Adiós a un polemista: la cruda batalla final de Darío Lopérfido en Madrid

El exministro y periodista enfrentó su enfermedad con una crudeza inédita en sus escritos. ¿Qué fue lo más duro que confesó sobre ser padre y qué opción final tenía contemplada?

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Adiós a un polemista: la cruda batalla final de Darío Lopérfido en Madrid

Una enfermedad neurodegenerativa sin cura puso fin a la vida del exfuncionario y periodista a los 61 años. Darío Lopérfido falleció este viernes en Madrid, donde enfrentaba desde julio de 2024 una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que describió con una crudeza desgarradora en sus últimos escritos.

Nacido en Villa Urquiza el 5 de junio de 1964, Lopérfido fue una figura pública que transitó entre el liberalismo político, la gestión cultural y el periodismo. Su carrera incluyó roles clave como secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación bajo la presidencia de Fernando de la Rúa y ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.

Su paso por el gobierno porteño fue abruptamente interrumpido luego de solo seis meses, cuando presentó su renuncia tras una fuerte polémica. El detonante fue haber cuestionado públicamente el número de desaparecidos durante la última dictadura militar, lo que le valió un repudio generalizado de organismos de derechos humanos y amplios sectores del ámbito artístico.

Una vida pública entre la cultura y la polémica

Su perfil mediático también fue amplio. Fue director artístico del prestigioso Teatro Colón, presidente de Ópera Latinoamérica y columnista en radios como Mitre y La Red. En el plano político, respaldó abiertamente la candidatura de Mauricio Macri en 2015 y su nombre también estuvo vinculado al escándalo internacional de los Panama Papers.

En su vida personal, estuvo casado con Esmeralda Mitre entre 2014 y principios de 2018. Un año después, el 25 de mayo de 2019, nació su primer y único hijo, Theo, fruto de su relación con Vinnie Blache Spencer. Su hijo se convertiría, más tarde, en el centro de sus mayores preocupaciones.

El diagnóstico y la revelación pública

En julio de 2024, los médicos le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica. Un año después, en julio de 2025, decidió hacer público su padecimiento en una entrevista con el periodista Martín Caparrós para el ciclo “El hombre rebelde”. Allí, Lopérfido expresó con dolor: “Hay enfermedades que te matan más rápido. Esta tiene esta cosa de la imposibilidad física, y eso es lo que más duele”.

Pero fue en diciembre de 2025, en una columna para la revista *Seul*, donde volcó con total desnudez su lucha. Tituló su texto de manera contundente: “Tener ELA es una mierda”. En esas líneas, dejó una frase premonitoria: “Mientras pueda escribir y compartir algunas cosas con mi hijo, seguiré acá. Después me voy”.

En ese escrito, el exministro detalló los padecimientos físicos y sociales de la enfermedad sin ningún tipo de filtro. “La ELA no te deja nada de glamour. Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba”, describió. Y confesó: “Empezás a querer esconderte. A mí me funcionan bien una mano y una pierna, lo que me permite trabajar, pero en casa, escondido”.

Creer solo en lo tangible

Lopérfido también expuso su visión del mundo, marcada por un ateísmo militante y el escepticismo. “No creo en Dios y ni siquiera soy agnóstico: soy ateo”, afirmó. Cuestionó la investigación farmacéutica sobre enfermedades poco frecuentes: “ningún dueño de ningún laboratorio va a vender su yate para investigar la cura de una enfermedad que afecta a poquísimas personas”.

Declaró no creer “en nada: ni vírgenes milagrosas, ni reiki, ni constelaciones familiares, ni homeopatía”. Y reveló: “Sólo creo en los antidepresivos y en algunas drogas ilegales para mantener el ánimo”. Sobre la muerte, su postura era materialista: “Creo que cuando morimos sólo desaparecemos bajo la tierra o en cenizas”.

La peor de las torturas

La reflexión más profunda y dolorosa estuvo reservada para su rol como padre. Theo tenía apenas cinco años cuando la ELA comenzó a avanzar. “Me da mucha bronca pensar que él no se acuerda y que la imagen que tendrá de mí será la de un tipo enfermo con el que compartió cosas de manera limitada”, lamentó con angustia.

“De todas las torturas que me depara la enfermedad, ser un padre limitado es la peor”, escribió. Y encontró un consuelo en la escritura: “Escribir me calma porque pienso que cuando crezca y yo esté muerto, él podrá leerme”.

También se refirió a la eutanasia, dejando en claro que era una opción que contemplaba. “Uno no puede decidir nacer, pero puede decidir morir. Vivir no debe ser obligatorio. No he decidido recurrir a ella todavía, pero saber que está a mi disposición me alivia”, expresó.

Darío Lopérfido partió en Madrid, lejos de su Buenos Aires natal, dejando atrás una carrera marcada por la polémica y una batalla final librada con una honestidad brutal frente al avance imparable de la enfermedad.

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