Armó un cencerro con un envase de remedio y hoy lo miran millones en el streaming
Empezó armando un cencerro con el envase de un remedio y dos latas de leche en polvo. Años después, una invitación que llegó por TikTok lo llevó a los streams más vistos de Buenos Aires.
Marcelo Chelito Miranda tenía diez años y las ganas de tocar chamamé le sobraban. Lo que faltaba era plata. Así que se fabricó sus propios instrumentos con lo que encontró en la casa de Roca: dos latas de leche en polvo convertidas en timbales y el envase naranja de un remedio transformado en cencerro. Con ese equipo improvisado arrancó una historia que, 16 años después, llevó a Los Miranditas desde Paso Córdoba hasta las pantallas de los programas de streaming más vistos de Buenos Aires.
«Me había hecho unos timbales con dos latas de leche en polvo y el envase naranja de un remedio que era de plástico duro; ese era el cencerro», recordó el cantante sobre aquellos primeros pasos. La banda nació de un pedido familiar: su madre, Lidia, le encargó a su esposo Marcelo que armara un conjunto después de un contratiempo artístico en El Cuy. Nadie sabía leer música en esa casa. «Lo nuestro fue siempre de oído. Mi viejo aprendió a tocar el acordeón de oído y yo aprendí todo lo que sé de oído, nomás», explicó Chelito.
De la Línea Sur a las plataformas
El grupo empezó a recorrer festivales y peñas de la Línea Sur rionegrina, sumando kilómetros por causas solidarias. «Hemos ido a tocar hasta Jacobacci a beneficio por el combustible, porque mi viejo siempre fue de ayudar mucho a la gente», contó sobre la vocación comunitaria que heredó de su padre.
Durante años la música convivió con otro trabajo: Chelito descargaba materiales en un corralón, vendía varillas y manejaba postes. A los 22 años, una promesa lo empujó a decidirse. Antes de que su abuela falleciera, le había asegurado: «Le dije que con mi música iba a llegar a Chile». Y entonces entendió que el arte también era un oficio. «Yo ya tenía un trabajo y tocaba por hobby. Después entendí que la música era un trabajo más porque me generaba ganancias; tenía que poner el foco en una sola cosa y arriesgarme», aseguró.
Esa determinación lo llevó a invertir en equipos digitales propios y a autoproducir sus primeros temas. «A la música hay que darle dedicación porque si no tenés que grabar o ensayar y no podés», reflexionó.
El «chamamé sediento» que nació de una alpargata
El ambiente tradicionalista miraba de reojo. Chelito apostó igual por el terreno digital. «Entendí que el éxito está en hacer las cosas diferentes e intentar no hacer lo que hacen los demás», sentenció.
Con humor criollo y sin estructura, empezó a subir ocurrencias cotidianas a TikTok e Instagram. La más famosa nació en la mesa familiar: «Miré la piedra de afilar y la alpargata que mi vieja había lavado, y dije: ‘¿Cómo la afilo? Con la chaira’. Le salió el ruido justo y a la gente le encantó», relató entre risas sobre la muletilla de «afilar la alpargata».
De ese estilo festivo surgió el concepto del «chamamé sediento», un sello patagónico que mezcla la raíz campera con ritmos urbanos como el RKT. «Tenemos un estilo propio que es más fiestero, más sediento, que te escucha y te da ganas de tomar algo», definió el bajista Ramiro Cheuquehuala. Temas como «Será Aventura», cuyo videoclip se rodó cerca de Aluminé, superaron el medio millón de reproducciones en YouTube, y los enganchados del «Mix Sediento» explotaron en redes.
El salto a Buenos Aires
El productor musical Leonardo Belizan, de Wesaisons, los descubrió en TikTok y los invitó a la capital. El viaje se armó con Cheuquehuala, el filmaker Leo Núñez, el sonidista Antoni Tuero, el guitarrista Elvis Herrera y el joven acordeonista Bruno Huinca.
En Buenos Aires alcanzaron un hito: fueron el primer grupo de chamamé patagónico en presentarse en la pantalla de Pasión de Sábado y en streamings como Un Poco de Ruido, A Fuego Lento y Dios Perdona, Nosotros ¡No!. «Para nosotros estar allá fue una locura y un llanto de alegría de que valió la pena todo el sacrificio», recordó el vocalista.
Con la marca registrada y proyectos junto a discográficas de alcance nacional, la banda mantiene sus raíces rionegrinas. Los recambios de formación no rompieron el grupo, que sigue con agenda de presentaciones por la región y apunta a las fiestas populares más importantes del país.