Agustín Monzón: la confesión íntima del nieto que nunca conoció al campeón y el gesto que lo conecta con su sangre
De Santa Fe a los sets de Netflix: la historia del nieto de Monzón que eligió un camino opuesto al boxeo y revela el curioso hábito que heredó sin saberlo. ¿Logró escapar de la sombra del campeón?
Lleva uno de los apellidos más pesados del deporte argentino, pero a los 17 años tomó una decisión que lo alejó del ring para siempre. Agustín Monzón, nieto del mítico Carlos, reveló en una entrevista exclusiva con TN los detalles de su lucha por forjar una identidad propia, lejos de la sombra del ídolo que nunca llegó a conocer. Desde trabajar como bachero hasta compartir set con Ricardo Darín, su historia es un viaje de fe y perseverancia.
Hijo de Silvia, la primogénita del excampeón mundial, Agustín nació después de la muerte de Carlos Monzón. Creció en Santa Fe con el peso de un legado histórico, pero con la firme convicción de construir su propio camino. “Sabía que no había tanta banca en mi familia con la actuación. No venimos de artistas, me tocaba romper ese estereotipo”, confesó desde el Teatro San Martín.
El salto a la capital con una mochila de sueños
Al terminar el secundario, con apenas 17 años, se planteó un ultimátum: “Es ahora o nunca”. Sin el respaldo total de su entorno, dejó su casa y se mudó a Buenos Aires para estudiar actuación. Se instaló en una pensión en Almagro, donde nadie sabía quién era hasta que, accidentalmente, dejó a la vista un libro sobre su abuelo. “Se corrió la bola. Yo era un pibe de Santa Fe tratando de abrirse camino”, recordó.
Los primeros años en la capital no fueron fáciles. Mientras estudiaba, trabajó durante tres años como bachero en una cervecería y pasó por empleos como churrero y community manager. “Nunca le tuve asco al laburo. Sé lo que es estar del otro lado y siempre intento ser agradecido”, aseguró el joven.
El gran golpe en Netflix y el reality que lo puso a prueba
Su gran oportunidad llegó como doble de riesgo en “El Eternauta”, la ficción de Netflix estrenada el 30 de abril, donde compartió set con Ricardo Darín. “Si le decía al Agustín de 17 años que iba a trabajar ahí, no me lo creía. Dibujaba una flechita que decía ‘Ricardo Darín’ y estaba él al lado mío”, relató con emoción.
Antes había participado en “Monzón”, la serie sobre su abuelo, y en “Coppola, el representante”. Además, se animó al reality “Survivor, Expedición Robinson”, donde permaneció 30 días en competencia, incluyendo tres jornadas como náufrago en soledad. “Quería ponerme a prueba. De todo se aprende”, afirmó.
Subirse al ring: el desafío que cargaba con un tabú familiar
En diciembre de 2025 aceptó un reto personal: sumarse a “Párense de Manos 3” para enfrentarse a Franco Bonavena, nieto de Ringo Bonavena. Fue él mismo quien impulsó su participación con una campaña en redes. “Había un tabú: soy Monzón y me subo a un ring. La presión está. Pero lo disfruté”, reconoció tras tres meses de entrenamiento intenso.
“Asumir la responsabilidad cuando lo soñaste tanto también es fuerte”, reflexionó sobre esa experiencia que mezcló el peso de la historia con su deseo personal.
¿Psicología en lugar de actuación? La carrera que pudo ser
En medio de la charla, Agustín reveló cuál hubiera sido su camino alternativo. Sorprendentemente, no fue el deporte. “Si no hubiese sido actor, creo que me hubiera tirado por estudiar psicología. Me gustaba mucho, me llamaba la atención”, explicó.
Contó que en su adolescencia estuvo entre el deporte, la psicología o la actuación. “No sé si hoy estaría en un consultorio atendiendo pacientes, pero me gusta escuchar. Siento que soy buen consejero con mis amigos”, admitió. Sin embargo, la vocación artística pudo más. “Fue una locura irme, pero era ahora o nunca”, reafirmó.
El gesto cotidiano que lo une a Carlos Monzón
Aunque insiste en marcar su propia identidad, Agustín reconoce similitudes con su abuelo, especialmente en el carácter soñador. Pero hay un detalle mínimo y cotidiano que lo sorprende. Su madre le hizo notar un hábito peculiar: “Yo volvía del colegio, me cambiaba la ropa, pero me quedaba con los zapatos puestos en casa. Un día mi mamá me preguntó por qué hacía eso y me dijo que mi abuelo hacía exactamente lo mismo”.
Para él, eso no es algo aprendido. “Nadie me lo enseñó. Son esas cosas que uno lleva en la sangre, instintivamente”, reflexionó. Aunque valora esa conexión, es enfático: “No me puedo quedar solo con que mi abuelo fue quien fue. Yo también soy yo”.
La fe como motor y el proyecto que viene
Agustín Monzón define a la fe como el eje de su vida. “La fe es la posibilidad de ver algo que todavía no está. Me imaginé muchas veces situaciones que después viví”, sostuvo. Incluso proyecta un podcast llamado “De lo imposible, lo posible”, centrado en historias de superación.
Hoy, las redes sociales y la creación de contenido digital son su prioridad, un espacio que le da una voz propia que generaciones anteriores no tuvieron. “Hoy podés hacer arte digital. No necesitás que una multinacional te valide”, explicó. Su gran sueño a largo plazo sigue siendo protagonizar una serie o película.
Con un mensaje final, invita a otros a seguir sus sueños: “Si algo puedo decirle a la gente es que se anime a hacer lo que le gusta. No me considero ejemplo de nada, pero sí soy partidario de animarse a soñar”. El joven que llegó a Buenos Aires con una valija de dudas hoy camina firme, decidido a que cuando lo nombren, piensen en Agustín.