Alarma en Tucumán: la enfermedad que crece en silencio y ya preocupa más que antes de la pandemia
¿Por qué una enfermedad que creíamos controlada está resurgiendo con fuerza en Tucumán y todo el país? Los especialistas revelan las alarmantes cifras y los obstáculos que están dejando a miles sin un diagnóstico a tiempo.
Los casos de tuberculosis en Argentina, y Tucumán no es la excepción, muestran una curva ascendente “muy preocupante” que se aceleró tras el Covid. Con más de 17.000 diagnósticos el año pasado, casi el doble que hace una década, los especialistas alertan sobre demoras en la detección, falta de sospecha clínica y problemas en el acceso a los medicamentos.
“El escenario es muy preocupante”, afirmó Alejandra Gaiano, infectóloga pediatra y prosecretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). La profesional destacó que el aumento es real y se da en todos los grupos de edad, pero su control se ve complicado porque los síntomas suelen confundirse con otros problemas respiratorios, generando una peligrosa demora diagnóstica.
La tos persistente por más de 14 días, fiebre, cansancio y adelgazamiento son señales clave que, muchas veces, se atribuyen a una gripe, neumonía o bronquitis común.
¿Por qué los diagnósticos llegan tarde?
Gerardo Leube, profesor titular de Microbiología e Infectología en la Fundación Barceló, coincide en el panorama alarmante. “La mayor preocupación es que los diagnósticos suelen ser tardíos, en especial en los adolescentes”, explicó. Según el infectólogo, muchos jóvenes llegan a la consulta recién cuando presentan secreciones respiratorias con sangre, lo que indica un compromiso pulmonar grave que dificulta la recuperación.
Los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación, previos al Día Mundial de la Tuberculosis (24 de marzo), indican que los nuevos casos y las recaídas se concentran en el grupo de entre 15 y 40 años. Tras un retroceso del 18% en las notificaciones durante la pandemia, la situación empeoró drásticamente.
“Las tasas de notificación aumentaron hasta 2024 con una variación anual promedio del 11%”, detalló la cartera sanitaria. Este ritmo representa el mayor número de casos, la tasa más alta y la velocidad de aumento más pronunciada en los últimos 16 años.
Tucumán, entre las provincias con mayor crecimiento
La provincia de Tucumán integra la lista de once jurisdicciones donde la tuberculosis creció de manera significativa en más de una década, con un incremento superior al 12%. Comparte esta tendencia con la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Salta, Chaco, Jujuy, Entre Ríos, Corrientes y Tierra del Fuego.
Juan Carlos Beltramino, exdirector de Docencia del Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia en Santa Fe, señaló que su provincia acompaña el marcado aumento nacional. “Alarma ver, como hace 50 años, cavernas tuberculosas en los pulmones de los jóvenes”, expresó, subrayando la necesidad de reforzar la vigilancia y el seguimiento.
Para Sandra Inwentarz, coordinadora de la Sección de Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR), el “gran problema” en este contexto es la pérdida de un programa nacional específico. “Cerramos 2025 con más de 17.000 casos y sabemos que hay casos que no se denuncian”, afirmó. La especialista reveló que, tras la pandemia, los casos aumentaron un 60% en la población de 14 a 35 años, grupo que ahora concentra seis de cada diez diagnósticos.
Fallas en el tratamiento y acceso a medicamentos
Otro obstáculo grave es la disponibilidad de los fármacos. Inwentarz explicó que el país adquiere los medicamentos a través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), pero en los dos últimos años no hubo compras hasta hace unos meses. “Hay provincias sin medicamentos”, alertó.
El tratamiento estándar para la tuberculosis sensible incluye cuatro drogas durante dos meses, seguidas de otras dos durante cuatro a seis meses más. Tanto Gaiano como Leube coincidieron en que, aunque por ley el tratamiento es gratuito, existen limitaciones de acceso y se requiere una estricta adherencia por parte del paciente, además de un seguimiento activo de sus contactos.
La vulnerabilidad socioeconómica y las condiciones de vivienda son factores de riesgo clave. “La mayoría de las veces, la transmisión se da dentro de la familia, pero puede haberla en las escuelas o el lugar de trabajo”, recalcó Gaiano.
Frente a este escenario, los expertos hacen un llamado a concientizar tanto a la población como al personal de salud. “No se diagnostica una enfermedad si no se la conoce o se sospecha de que puede darse”, finalizó Leube, subrayando el desafío permanente desde la docencia y la práctica asistencial para enfrentar esta vieja-nueva amenaza.