Alerta en el campo: la defoliación tardía de la soja no solo recorta el rinde, también degrada su calidad
Una investigación del INTA, CONICET y Embrapa Soja revela que la defoliación tardía en la soja no solo resta kilos, sino que degrada la calidad del grano. ¿Qué implicancias tiene para el manejo del cultivo?
El manejo agronómico en la recta final del ciclo de la soja se convirtió en un factor decisivo para la calidad del grano, según una investigación conjunta del INTA, el CONICET y Embrapa Soja de Brasil. El estudio revela que la pérdida de hojas en el llenado no solo reduce los kilos cosechados, sino que también deteriora los componentes que le dan valor comercial y nutricional.
Un equipo de especialistas liderado por Constanza Carrera, del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales del INTA en Córdoba, analizó en detalle el impacto de la defoliación en los distintos estratos de la planta. Los resultados, que obtuvieron el premio al mejor trabajo en el X Congreso Brasileño de Soja y Mercosoja 2025, encienden una alerta para los productores que suelen medir solo el volumen de la cosecha.
¿Qué pasa cuando la soja pierde hojas?
Durante el llenado de grano, la planta necesita operar a máxima capacidad fotosintética para generar los fotoasimilados que sostienen el crecimiento y la síntesis de proteínas, aceites y compuestos nutracéuticos demandados por los mercados internacionales. La reducción del follaje afectó a todos los estratos del canopeo por igual, provocando un menor peso general y una alteración directa en la concentración final de sus componentes.
El contenido de aceite es uno de los más sensibles a la falta de área foliar. Como la acumulación de materia grasa depende directamente de la fotosíntesis activa en el momento exacto del llenado, cualquier interrupción en la intercepción de luz genera un impacto inmediato y desproporcionado sobre el rinde aceitero.
Una estructura compleja
A diferencia de otros cultivos, la soja florece y forma vainas de manera escalonada desde la base hasta la punta, creando microambientes heterogéneos a lo largo del canopeo. Esta arquitectura modular exige comprender cómo responde cada estrato ante imprevistos sanitarios o climáticos, algo que la investigación permitió descifrar.
La soja es la mayor fuente global de aceite vegetal y de proteína para alimentación animal, pero su valor va más allá: contiene ácidos grasos esenciales como el linoleico (omega-6) y el linolénico (omega-3), e isoflavonoides reconocidos por su capacidad antioxidante.
¿Cómo proteger el cultivo?
Las conclusiones del trabajo son una advertencia concreta para productores y asesores técnicos. La pérdida de hojas causada por orugas, chinches, enfermedades de fin de ciclo o granizo no debe evaluarse únicamente bajo la métrica del volumen cosechado. Proteger la fábrica foliar hasta el último día del ciclo es indispensable para preservar la calidad comercial de la producción.
El reconocimiento internacional obtenido en Campinas, donde el trabajo compitió contra más de 300 investigaciones de toda la región, respalda el rigor técnico del ensayo. La genética y el clima ya no son los únicos responsables de la calidad del grano: el manejo en el tramo final define cada vez más el valor industrial y nutracéutico del principal cultivo de exportación de la región.
