Boca sufrió hasta el final en el Maracaná, pero un remate desde 25 metros lo cambió todo

El Maracaná rugía con 70.000 hinchas del Vasco y Boca necesitaba un gol que cambiara la serie. Lo consiguió, pero lo que vino después casi lo deja sin final: un remate desde 25 metros en el cierre definió todo.

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Boca sufrió hasta el final en el Maracaná, pero un remate desde 25 metros lo cambió todo
Boca sufrió hasta el final en el Maracaná, pero un remate desde 25 metros lo cambió todo

Con un gol agónico de Leandro Paredes a los 43 minutos del segundo tiempo, el Xeneize venció 3-1 a Vasco da Gama y se metió en la final de la Copa Sudamericana. El capitán, que había ingresado desde el banco, sacó un latigazo desde afuera del área que Léo Jardim terminó metiendo en su propio arco y desató el delirio de los 4.000 hinchas que viajaron a Río de Janeiro.

En lo alto del Maracaná, en ese rincón azul y amarillo que se recortaba entre los 70.000 simpatizantes del Vasco, la parcialidad boquense se abrazó como en los viejos tiempos. Saltos, cánticos y toda la tensión acumulada de una noche que quedará en la memoria. Boca volvió a meterse en una definición continental.

Un gol tempranero para bajar el ruido

El equipo de Rodolfo Arruabarrena necesitaba rápido ese gol que igualara la serie y silenciara un estadio que rugía como en una final. Vasco había montado un recibimiento con banderas, mosaicos y un cotillón imponente, pero los argentinos no habían cruzado la frontera para ser parte del decorado.

Salió decidido, hizo circular la pelota con velocidad y buscó desde el arranque a Sebastián Villa y Leonel Flores como puntas lanzados, mientras el local todavía se acomodaba. El premio llegó de pelota parada: centro de Lautaro Blanco y aparición de Lautaro Di Lollo para ganarle de arriba a Santiago Sosa y batir a Léo Jardim.

El grito bajó desde lo alto de las tribunas con unos segundos de retraso y sonó fuerte. Fue, también, un mensaje: Boca no había ido solamente a empatar la serie.

Un partido que se abrió de golpe

Con el 1-0, Vasco quedó obligado a salir y el trámite se partió. Durante varios minutos ambos miraron el arco de enfrente como si el mediocampo no existiera. Arruabarrena y Pedro Emanuel pedían calma desde el borde del campo, pero adentro no había tiempo para respirar.

Después de un par de avisos por lado, los dos equipos entendieron que convenía bajar el ritmo. Milton Delgado empezó a seguir de cerca a Alan Lescano, Miguel Merentiel tapó mejor la salida de Santiago Sosa y Boca comenzó a manejar los tiempos con más inteligencia. Vasco, en cambio, se apuró y quedó expuesto.

Así llegaron las mejores chances del Xeneize: primero Villa, con un remate que contuvo Léo Jardim; después Merentiel, tras una asistencia del colombiano que lo dejó con espacio y tiempo para definir.

El ingreso de Paredes y el descuento local

El buen primer tiempo hizo olvidar rápido la ausencia de Leandro Paredes, que entró llamativamente en el momento más caliente, cuando Vasco apuraba con los ingresos de Brenner Marlos y Marino Hinestroza. El capitán, con apenas 11 días de recuperación de un desgarro, se paró casi como líbero y Boca perdió un hombre en el medio, una señal que invitó al local a venirse.

Justo antes del cooling break, que podía servirle a los de Arruabarrena para acomodar las piezas, llegó el descuento de José Luis Rodríguez: encontró una pelota suelta en el área y sacó un latigazo cruzado. Desde ahí, casi todo fue de Vasco.

El milagro del cierre

Pero Boca todavía no había usado su carta. Y la encontró en el final, con ese disparo de Paredes desde 25 metros que Léo Jardim terminó metiendo en su propio arco. La serie, que parecía destinada a los penales, se inclinó de golpe.

Para ganar partidos así también hace falta carácter, jerarquía y, por qué no, un poco de suerte. No es un título ni es la Libertadores, pero es Boca otra vez en una definición, después de una noche que explica buena parte de su historia copera. Y justo en el mismo estadio donde se le escapó la Libertadores de 2023, donde apenas había ganado una vez y al que esta vez llegó contra las cuerdas, obligado a remontar el 0-1 de la Bombonera.

La fiesta y lo que viene

La celebración seguirá en las playas de Copacabana, en los bares de Barra da Tijuca y en distintos puntos de una ciudad que, por unas horas, volverá a hablar de Boca.

El 21 de noviembre, el Xeneize viajará a Barranquilla para buscar la consagración de la Copa Sudamericana. Del otro lado podría aparecer Atlético Mineiro, que goleó 3-0 a City Torque y este miércoles definirá la serie en Uruguay. La final caerá en medio de la definición del Clausura y de la Copa Argentina. Ya habrá tiempo para hacer cuentas, administrar piernas y mirar el calendario.

Esta noche, nada de eso importa demasiado. Boca vino a Río con una misión y la cumplió. Sobrevivió a una serie que había empezado torcida y le avisó al continente que está de regreso. De la mano de Rodolfo Arruabarrena, después de tantos golpes y frustraciones, volvió a sentirse a Boca.

Resistiendo, aguantando y encontrando la forma de torcer la historia cuando todo parecía escrito: a lo Boca.

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