Alerta máxima en Santa Fe: la amenaza narco que puso en la mira al gobernador Pullaro
Informes reservados y un arsenal oculto revelaron una inquietante posibilidad. ¿Hasta dónde llegaría el crimen organizado para desafiar al Estado? Los detalles de la amenaza que obligó a reforzar la seguridad de la máxima autoridad provincial.
Informes de inteligencia y un arsenal de guerra enterrado encendieron las alarmas sobre un posible atentado contra la máxima autoridad provincial. El Gobierno de Santa Fe confirmó esta semana que elevó los niveles de protección del gobernador Maximiliano Pullaro tras acceder a datos reservados que apuntan a un plan criminal para atentar contra su vida. La hipótesis vincula la amenaza con la política de endurecimiento contra el narcotráfico y la construcción de una cárcel de máxima seguridad.
¿Qué desató la alerta?
La alarma se encendió a partir de información de inteligencia criminal cruzada con evidencia concreta. El hallazgo clave fue un arsenal de guerra enterrado en Roldán, que según las investigaciones pertenecería a la banda conocida como “Los Menores”, un desprendimiento de las estructuras narco tradicionales. El poder de fuego de estas armas, capaces incluso de perforar vehículos blindados, llevó a los analistas a elaborar una lista de posibles objetivos que utilizan ese tipo de protección.
Si bien varios funcionarios y personalidades integran esa lista, el nombre del gobernador Pullaro figura en un lugar preponderante. Para las autoridades, el posible ataque estaría directamente vinculado a las medidas de seguridad implementadas, en especial la construcción del penal de máxima seguridad en Piñero, bautizado como “El Infierno”, donde serán trasladados los líderes del narcotráfico.
La palabra del ministro de Seguridad
El ministro de Seguridad de la provincia, Pablo Cococcioni, fue contundente al hablar del tema en Radio2. “Por lo menos había intenciones serias de realizar algún tipo de atentado a las autoridades institucionales de la provincia, y centralmente en la persona del gobernador”, afirmó.
Cococcioni explicó que la información manejada por el sistema de inteligencia tiene “un grado de seriedad” que obliga a “elevar los umbrales de protección y tomar medidas mucho más fuertes”. El ministro vinculó la conjetura directamente con la banda “Los Menores”.
Un fenómeno más profundo y peligroso
La investigación revela un problema que va más allá de una amenaza puntual: la creciente disponibilidad de armamento de guerra en manos del crimen organizado. Este armamento se alimenta de desvíos del mercado legal, redes de testaferros y robos en ámbitos militares, mostrando una logística sofisticada.
En Rosario, la violencia narco mantiene una continuidad alarmante, con balaceras, amenazas y disputas territoriales constantes. Aunque el denominado Plan Bandera ha mostrado resultados, los enfrentamientos por el control del negocio ilegal siguen cobrando vidas en las calles.
Un antecedente que estremece
El posible plan contra Pullaro trae a la memoria uno de los ataques institucionales más graves en la historia de Santa Fe: la balacera contra la casa del exgobernador Antonio Bonfatti el 11 de octubre de 2013, donde se impactaron 20 balazos. Aquel caso, con acusados que luego fueron exculpados y terminaron asesinados, dejó al descubierto los pactos y silencios entre estructuras parapoliciales y bandas narcocriminales de la época.
La pregunta que flota en el ambiente es si subsisten mecanismos similares de interacción entre el narcotráfico y ciertos sectores del Estado. El ministro Cococcioni señaló que el endurecimiento del régimen carcelario, que quitó privilegios a los jefes narco, es un factor clave del malestar criminal. “Eran los jefes de pabellón de 100 presos. Las visitas de los otros presos entraban drogas, comida, celulares, zapatillas… Pasar de eso, a vivir en una cabina telefónica, no es agradable, ni fácil de tolerar”, aseguró.
Si hay o hubo un plan para atentar contra Pullaro también podría pensarse que el Plan Bandera ha tenido fisuras
La incómoda contradicción de un plan exitoso
La misma amenaza plantea una interrogante incómoda para la gestión de seguridad. Si el control de calles y cárceles no logró desarmar a los grupos criminales y les permitió planear un “gran golpe”, podría interpretarse como una fisura en la estrategia oficial. Sería, en palabras de los analistas, una contradicción: un plan que, en lugar de contener a los violentos, los alentó a acumular poder de fuego en busca de revancha.
El contexto le da espesor a la sospecha. Desde su asunción, Pullaro impulsó una política de mano dura contra el narcotráfico, con foco en el sistema penitenciario. Esa estrategia tocó intereses muy concretos y, según la línea investigativa, pudo generar esta respuesta planificada.
La situación expone la tensión permanente en Santa Fe: un Estado que intenta recuperar el control y organizaciones criminales que no solo trafican, sino que disputan poder en la calle y dentro de las cárceles, llegando al extremo de desafiar al poder político mismo.