Atendió a comunidades originarias y tocaba la guitarra en las peñas: murió un médico que dejó huella
Su partida enlutó a Calingasta y a los pueblos donde vivió. Días antes, los vecinos se habían movilizado para conseguir donantes de sangre.
El reconocido médico César Douglas Sánchez, conocido como "Piova", falleció tras atravesar complicaciones de salud que lo obligaron a ser trasladado a la ciudad de San Juan. La noticia cayó como un balde de agua fría en Calingasta y en las otras comunidades donde dejó su huella.
Durante las últimas semanas, familiares, amigos y vecinos habían organizado cadenas de oración y una colecta de sangre para acompañarlo en el delicado momento. Su partida generó una ola de mensajes de tristeza y afecto entre quienes lo conocieron.
Una vida dedicada a los demás
Sánchez se recibió de médico en la Universidad Nacional de Córdoba en 1985. Desde entonces, su carrera estuvo marcada por la vocación de servicio y por la decisión de acercar la salud a los lugares donde más se necesitaba.
Junto a su esposa, la también médica Mercedes Muñoz, trabajó en El Impenetrable chaqueño, donde atendieron a comunidades originarias. Allí no solo ejercieron su profesión, sino que también construyeron lazos profundos con la gente.
En los últimos años, la pareja se radicó en Claromecó, donde "Piova" volvió a ganarse el cariño de los vecinos por su trato cercano, su sencillez y su manera humana de ejercer la medicina.
La colecta de sangre en Barreal
A fines de agosto, cuando su salud ya era delicada, se difundió un pedido para conseguir 15 donantes de sangre de los grupos 0+ o 0-. Por eso, se organizó una colecta en el Hospital de Barreal para el martes 25 de agosto.
La convocatoria tuvo una gran respuesta de vecinos y allegados que se sumaron para intentar ayudarlo en ese momento difícil.
La música, otra de sus pasiones
Además de la medicina, Sánchez era un apasionado de la guitarra y el folklore. Durante años participó en peñas de Cuyo y del norte argentino, donde compartió escenario con distintos artistas.
Esa pasión lo acompañó hasta el final: incluso durante su residencia en Claromecó siguió ligado a la música, un amor que marcó buena parte de su vida.