Adiós al reactor propio: la paradoja del plan nuclear argentino que se desarma mientras prometen inversiones
¿Pensaban que la energía nuclear argentina era un orgullo nacional? Los números del desguace que nadie esperaba y la paradoja de una inversión que promete reactores pero desarma capacidades.
Argentina perdió casi mil trabajadores especializados en el sector nuclear desde diciembre de 2023, mientras el Gobierno de Javier Milei apuesta a la explotación de recursos naturales y deja en el aire un complejo científico-tecnológico que demandó más de siete décadas de construcción.
El contraste entre el desguace del sistema nuclear y el incentivo a las inversiones extractivas resume el nuevo rumbo económico de La Libertad Avanza (LLA). El Estado deja de promover cadenas de valor intensivas en conocimiento y prioriza la extracción de materias primas. ¿Producir tecnología de alta complejidad o exportar recursos sin procesar? Esa es la encrucijada.
¿Qué se perdió en siete décadas?
Argentina construyó uno de los pocos complejos científico-tecnológicos de América Latina, con organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), empresas como INVAP y una red de proveedores que abarca desde investigación básica hasta medicina nuclear y reactores de investigación. Fue el primer país de la región en poner en funcionamiento una central nuclear de potencia (Atucha I, 1974), diseñó y exportó reactores, produce radioisótopos para uso médico y forma recursos humanos altamente calificados.
Esta actividad intensiva en conocimiento genera empleo calificado, impulsa innovación y agrega valor a la economía. Es la contracara del modelo extractivo: mientras uno vende tecnología, el otro depende de la comercialización de materias primas.
Los números del ajuste
Según un informe del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Actividad Nuclear (CEDAF), el presupuesto del sector sufrió recortes drásticos. La inversión en infraestructura y equipamiento cayó más del 53%, y la masa salarial perdió alrededor del 42% de su valor real. Proyectos estratégicos como el reactor modular CAREM y el reactor multipropósito RA-10 acumulan demoras e incertidumbre.
Desde diciembre de 2023, el sistema nuclear argentino perdió cerca de mil trabajadores especializados: 571 despidos en la CNEA, 306 en Nucleoeléctrica Argentina, 37 en la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y 31 en Dioxitek, entre otros.
Centrales operativas y privatización en puerta
Argentina cuenta con tres centrales nucleares operativas (Atucha I, Atucha II y Embalse) que aportan entre 5 y 8% de la electricidad del país, claves para el control tarifario. Sin embargo, en septiembre de 2025, el Gobierno anunció la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina, la empresa que las administra, pese a que presenta resultados económicos positivos desde hace más de siete años y superávit en los últimos ejercicios.
Para los especialistas del CEDAF, el impacto excede el ajuste presupuestario. “Reconstruir equipos de investigación, formar profesionales y volver a poner en marcha proyectos tecnológicos complejos requiere tiempos mucho más largos y un compromiso sostenido que difícilmente pueda revertirse en el corto plazo”, advierten.
Una inversión que no es tal
En paralelo al desguace, el Gobierno anunció una inversión en Atucha para construir un reactor modular bajo el marco del Super RIGI, el régimen de incentivos que otorga cuantiosos beneficios a las empresas. La firma a cargo es Meiter Energy, de capitales estadounidenses del Grupo Ansari, magnate que participó en los inicios de SpaceX. “Capacidades argentinas, ganancias extranjeras”, subrayan desde el CEDAF.
La decisión va a contramano del mundo. Estados Unidos impulsa programas multimillonarios para el desarrollo de reactores modulares pequeños con fuerte financiamiento público; China acelera la construcción de nuevas centrales; Francia mantiene su matriz nuclear; y Corea del Sur busca expandir sus exportaciones de reactores.
“Cada proyecto paralizado implica retrasar desarrollos que difícilmente puedan recuperarse en el corto plazo. Cada generación que deja de formarse reduce las posibilidades de sostener una política científica autónoma”, concluyen los especialistas.
Mientras el RIGI busca atraer inversiones para explotar recursos naturales destinados a la exportación, el retroceso del sistema nuclear implica resignar uno de los pocos complejos industriales capaces de generar tecnología propia, integrar proveedores locales y exportar conocimiento de alto valor agregado. No es solo una disputa entre dos sectores, sino entre dos formas de insertarse en la economía mundial.