Alquilaban autos, los hacían desaparecer y un dato inesperado destapó una trama que une a un preso con la droga

Más de un kilo de cocaína apareció en un auto alquilado que terminó volcado tras una persecución. La trama apunta a un preso federal y a su mujer, con al menos cinco causas por vehículos que nunca volvieron.

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Alquilaban autos, los hacían desaparecer y un dato inesperado destapó una trama que une a un preso con la droga
Alquilaban autos, los hacían desaparecer y un dato inesperado destapó una trama que une a un preso con la droga

Una seguidilla de denuncias por autos alquilados que jamás volvían a sus dueños destapó en Mendoza una investigación que hoy tiene como figuras centrales a un hombre detenido en una penitenciaría federal y a su esposa. La pesquisa ya reúne al menos cinco expedientes, pero fue un episodio con más de un kilo de cocaína el que le dio una dimensión inesperada al caso.

Según información a la que accedió el Post, la maniobra se repetía con distintas variantes, aunque siempre con el mismo patrón: terceras personas aparecían como titulares del alquiler de los vehículos y luego los rodados pasaban a manos del entorno de la pareja. En algunos casos, esas personas habrían actuado engañadas; en otros, los investigadores intentan determinar si sabían para qué prestaban sus nombres o documentación.

Quién es el preso señalado como cabecilla

El hombre identificado como G.C. está actualmente alojado en una cárcel federal por una causa de reducción a la servidumbre, ajena en principio a los expedientes por los autos. Sin embargo, fuentes vinculadas a las pesquisas sostienen que habría seguido haciendo gestiones y manteniendo contactos desde la cárcel.

No es su primera aparición en las crónicas policiales. En 2022 fue conocido como el "gigoló de Fray Luis Beltrán" después de que la Justicia Federal de Rosario lo procesara por trata de personas y le dictara prisión preventiva. Aquella investigación se inició por el caso de una adolescente en situación de vulnerabilidad a la que, según determinó la Justicia en ese momento, habría captado y sometido mediante mecanismos de manipulación y control.

Su historial se extiende incluso a años anteriores. G.C. había alcanzado notoriedad en Chile por una serie de denuncias de mujeres que aseguraban haber sido engañadas y estafadas tras entablar relaciones con él. Para 2019, medios rosarinos daban cuenta de al menos 15 denuncias en el país trasandino. Más tarde aparecieron episodios similares en Santa Fe: una de las denunciantes sostuvo que, después de ganarse la confianza de su entorno, se habían obtenido tarjetas y decenas de créditos a nombre de integrantes de su familia.

La mecánica de la estafa

La maniobra que ahora se investiga en Mendoza comenzaba con personas conocidas o con quienes la pareja lograba establecer un vínculo de confianza. El objetivo era conseguir vehículos en empresas tradicionales de alquiler y, cuando esas compañías empezaron a detectar inconvenientes, también mediante plataformas donde particulares ofrecen sus propios autos.

Después de retirar los rodados, comenzaban las renovaciones de contratos y las demoras para devolverlos. Algunos directamente desaparecían. Los investigadores tienen información sobre vehículos que habrían sido llevados fuera de Mendoza y una de las líneas apunta a que algunos llegaron hasta Rosario, donde presuntamente eran comercializados.

Un caso ilustra cómo se tejía esa confianza. Un abogado y contador mendocino contó al Post que G.C. había sido cliente de su estudio durante un largo período y que siempre había mantenido un comportamiento impecable: pagaba los honorarios en término, se mostraba respetuoso y hasta tenía gestos personales con él. Con el tiempo, le pidió ayuda para alquilar un vehículo con el argumento de que su esposa tenía la licencia vencida y necesitaba el auto para trasladar a su hijo con discapacidad. El profesional aceptó intervenir en la operación, pero el vehículo comenzó a ser renovado y finalmente no fue devuelto.

La persecución que cambió todo

El episodio que puso una dimensión completamente distinta a la trama ocurrió el 13 de agosto de 2026. Ese día, el sistema de lectura automática de patentes del Centro Estratégico de Operaciones detectó en Ciudad un Toyota Etios que tenía pedido de secuestro.

Las cámaras permitieron seguir el desplazamiento del vehículo hasta avenida Emilio Civit. Cuando los policías intentaron detenerlo, el conductor aceleró y comenzó una persecución hacia el oeste. La fuga continuó por avenida Libertador y terminó frente al Ecoparque, donde el Etios chocó contra otro automóvil y volcó.

Los dos hombres que viajaban en el Toyota fueron detenidos. Al revisar el habitáculo, los policías encontraron un paquete compacto debajo del volante. La Policía Contra el Narcotráfico confirmó después que se trataba de 1.029 gramos de cocaína. También fueron secuestrados dos teléfonos celulares.

Hasta ese momento se sabía que el vehículo tenía un pedido de secuestro relacionado con una investigación por defraudación por estelionato, es decir, realizar operaciones comerciales con bienes que no son propios. Lo que ahora surge de la causa permite conectar aquel episodio con la trama de los alquileres.

El Toyota Etios habría sido alquilado a nombre de una empleada de OSEP, que además es martillera, y que actualmente se encuentra detenida en una dependencia policial de Godoy Cruz. Según la versión aportada por su defensa, la mujer alquiló a su nombre el auto y lo entregó a los sospechosos, a quienes conocía, aunque aseguró que no sabía para qué fin iba a ser usado el vehículo.

Por ahora, las causas avanzan por carriles diferentes. Pero todas comienzan a confluir alrededor de una misma pareja y de una metodología que, según la investigación, se habría repetido una y otra vez.

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