Atropelló, mató y escapó en Bariloche: la Justicia le puso precio a su huida
¿Cuánto pesa en una condena haber atropellado, pasado por encima y acelerado para escapar? El acuerdo que cerró el caso en Bariloche dejó una pena y un dato que el tribunal marcó como antecedente.
Un joven de 26 años fue condenado a cinco años y cinco meses de prisión efectiva por atropellar y matar a un peatón en Bariloche y huir sin asistirlo. La pena se cerró en un juicio abreviado, después de que el acusado reconociera su responsabilidad y aceptara el acuerdo propuesto por la fiscalía y avalado por su propia defensa.
El caso quedó en manos de los jueces Bernardo Campana, Martín Arroyo y Romina Martini, que revisaron la prueba y homologaron el convenio. Con esa firma se puso fin a uno de los procesos por muertes de tránsito más resonantes de los últimos años en la ciudad.
La noche del 27 de junio
Todo ocurrió de madrugada, en la esquina de Ruiz Moreno y Vilcapugio. Facundo Marín venía de compartir un asado con amigos en un taller del barrio y salió a manejar su Ford Fiesta acompañado por otro joven, menor de edad.
Al cruzar la calle, Emilio Juárez Villarreal, de 44 años, fue embestido por el auto. Las lesiones fueron múltiples: fractura de cráneo, fractura de tibia y peroné de la pierna derecha, traumatismo encefálico severo y traumatismos torácico y pélvico por aplastamiento. El hombre murió horas después de ingresar al hospital.
Una cadena de agravantes
Lo que terminó de complicar al conductor fue el cúmulo de circunstancias que rodearon el hecho. Según quedó probado, manejaba alcoholizado, se dio a la fuga sin prestar ayuda y arrastraba una prohibición para conducir desde que lo habían sorprendido con 2,74 gramos de alcohol por litro de sangre.
La investigación también acreditó que cambió las patentes del vehículo, lo escondió en un campo cercano a Mascardi —donde apareció días más tarde— y presionó al testigo principal para que no contara nada de lo sucedido.
El acuerdo que evitó el juicio oral
La defensa, a cargo de Pablo Calello, no logró esquivar la prisión efectiva, pero sí desactivar la calificación inicial que la fiscalía había sostenido al formular cargos: homicidio simple con dolo eventual. Esa figura exponía a Marín a una pena de entre 8 y 25 años.
Calello explicó que las evidencias contra su cliente eran numerosas y contundentes y que su consejo técnico fue aceptar los términos del acuerdo. De ir a juicio, según dijo, las posibilidades de una sentencia adversa eran grandes. La pena incluye además una inhabilitación para conducir por diez años.
Los fiscales Betiana Cendón y Marcos Sosa Lukman remarcaron la fuga del imputado y sostuvieron que las características del hecho y la fuerza de la prueba justificaban avanzar con el juicio abreviado y la pena de 5 años y 5 meses.
Qué pesó en la balanza
La primera acusación se había apoyado en una cámara callejera que mostraba al conductor acelerar. Pero el testimonio del menor que iba en el Ford Fiesta terminó siendo determinante: contó que ambos habían tomado alcohol y que sintió como si el auto saltara en un lomo de burro.
A eso se sumaron el acta policial, el croquis del lugar, los informes médicos y una pericia sobre los neumáticos y las improntas en la ropa de la víctima, que arrojó una coincidencia absoluta.
Los jueces consideraron que la calificación de homicidio culposo agravado se ajusta a derecho y que la pena está dentro de la escala. También dejaron asentado el peso de la prohibición de conducir violada, la ingesta desmesurada previa y el hecho de haber vuelto a tomar alcohol esa noche antes de manejar con clara imprudencia.
El fallo, fechado en septiembre pero difundido esta semana, remarcó que Marín impactó a la víctima, siguió de largo pasándole por encima y aceleró con el solo fin de escapar. Para el tribunal, esa actitud demuestra un desprecio significativo por las normas vigentes y por la vida de terceros.
Ante los jueces, el condenado reconoció su responsabilidad, aceptó el acuerdo y la pena, y pidió disculpas a la familia de Juárez Villarreal.