Analizaron más de 4.000 muestras de suelo y agua en Río Negro y Neuquén: el dato que preocupa a los productores

Un productor mandó una muestra de su chacra al laboratorio con una pregunta simple. Lo que encontraron los análisis de más de 4.000 casos en Río Negro y Neuquén cambió la forma de mirar el suelo y el agua de riego.

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Analizaron más de 4.000 muestras de suelo y agua en Río Negro y Neuquén: el dato que preocupa a los productores
Analizaron más de 4.000 muestras de suelo y agua en Río Negro y Neuquén: el dato que preocupa a los productores

El Laboratorio de Agua y Suelo (LASSPA) acumuló más de 4.000 muestras provenientes de distintos sistemas productivos de Río Negro y Neuquén, y los resultados empiezan a mostrar un panorama que los especialistas no quieren dejar pasar: la heterogeneidad de los ambientes productivos es mucho mayor de lo que se suponía.

Las muestras no llegan por azar. Cada una responde a una consulta concreta: por qué un cultivo no responde, si hay acumulación de sales, cómo está la fertilidad del suelo, si el agua sirve para riego o cómo manejarlo según las condiciones del terreno. Detrás de cada frasco hay una chacra y una decisión productiva.

Salinidad: el problema que no siempre se ve

Uno de los hallazgos más repetidos es la salinidad. Los análisis muestran desde suelos sin limitaciones importantes hasta casos con una fuerte acumulación de sales. En algunos lotes, además, la salinidad aparece asociada a problemas de sodicidad; en otros, ambos procesos se presentan por separado.

La distinción no es un detalle técnico. Las estrategias de remediación cambian por completo: una acumulación de sales puede requerir mejorar la lixiviación y el drenaje, mientras que los problemas asociados al sodio obligan a considerar la calidad del agua y la aplicación de enmiendas.

Fertilidad dispar entre chacras y dentro de un mismo lote

Los contenidos de materia orgánica, nitrógeno y fósforo varían entre chacras y también dentro de un mismo lote. En muchos casos se detectaron valores bajos o muy bajos.

Conocer la fertilidad permite ajustar la fertilización, evitar aplicaciones innecesarias y detectar limitantes. La materia orgánica no solo aporta nutrientes: también incide en propiedades físicas y biológicas que condicionan la respuesta productiva.

Lo que el agua hace después de aplicarla

Conocer un suelo no es solo medir salinidad, pH o nutrientes. En las áreas irrigadas, las propiedades físicas son determinantes porque definen qué ocurre con el agua después de aplicarla. La textura, la densidad aparente, la porosidad, la infiltración y la capacidad de almacenamiento condicionan cuánto puede recibir el suelo, con qué velocidad ingresa y cuánta queda disponible para los cultivos.

El LASSPA incorpora esas determinaciones junto con los análisis químicos, lo que permite una caracterización más integral con aplicación directa sobre el diseño y manejo del riego. Un suelo arenoso, con alta velocidad de infiltración y baja capacidad de almacenamiento, exige una estrategia distinta a la de uno arcilloso, que recibe el agua lentamente y la retiene más tiempo. Esas diferencias marcan la frecuencia, la duración de los riegos y los caudales aplicados.

En riego localizado, los datos permiten comprender cómo se desarrolla el bulbo húmedo; en aspersión, ajustar la intensidad para evitar escorrentía; y en riego gravitacional, relacionar el avance del agua con la infiltración para definir los tiempos de corte.

Calidad del agua: ni buena ni mala, depende

El otro componente es la calidad del agua de riego. Los análisis muestran desde fuentes con baja salinidad y bajo riesgo de sodificación hasta otras con restricciones que requieren condiciones específicas de manejo.

Definir un agua como “buena” o “mala” puede resultar insuficiente. Su aptitud depende del suelo sobre el que se aplica, del cultivo y del sistema de riego. La acumulación de sales no depende solo de las que ingresan con el agua: también intervienen la cantidad preexistente, la infiltración, el drenaje y el movimiento del agua dentro del perfil.

Por eso, suelo, agua y riego deben analizarse como partes de un mismo sistema. Tras varios años de funcionamiento, la información acumulada por el LASSPA permite ir más allá de la consulta individual y comparar situaciones para comprender mejor los sistemas irrigados.

El desafío, según los especialistas, es transformar esos datos en decisiones de manejo que conserven la capacidad productiva, mejoren la fertilidad, prevengan la degradación y permitan diseñar el riego según las condiciones reales de cada suelo.

Obtención de muestras de suelo para realizar los análisis de su estructura.

Muestras de suelos

Instrumental del laboratorio

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