Alberto lo acusó de arrodillarse, pero ahora debería caminar detrás de Adolfo

¿Quién terminará arrodillado ante quién? Los hermanos Rodríguez Saá coquetean con la reconciliación después de casi ocho años de pelea, pero el 17 de octubre puede dejar una foto que esconda algo bastante más incómodo.

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Alberto lo acusó de arrodillarse, pero ahora debería caminar detrás de Adolfo
Alberto lo acusó de arrodillarse, pero ahora debería caminar detrás de Adolfo

Los hermanos Rodríguez Saá volvieron a mostrar señales de acercamiento después de casi ocho años de pelea interna en el peronismo de San Luis. Adolfo dijo públicamente que hay que buscar "los puntos que nos unen" y el 17 de octubre, Día de la Lealtad, aparece como la fecha donde podría haber algún gesto. Sin embargo, no existe ninguna reunión confirmada ni un acuerdo cerrado entre ambos.

Lo que se viene no es solo un problema familiar. Es la disputa por el poder en el PJ puntano, con la mira puesta en 2027. Adolfo conserva su espacio y su tropa. Alberto retomó la actividad partidaria, recorre el territorio y trabaja en la reorganización del partido. Ninguno confirmó candidatura alguna, pero los dos mueven piezas.

El problema es el mismo de siempre: ninguno de los dos construyó más de cuatro décadas de carrera política acostumbrándose a ser segundo.

La pelea que ningún abrazo borra

La historia que algunos quieren reducir a una pelea familiar fue bastante más dura. En 2019, la disputa por el control del Partido Justicialista terminó en la sede partidaria: el Congreso sesionó con custodia policial, dirigentes alineados con Adolfo quedaron fuera de los espacios de decisión y días después el sector fue desalojado. Se cambiaron las cerraduras y se impidió el ingreso de referentes. Luego llegó la desafiliación del expresidente junto a más de un centenar de dirigentes. La Justicia Federal terminó validando los congresos cuestionados por el adolfismo.

Adolfo resumió aquel episodio con una frase que todavía pesa: "Me echó el Alberto con la Policía". Alberto siempre sostuvo otra versión: que nadie lo echó y que su hermano quedó afuera al competir electoralmente con otra estructura.

El archivo que complica a los dos

Alberto eligió una palabra especialmente dura para golpear a su hermano: "Te arrodillaste". Lo acusó de haberse acercado a Mauricio Macri, Javier Milei, Victoria Villarruel y Claudio Poggi, y de armar por afuera del peronismo.

El archivo, sin embargo, tampoco es cómodo para él. En 2017, durante una actividad política en La Matanza, acompañó el canto "yo no soy gorila, soy soldado de Cristina", en pleno acercamiento a Cristina Fernández de Kirchner. Meses antes había viajado a Jujuy para pasar la Nochebuena junto a Milagro Sala en el penal de Alto Comedero, donde la definió como "presa política". En 2019 respaldó abiertamente la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, y luego celebró el triunfo del Frente de Todos en San Luis.

Si la discusión es revisar alianzas y cambios de posición, los dos tienen cosas que explicar.

La encerrona para los dos

Si la unidad termina dejando a Adolfo al frente del armado para 2027, Alberto tendría que explicar por qué acepta caminar detrás del hermano al que llamó mentiroso, al que responsabilizó por abandonar el partido y al que acusó de arrodillarse. La escena quedaría servida por sus propias palabras.

Adolfo tampoco tiene una salida sencilla. Si conduce Alberto, tendría que regresar al mismo peronismo del que durante años sostuvo que había sido expulsado y negociar con quien responsabilizó por la ruptura. Si conduce Adolfo, Alberto deberá tragarse buena parte de lo que dijo. Y si ninguno cede, la reconciliación puede durar hasta que alguien ponga sobre la mesa la candidatura a gobernador.

Los generales hacen las paces, los soldados explican

La pelea no fue solo entre los hermanos. Dirigentes, legisladores, intendentes y militantes tomaron partido durante años. Algunos construyeron su discurso acusando a Adolfo de abandonar el peronismo; otros responsabilizaron a Alberto por la fractura. Ahora los jefes podrían reconciliarse y los que combatieron tendrán que explicar por qué el que ayer era un traidor volvió a ser compañero.

Hay además un problema más terrenal: cuando se juntan dos estructuras, no entran todos. Sobran candidaturas, aspiraciones y dirigentes que encontraron lugar justamente porque había dos espacios enfrentados. Con dos mesas separadas había lugar para negociar; con una sola, empieza la pelea por los puestos.

El 17 de octubre y la salida por arriba

El Día de la Lealtad aparece como la fecha donde podría haber foto, abrazo y discursos sobre Perón, la familia y la unidad. El problema empieza cuando se apagan las cámaras: quién será candidato, quién armará las listas, quién tendrá la última palabra y quién aceptará pasar de conductor a acompañante.

En las conversaciones peronistas también aparece la posibilidad de construir alrededor de una tercera figura. Entre los nombres mencionados está el diputado nacional Ernesto "Pipi" Alí, aunque no hay ninguna candidatura definida. Ese camino evitaría que uno pierda directamente frente al otro, pero abre una pregunta incómoda: después de décadas en el centro de todas las decisiones, ¿están preparados para darle la candidatura principal a otro?

Alberto y Adolfo pueden volver a hablarse, perdonarse y hasta borrar publicaciones viejas. Pero habrá un momento en que ninguna fotografía alcance: cuando haya que escribir el primer nombre en la boleta. Ahí se sabrá si hubo reconciliación o solo una tregua antes de volver a discutir lo de siempre: quién manda, quién acompaña y quién termina bajando primero la cabeza.

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