Artemis II en marcha: el cohete lunar inicia su lenta travesía mientras una amenaza solar acecha
El cohete más poderoso del mundo ya está en camino a su plataforma para un viaje histórico a la Luna. Pero científicos de la NASA lanzaron una alerta inesperada que podría cambiar todos los planes. ¿Logrará la misión despegar a tiempo?
La NASA puso en movimiento al gigantesco cohete SLS y la nave Orion de la misión Artemis II hacia su plataforma de lanzamiento en Florida, tras superar una falla técnica. Sin embargo, el histórico viaje tripulado a la Luna enfrenta una advertencia inesperada: una posible tormenta solar que algunos científicos piden evitar postergando el despegue. La agencia mantiene, por ahora, la fecha objetivo del 1° de abril.
El traslado desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB) hasta la Plataforma de Lanzamiento 39B en el Centro Espacial Kennedy es un proceso delicado que puede durar hasta 12 horas. El transportador de la agencia debe recorrer aproximadamente seis kilómetros y medio con el lanzador móvil y su preciada carga.
Las operaciones habían sufrido un retraso de más de un día debido a los fuertes vientos en la zona, pero finalmente el convoy se puso en camino.
¿Qué problemas técnicos obligaron a reparaciones?
Este movimiento hacia la plataforma se produce después de que el cohete tuviera que regresar al VAB para solucionar una falla. Tras un simulacro de carga de combustible exitoso el 21 de febrero, los equipos identificaron un problema que impedía el flujo de helio hacia la etapa superior del SLS.
Una vez dentro del enorme edificio, los ingenieros no solo repararon esa falla, sino que realizaron una serie de actualizaciones y pruebas cruciales. Se activó un nuevo conjunto de baterías del sistema de terminación de vuelo y se reemplazaron baterías en la etapa superior, la etapa central y los propulsores sólidos.
Además, se cargaron los sistemas de aborto de lanzamiento de la Orion y se sustituyó un sello en la línea de alimentación de oxígeno líquido de la etapa central. También se volvió a probar la placa umbilical del mástil de servicio de oxígeno para garantizar un sellado hermético. Todas estas tareas se completaron con éxito.
La advertencia que viene del Sol
Mientras el hardware avanza físicamente, un desafío de otro tipo se cierne sobre la misión. Un grupo de científicos del Centro de Investigación Ambiental y Ciencias de la Tierra (CERES) de la NASA advirtió esta semana sobre la probabilidad de tormentas solares intensas en las próximas semanas.
Estos fenómenos, que ocurren cuando corrientes de viento solar impactan contra el campo magnético terrestre, podrían generar condiciones peligrosas para el vuelo. Los riesgos incluyen afectar las comunicaciones, dañar satélites y sistemas tecnológicos, y aumentar la exposición a radiación para la tripulación.
La recomendación de estos investigadores fue contundente: postergar el lanzamiento hasta finales de 2026 para evitar este período de alta actividad solar. Sin embargo, la NASA ha confirmado que, por el momento, el cronograma no se modificará.
La agencia mantiene el primer intento de despegue para el 1° de abril, pero ha establecido un monitoreo permanente del comportamiento del Sol. El objetivo es anticipar cualquier evento de alta energía y activar protocolos de protección en tiempo real para salvaguardar a la tripulación durante toda la misión.
Un viaje que hará historia
Artemis II es una misión de aproximadamente 10 días que llevará a cuatro astronautas a orbitar la Luna. La tripulación está compuesta por los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, quien se convertirá en la primera mujer en orbitar nuestro satélite, junto con el canadiense Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense (CSA).
Este vuelo marcará el primer viaje tripulado del programa Artemis, que busca establecer una presencia humana sostenible en la Luna. Le seguirá Artemis III en 2027, planeado como un vuelo de prueba en la órbita terrestre, y Artemis IV en 2028, que tiene como objetivo llevar personas nuevamente a la superficie lunar.
La misión también tiene un componente argentino: llevará a bordo un pequeño satélite desarrollado en el país, agregando un vínculo local a este esfuerzo internacional.