Alerta sanitaria: la vacunación en Argentina se derrumba y los médicos piden medidas urgentes
La vacunación en Argentina sufre una caída histórica: algunas dosis bajaron del 90% al 50%. ¿Qué está fallando y cómo evitar un brote epidémico?
La caída en las coberturas de vacunación en Argentina se profundiza y ya genera alerta entre los especialistas. Un reciente informe advierte que algunas dosis del calendario infantil descendieron del 90% al 50% en menos de una década, y ninguna vacuna alcanzó el 95% recomendado por la OMS durante 2024.
El fenómeno, que se agravó durante la pandemia, amenaza con reabrir la puerta a enfermedades como el sarampión o la polio, que parecían erradicadas. El Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina analizó la confianza y la información sobre vacunas, y su diagnóstico es contundente: la desconfianza y la desinformación son los principales enemigos.
¿Por qué baja la inmunización?
Según el relevamiento, el 68% de los argentinos estuvo expuesto a mensajes que cuestionan la eficacia o seguridad de las vacunas, y cuatro de cada diez admitieron que esos contenidos les generaron dudas. Entre los jóvenes de 16 a 29 años, el 77% encontró información antivacunas en redes sociales.
Además, casi una de cada cuatro personas prefiere adquirir inmunidad “de manera natural” antes que vacunarse, y el 19% cree que podría prescindir de las vacunas si la mayoría ya está protegida. Sin embargo, el respaldo conceptual sigue siendo alto: el 93% piensa que no representan un peligro y el 91% las considera fundamentales para la salud pública.
“La conciencia sobre el riesgo compartido no siempre se traduce en la práctica individual”, resume el informe. Solo el 36% de la población concurre a controles preventivos de rutina.
Riesgo epidemiológico inminente
El Colegio de Médicos de la provincia de Buenos Aires expresó su preocupación a través de su Consejo Superior y calificó la situación como un “riesgo epidemiológico inminente”. Citando datos de OMS y UNICEF, advirtió que más de 101.000 niños nunca recibieron una vacuna del calendario nacional, y que Argentina figura entre los peores registros de la región.
Para la entidad, el deterioro no se debe a un rechazo generalizado de la población, sino al debilitamiento de las políticas públicas de comunicación y concientización. Por eso, reclamaron al Ministerio de Salud de la Nación restablecer el abastecimiento de vacunas, lanzar campañas federales de información, normalizar la provisión gratuita para adultos mayores y grupos de riesgo, y crear un sistema público de monitoreo de coberturas.
El sistema de salud, bajo la lupa
La médica infectóloga Silvia González Ayala, docente universitaria y especialista en pediatría, sostiene que la caída comenzó hace casi una década. “Entre 2015 y 2017 empezaron a bajar las coberturas. No es una sola la causa: es multicausal”, afirma. En su región, el déficit de coberturas varía entre el 5% y el 20%, cuando se necesitan porcentajes del 90% al 95% para lograr inmunidad colectiva.
González Ayala apunta contra el propio sistema de salud: los profesionales “tienen que preguntar por las vacunas, revisar las constancias, indicar las que correspondan y explicar su importancia”, pero en la práctica las consultas son cada vez más breves por la presión de los turnos. También menciona horarios reducidos en los vacunatorios, falta de operativos territoriales y problemas de abastecimiento. “Las personas llegan al puesto y no está la vacuna, o llegan y no está la enfermera vacunadora”, resume.
Para la especialista, la falta de educación sanitaria es otro déficit clave. “No hay programas de comunicación referidos a las vacunas”, lamenta, y cuestiona la ausencia de liderazgos y el escaso trabajo en las escuelas para completar los esquemas previstos por la Ley 27.491. “Las vacunas son seguras, son eficaces y salvan vidas. Tenemos que trabajar para volver a una situación en la que la gente quería, pedía y reclamaba las vacunas”, concluye.
La triple viral, en la mira
La revisión de las coberturas oficiales revela que la vacuna triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y paperas, es una de las más afectadas. En 2025, la primera dosis alcanzó apenas el 84% y la segunda cayó al 55%, cuando debería ser 85%. “Uno de cada dos niños no fue vacunado con la segunda dosis y no está protegido”, advierte González Ayala, quien alerta sobre el alto riesgo de reintroducción del sarampión y la rubéola.
Otro punto crítico es la vacuna antipoliomielítica inactivada (Salk). La especialista señala que, con la desaparición de los casos, se perdió la percepción del peligro: “Los padres jóvenes no la conocen; hoy quienes la recuerdan son los abuelos”.
María Alicia Marini, ex profesora titular de Pediatría de la UNLP y ex directora del Hospital Noel Sbarra, coincide en la gravedad. “Que se produzcan enfermedades que pueden evitarse mediante la vacunación es inadmisible, doloroso y constituye un fracaso social”, enfatiza. Entre las causas, menciona “la falta de interés, la falsa sensación de seguridad, la escasa difusión y conceptos erróneos”.
El panorama exige una respuesta coordinada. Mientras tanto, los especialistas insisten en que la prevención es la única herramienta para evitar una catástrofe sanitaria en cámara lenta.