el caballo. Sobre la importancia del recurso, Armando fue tajante: “El agua es todo”.

La bici, los animales y la soledad

La bicicleta sigue siendo su principal medio de transporte. Está deteriorada y tiene el asiento roto, pero él no la deja. “Se anda igual. No se anda fuerte, pero se anda”, aseguró.

Vive prácticamente solo, aunque mantiene contacto con familiares y vecinos de la zona. Sus compañeros cotidianos son los animales: gallinas, vacas, ovejas, un caballo y un perro que permanece junto a él y también cumple funciones de vigilancia durante la noche.

Entre cuidar a los animales, reparar la casa, conseguir agua, buscar alimentos y hacer alguna changa, Armando sostiene una rutina atravesada por las necesidades, pero también por décadas de experiencia en el campo.

Su historia refleja una forma de vida alejada de los servicios básicos de la ciudad. Sin luz permanente, con dificultades para acceder al agua y con una jubilación que complementa con changas, sigue viviendo en el mismo entorno rural que conoció desde chico.

El paso del tiempo le quitó fuerzas, pero no le quitó las ganas de seguir trabajando. Mientras pueda, se ocupa de su casa y sus animales, y usa la bicicleta para moverse por la zona.

Al explicar su realidad, “Don Yiri” dejó una frase que resume su presente y su historia: “Se vive como se puede, no como se quiere”.

Más para leer

90 emprendedores ya tienen su lugar en la feria que Paraná prepara para octubre
Sociedad
El paro docente no frenó las aulas: el CGE reportó una asistencia que sorprendió
Sociedad
Paraná: la plaza Héroes de Malvinas sumará una escultura que ya tiene autor
Sociedad
Estudiantes de Paraná armaron un festival para ayudar a sus compañeros: quiénes se sumaron
Sociedad
El Parque Termal de Chajarí sopló 25 velas y un discurso recordó cómo nació todo
Sociedad
Un peluquero de Concepción del Uruguay tocó el cielo en Paraguay: el título que lo cambia todo
Sociedad