Alerta en la Patagonia: qué dice el SMN sobre el impacto real del fenómeno El Niño
¿Sabías que El Niño ya está activo y que la Patagonia podría enfrentar un escenario opuesto al del resto del país? Conocé qué dice el SMN sobre las lluvias, las heladas y el agua en Río Negro y Neuquén.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que El Niño ya está activo y que su presencia se extenderá durante toda la primavera, con una probabilidad cercana al 100%. Pero mientras el centro y el Litoral se preparan para posibles lluvias intensas, la Patagonia enfrenta un escenario completamente distinto, con un factor de largo plazo que preocupa a los especialistas: la disminución de las precipitaciones y de los recursos hídricos.
¿Qué confirmó el SMN sobre El Niño?
El último informe oficial del SMN detalla que las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial presentan anomalías positivas, especialmente cerca de las costas de Sudamérica. Además, se observa un debilitamiento de los vientos alisios en el Pacífico central y valores negativos del Índice de Oscilación del Sur, todas señales típicas de una fase El Niño.
El avance fue vertiginoso: en mayo, los modelos estimaban un 60% de probabilidades de desarrollo; en junio, esa cifra trepó al 90%. Ahora, el informe de agosto sitúa en valores cercanos al 100% la posibilidad de que la fase cálida continúe durante el trimestre agosto-septiembre-octubre.
Sin embargo, los expertos aclaran que esto no significa que lloverá de forma constante ni que todas las tormentas de los próximos meses puedan atribuirse a este fenómeno. Los pronósticos climáticos estacionales marcan tendencias y probabilidades, pero no anticipan eventos puntuales ni milímetros exactos en una ciudad determinada.
Buenos Aires y el Litoral, en el centro de la escena
Históricamente, El Niño modifica el régimen de precipitaciones en el sudeste de Sudamérica, y las anomalías positivas de lluvia más importantes al este de los Andes suelen aparecer durante la primavera. La señal es particularmente fuerte sobre el Litoral y el centro-este argentino, aunque el comportamiento varía entre regiones.
Con el avance de la estación, el aumento de temperaturas y humedad aporta más energía para el desarrollo de tormentas. Por eso, se espera especial atención a episodios de lluvias abundantes, ráfagas, actividad eléctrica y posibles eventos de tiempo severo.
El riesgo no radica solo en tormentas extraordinarias, sino en que una sucesión de lluvias sature los suelos y genere anegamientos en zonas rurales y urbanas. En la provincia de Buenos Aires, las áreas con problemas de drenaje podrían sufrir caminos intransitables y complicaciones para la producción agropecuaria. También podrían verse afectados ríos y arroyos si las precipitaciones persisten en sus cuencas.
Para el campo, el escenario es de doble filo: más agua puede beneficiar cultivos que necesitan humedad, pero los excesos dificultan la siembra, las labores agrícolas, el ingreso de maquinaria y la cosecha.
¿Qué pasa en la Patagonia?
La Patagonia requiere una lectura diferente. Que El Niño favorezca lluvias superiores a las normales en algunas regiones no implica que toda la zona atraviese una primavera lluviosa. La influencia del fenómeno cambia según la ubicación geográfica, la época del año y otros patrones atmosféricos.
En Río Negro y Neuquén, el problema de fondo es la disminución de precipitaciones y recursos hídricos en las últimas décadas. Un análisis del INTA Bariloche y CONICET reveló que las lluvias medias en sectores de Patagonia Norte cayeron entre 15% y 25% en comparación con décadas anteriores, mientras que las temperaturas medias subieron alrededor de 0,5 °C, con aumentos aún mayores en ciertos meses.
Además, se registraron cambios significativos en los caudales de los ríos neuquinos, un punto crítico en una región donde la nieve acumulada en la cordillera es la reserva natural de agua que alimenta los cursos durante primavera y verano.
Por eso, la presencia de El Niño debe analizarse junto con el estado previo de las cuencas, la acumulación de nieve invernal y la evolución de las precipitaciones cordilleranas.
Río Negro y Neuquén: la primavera, clave para el agua y los frutales
En el norte patagónico, la atención estará puesta en la disponibilidad de agua, los caudales de los ríos y las condiciones meteorológicas durante la temporada productiva. Para el Alto Valle y Valle Medio, las variaciones de temperatura y precipitación en primavera son fundamentales por el desarrollo de los frutales.
Estudios agrometeorológicos del INTA Alto Valle subrayan la necesidad de monitorear variables específicas en esta etapa. Además de las lluvias, habrá que vigilar las temperaturas mínimas y las posibles heladas tardías, especialmente durante la floración y el desarrollo inicial de los frutos.
Esto deja claro que El Niño no elimina el riesgo de heladas ni garantiza una primavera lluviosa en estas provincias. La evolución concreta dependerá de múltiples factores y deberá seguirse con pronósticos de corto y mediano plazo.
¿El “Súper Niño” traerá calor extremo?
No necesariamente. El Niño no equivale a más calor ni a una ola de calor permanente. El ENOS es un fenómeno natural que surge de la interacción entre el océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera, y puede modificar patrones de circulación a escala global.
Incluso durante un episodio El Niño pueden producirse ingresos de aire frío, heladas tardías, jornadas con temperaturas inferiores a las normales y cambios bruscos de tiempo. Además, el fenómeno se desarrolla sobre un planeta con temperaturas globales más altas por el cambio climático, pero ambos procesos no son lo mismo.
¿Cuándo se sentirá con más fuerza?
Los próximos meses serán decisivos. El SMN estima una probabilidad cercana al 100% de continuidad de El Niño durante agosto, septiembre y octubre, por lo que el inicio de la primavera será clave para observar sus efectos.
Para Buenos Aires, el Litoral y el noreste, el foco estará en las precipitaciones y los períodos húmedos. En el sector agropecuario, los excesos de agua podrían ser un problema si los suelos permanecen saturados.
En Río Negro, Neuquén y el resto de la Patagonia, en cambio, habrá que seguir la evolución de lluvias y nevadas cordilleranas, las temperaturas, las heladas tardías y el comportamiento de los recursos hídricos, sin asumir que los efectos serán iguales que en el centro y noreste.
El Niño no permite anticipar tormentas con meses de anticipación. El pronóstico climático trimestral indica tendencias generales, pero los eventos concretos —tormentas severas, lluvias intensas, nevadas, fuertes vientos o heladas— deben seguirse mediante pronósticos de corto plazo y el sistema de alertas del SMN.
Frente a un fenómeno que durará buena parte de la primavera, la clave será seguir las actualizaciones mensuales del Servicio Meteorológico Nacional y los pronósticos específicos para cada región, porque el impacto puede ser muy diferente entre el Litoral, Buenos Aires, Cuyo y la Patagonia.