Acordaron quién tendrá la residencia del hijo y cómo se comunicarán de ahora en más
Un padre y una madre de Bariloche cerraron un acuerdo que ordena de nuevo la vida cotidiana de su hijo: dónde vivirá, qué días le tocan a cada uno y cómo se manejará la plata. La letra chica del convenio, y el punto que puede cambiar todo más adelante.
Una mediación prejudicial en Bariloche permitió que un padre y una madre cerraran un acuerdo sobre la organización familiar y la crianza de su hijo, luego de un proceso en el que ambos contaron con asistencia letrada.
El caso pasó por el Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC), con una mediadora oficial a cargo. Durante los encuentros, los progenitores trabajaron sobre las responsabilidades de cuidado, la prestación alimentaria y la forma de resolver las cuestiones cotidianas del niño.
Dónde vivirá el hijo y cómo se reparten los días
Uno de los puntos centrales del convenio establece que el hijo tendrá su residencia principal en el domicilio del padre, bajo la modalidad de cuidado personal compartido indistinto.
La madre, en tanto, compartirá con él todos los fines de semana: desde el sábado por la tarde hasta el lunes al mediodía. El documento también fijó los horarios y los lugares donde se concretarán los encuentros y los traslados.
Cuota alimentaria y AUH
En el plano económico, la madre se comprometió a aportar una cuota alimentaria mensual, que deberá depositar en una cuenta judicial dentro de los primeros diez días de cada mes.
Además, acordaron que el padre percibirá la Asignación Universal por Hijo (AUH) y que ambos se ocuparán de realizar los trámites que correspondan.
Reglas para mantener el diálogo
Otro de los ejes del acuerdo fue la comunicación entre los progenitores. Quedaron en mantener el contacto de manera presencial o por mensajes de WhatsApp, siempre limitado a los temas relevantes para el niño.
También se comprometieron a sostener intercambios respetuosos, sin alusiones personales entre ellos. La idea es que las conversaciones se concentren en las necesidades del hijo y sirvan para resolver aquellas cuestiones que requieren la participación de ambos adultos.
La intervención de la mediadora permitió incorporar estas pautas dentro del convenio, junto con las disposiciones sobre cuidado y manutención. De ese modo, el acuerdo no se limitó a repartir responsabilidades: también dejó criterios para encarar las decisiones familiares que vengan.
Un convenio que se puede revisar
El texto contempla la posibilidad de modificar las pautas si cambian las circunstancias, siempre que exista conformidad de ambos progenitores y se respete el interés superior del niño.
Si aparecen nuevas necesidades o desacuerdos que no logren resolver por sus propios medios, las partes podrán pedir una nueva mediación.
Según se explicó, la mediación prejudicial ofrece un espacio para que quienes participan expongan sus intereses, identifiquen los puntos de conflicto y busquen soluciones consensuadas, sin que una de las partes deba imponer su posición sobre la otra.