Bajó 5 kilos en una semana y su cuerpo dijo basta: la pastelera de Comodoro que tuvo que cerrar su local y ahora cocina distinto

Bajó cinco kilos en una semana y su cuerpo le puso un freno que no esperaba. La pastelera de Comodoro que se hizo conocida por su local libre de gluten tuvo que tomar una decisión drástica, y lo que hizo después con su cocina sorprendió a todos.

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Bajó 5 kilos en una semana y su cuerpo dijo basta: la pastelera de Comodoro que tuvo que cerrar su local y ahora cocina distinto
Bajó 5 kilos en una semana y su cuerpo dijo basta: la pastelera de Comodoro que tuvo que cerrar su local y ahora cocina distinto

Julieta Suárez tiene 33 años, creó Amapola Gluten Free y se hizo conocida en Comodoro Rivadavia por su pastelería libre de gluten. Hace poco menos de un año recibió un diagnóstico que le cambió la vida: colitis ulcerosa. Bajó cinco kilos en cinco días, su cuerpo le puso un freno y tuvo que tomar una decisión que nunca imaginó: cerrar el local que había fundado tres años atrás.

“Tomé la decisión de que quiero remitir esto. Me propuse una meta: que dentro de un año mi intestino esté sano”, dice la pastelera, que lejos de bajar los brazos se reinventó y ahora busca llegar a más personas con una cocina saludable, libre de gluten y de lactosa.

Julieta ya tenía un problema intestinal desde hacía siete años, por el cual había dejado el gluten. Primero le diagnosticaron una intolerancia al gluten no celíaca y este año comenzaron otros síntomas. “Fue un año bastante duro, no solo para mí, sino también para Comodoro y para todos los negocios. Eso me generó un poco de estrés: pagar cuentas, proveedores, cada vez estaba más difícil”, relata.

Del verano al diagnóstico

Los primeros síntomas aparecieron en el verano, pero ella estaba a full con el local, tratando de mantenerlo a flote. En febrero, cuando participó de El Kilómetro del Alfajor, sintió que las molestias habían empeorado. En marzo apareció sangre y supo que tenía que ir al médico urgente.

“Tenía mucho moco y no era normal. También distensión abdominal, me descomponía y volvieron las migrañas, pero en mayo iba hasta cinco veces por día al baño y empezó a aparecer sangre. Así que un domingo hablé con mi mamá y me dijo: ‘tenemos que ir a un gastro’”, recuerda.

Le hicieron estudios de sangre y, previo a una colonoscopia, una calprotectina, un estudio que mide la inflamación intestinal. El resultado fue contundente. “Ahí empezó todo un proceso”, admite. “Dependiendo de cómo la tomes, esta enfermedad puede ser muy abrasiva, tiene síntomas complejos, a su vez bajás mucho de peso. Imaginate que en cinco días bajé cinco kilos así de una, porque no paraba de ir al baño”.

La medicación también pesa en el bolsillo: cada caja de mesalazina cuesta $400.000 y dura un mes. En su caso, la especialista aumentó la dosis y la prepaga cubrió una parte, mientras que su madre la ayudó con la compra.

El duelo de cerrar Amapola

En ese contexto, Julieta tomó una decisión difícil: cerrar Amapola Gluten Free, el local que había fundado tres años atrás. La colitis ulcerosa es tratable, pero si se deja escalar puede derivar en peritonitis u otra enfermedad grave. Para no llegar a los extremos, la salud fue primero.

Fue su segundo duelo del año. El 17 de febrero falleció su abuelo, Tito Cárcamo, conocido panadero de Comodoro Rivadavia, que le contagió la pasión por las masas. “Él fue mi primer maestro. Tenía ese don del servicio y, para mí, fue un gran orgullo que él haya podido ver abierta la pastelería y que haya visto que alguien seguía su legado”, dice.

Pero aclara, entre risas: “Sigo siendo la dueña, por más que el negocio esté cerrado físicamente; sigo siendo la dueña, porque sigue vigente para dar servicio y los clientes me siguen pidiendo”. Al local venían personas con cáncer, intolerantes al gluten, a la lactosa, diabéticos y celíacos. “Mi idea fue que todos pudieran compartir la mesa”, cuenta.

Una cocina nueva, un servicio nuevo

Julieta se puso a investigar cómo hacer alimentos más nutritivos. Cada mañana se levanta, se hace un mate con coco y experimenta combinaciones con menos almidón. Trabaja con harinas germinadas, que ya tienen el paso previo de la digestión hecho, lo que las vuelve antiinflamatorias, de bajo índice glucémico y aptas para diabéticos.

A esos productos sumó clases online a través de @juli.universoparalelo en Instagram. Así se contacta con gente de distintas partes de Argentina que atraviesa situaciones similares. “Me llegan mensajes como ‘mi hija recién está diagnosticada con celiaquía’, y yo siempre digo: entre todos nos podemos ayudar a estar mejor. Es súper importante acompañarse”, afirma.

Y remarca: “La alimentación es una de las patas; no te vas a curar comiendo de esa manera, pero sí ayuda a la terapia, a seguir lo que te están diciendo los médicos”.

Este domingo brindará una clase sobre inflamación intestinal en el Centro de Jubilados del barrio Roca. Será arancelada. También lanzó una línea llamada “Bienestar”, con apanadas sin azúcar, panes antiinflamatorios, prepizzas y cookies de avena.

“Yo siempre digo que tenemos opciones de cómo tomarnos las cosas y yo elegí ir para adelante, acompañada por mi familia y mis amigos que me sostienen”, cierra Julieta, que desde los 9 años, cuando cocinó por primera vez, supo que la cocina era su gran pasión.

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