Abel Pintos volvió a Rosario y lo que pasó en el Metropolitano no se explica solo con el sold out

Abel Pintos ofreció un recital de más de dos horas con localidades agotadas en el Metropolitano de Rosario. El show incluyó más de treinta canciones y momentos de gran emoción, confirmando el vínculo único del artista con la ciudad.

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Abel Pintos volvió a Rosario y lo que pasó en el Metropolitano no se explica solo con el sold out

Abel Pintos ofreció un recital de más de dos horas con localidades completamente agotadas en el Metropolitano de Rosario. No fue un show más: el artista ya había pasado por la ciudad con dos funciones el año pasado, pero la demanda obligó a un regreso inusual.

“Esto es inédito, jamás en una gira tuve que repetir una ciudad, y por ustedes tuvimos que agregar esta función”, explicó sobre el escenario, en uno de los momentos más celebrados de la noche. La frase “Siempre aquí te espero, Rosario” coreada desde el inicio funcionó como síntesis de lo vivido.

Un setlist de más de treinta canciones

El concierto abrió con “Aquí te espero” y “Ya estuve aquí”. La respuesta del público fue inmediata y el primer gran pico llegó temprano: “Hielo al vino” desató una ovación de pie. A partir de allí, el recital marcó un recorrido emocional sostenido que incluyó “Tu voz”, “Todo de mí”, “Ojos de cielo” y “Para cantar he nacido”.

Canciones como “Sin principio ni final”, “El mar” u “Oncemil” construyeron climas de mayor introspección. El setlist incluyó más de treinta canciones: “Mariposa”, “La llave”, “Aventura”, “Juntos”, “Revolución (Espíritu)”, “Motivos”, “De solo vivir”, “Que me falte todo”, “Pájaro cantor” y “Piedra libre”, entre otras.

La clave que explica todo

Y es en esa sucesión de melodías que está la clave que explica todo: sus raíces en el folklore. Aunque su música fue creciendo y abriéndose a otros sonidos, ese origen permanece. No es algo a lo que vuelve, es desde donde construye. Ahí aparece su diferencial, esa mezcla que le permite llegar a públicos distintos sin perder lo propio.

Más allá de lo musical, la emoción volvió a ser protagonista. “Abel me ayudó a atravesar una enfermedad difícil, y hoy estoy acá con mi bebé haciéndole escuchar lo que me dio fuerzas para seguir”, contó Verónica desde el público. El testimonio refleja el vínculo profundo que su obra genera.

Diversidad generacional y puesta simple

Uno de los aspectos más llamativos fue la diversidad generacional: niños que cantaron y reconocieron las canciones acompañados de seguidores históricos. La puesta, simple y sin excesos, dejó en claro una decisión: poner la voz y la interpretación en el centro. Sin grandes artificios, el show se sostuvo en esa conexión directa con el público.

Hacia el final, el show subió todavía más con una serie de clásicos. En el Metropolitano se vivió algo más, una conexión real, donde cada canción unió historias, generaciones y emociones. En Rosario, Abel Pintos no sólo suma fechas, construye pertenencia.

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