Alerta en Mendoza: el peligro oculto que traen los zorros a la ciudad y cómo te puede afectar

Los zorros ya son una presencia habitual en la ciudad. Su avance no es solo una curiosidad: esconde un riesgo sanitario real que los mendocinos no pueden ignorar. ¿Sabés cómo te podés contagiar y qué tenés que hacer para evitarlo?

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Alerta en Mendoza: el peligro oculto que traen los zorros a la ciudad y cómo te puede afectar

La creciente presencia de zorros en zonas urbanas de Mendoza encendió una luz de alerta entre los especialistas. Más allá de lo llamativo, este contacto con la fauna silvestre representa un riesgo concreto para la salud pública, vinculado a una enfermedad parasitaria endémica. Los detalles que tenés que conocer para protegerte.

La convivencia con perros es algo habitual en la provincia, pero en los últimos meses se sumó un nuevo actor: los zorros. Su aparición en áreas urbanas y periurbanas se ha vuelto cada vez más frecuente. Este fenómeno, sin embargo, no es inocuo. Expertos advierten que puede implicar riesgos sanitarios significativos.

Uno de los principales peligros es la hidatidosis, una enfermedad causada por el parásito *Echinococcus granulosus*. Este organismo circula entre animales y tiene la capacidad de afectar a los seres humanos. Se trata de una patología endémica en Argentina, con mayor presencia en el sur, aunque también se registra en otras regiones.

¿Dónde está el foco del problema en nuestra provincia?

En Mendoza, los datos epidemiológicos se concentran principalmente en el departamento de Malargüe. Allí se han detectado casos en ganado caprino, lo que marca una zona de riesgo. La enfermedad no se transmite por tocar a un animal, sino de manera indirecta, lo que la hace más sigilosa.

Perros y otros carnívoros, como los zorros, pueden eliminar en su materia fecal huevos microscópicos del parásito. Estos huevos pueden quedar en el suelo, el agua o incluso adherirse a los alimentos. La infección en las personas ocurre al ingerirlos de manera accidental.

“La transmisión se da cuando esos huevos ingresan al organismo. El ser humano actúa como un hospedador accidental”, explicó a un medio local Sophia Di Cataldo, investigadora del Conicet. Este ciclo involucra de lleno a la fauna silvestre que está entrando en contacto con los espacios urbanos.

¿Qué provoca esta enfermedad en las personas?

La hidatidosis puede generar la formación de quistes en distintos órganos del cuerpo. Los principales afectados son el hígado y los pulmones, aunque también puede alcanzar el cerebro. Las consecuencias dependen del tamaño, la cantidad y la ubicación de estos quistes.

Pueden provocar complicaciones respiratorias, digestivas o neurológicas serias. Uno de los aspectos más peligrosos es que la enfermedad puede avanzar de forma asintomática durante años, lo que dificulta su diagnóstico temprano. El vínculo entre animales silvestres, domésticos y humanos es clave para su persistencia.

Los perros que consumen vísceras crudas infectadas pueden convertirse en portadores del parásito. Los zorros cumplen un rol similar en ambientes rurales y ahora también periurbanos. “Cada vez vamos a encontrarnos más con estos animales en la vida cotidiana”, señaló Di Cataldo, destacando la tendencia creciente.

La regla de oro si ves un zorro

Frente al avistamiento de un zorro en la ciudad o sus alrededores, los especialistas son contundentes: no hay que intervenir. Estos son animales silvestres preparados para conseguir su propio alimento. Cualquier acción humana puede ser contraproducente.

Acercarse, intentar tocarlos o, peor aún, alimentarlos, altera profundamente su comportamiento natural. Entre las consecuencias negativas se encuentran: la alteración de su dieta, lo que puede provocar enfermedades; que se vuelvan dependientes del ser humano; y el aumento del riesgo de transmisión de patógenos.

Algunas bacterias y parásitos, como el de la hidatidosis, pueden transmitirse incluso sin un contacto directo, a través de la contaminación ambiental. Por eso, la distancia es la mejor estrategia.

¿Cómo podemos prevenir el contagio?

Para reducir los riesgos, las autoridades sanitarias y los expertos recomiendan una serie de medidas prácticas y fundamentales. La primera es evitar alimentar a los perros con vísceras crudas, una práctica común en algunas zonas rurales que propaga el ciclo del parásito.

Es crucial realizar la faena de animales únicamente en lugares habilitados y bajo control sanitario. Mantener hábitos de higiene rigurosos, especialmente al manipular y consumir alimentos, es una barrera esencial. Desparasitar a las mascotas de forma periódica, siguiendo el calendario indicado por un veterinario, ayuda a cortar la cadena de transmisión.

Finalmente, la recomendación principal es evitar cualquier contacto con animales silvestres y mantener una distancia prudente. La prevención es la herramienta más efectiva contra esta enfermedad silenciosa que encuentra, en la creciente urbanización, un nuevo escenario para propagarse.

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