Borges entró en la bóveda de Madrid y Macri lo rebautizó con un nombre que no es el suyo
Mariana Kodama dijo "ha llegado el día" y la bóveda del Cervantes se abrió para recibir el legado. Entre los objetos que viajaron desde Buenos Aires hay una foto de Toledo y una carta de Sarmiento, pero el acto tuvo un protagonista inesperado: el furcio de Macri.
MADRID.— El legado de Jorge Luis Borges ya descansa en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, en Madrid, pero el acto que lo celebró dejó un detalle que nadie esperaba: Jorge Macri lo llamó "José Luis". El jefe de Gobierno porteño tropezó dos veces con el mismo furcio durante su discurso, en una jornada que reunió piezas invaluables del escritor y de María Kodama, su pareja y difusora de su obra.
La ceremonia se realizó esta mañana en la bóveda del edificio que antiguamente funcionó como banco. Allí, las cajas número 1618 y 1628 —destinadas a Borges y a Kodama— recibieron materiales trasladados desde Buenos Aires.
"Ha llegado el día", dijo Mariana Kodama segundos antes del inicio. Luis García Montero, director de la institución y anfitrión del acto, repitió la frase en eco. La cita forma parte de los tres eventos con los que Madrid homenajea al autor de El Aleph a cuarenta años de su fallecimiento: la incorporación a la bóveda, un recital y una exposición.
Qué objetos viajaron de Buenos Aires a Madrid
Las sobrinas de Kodama, Mariana y María Victoria, fueron las encargadas de detallar la selección. Según explicaron, las piezas permiten ver "la vida que llevaron juntos, tan interesados por distintas culturas, por recorrer el mundo y con un valor intelectual muy importante".
Entre los materiales incorporados hay una edición original de Poemas (1923-1958), una edición facsimilar de la revista mural Prisma y escritos sobre Rafael Cansinos Assens, uno de los maestros del escritor. También sumaron fotografías de Borges y Kodama en Toledo —ciudad que tenía "mucha significación para él", donde transcurre el cuento "El brujo postergado"— y en la ceremonia del Premio Cervantes, traducciones de Kodama y un libro que recopila sus conferencias sobre Borges.
La Fundación Internacional Jorge Luis Borges, el Instituto Cervantes y el ministerio porteño impulsaron este ingreso. García Montero definió la obra del autor como "de una originalidad y una profundidad excepcionales, capaz de dialogar con las grandes tradiciones literarias y filosóficas del mundo, sin perder nunca su estrecha relación con Buenos Aires, con sus calles, sus barrios y sus personajes".
El director también dedicó palabras a Kodama: "Este homenaje estaría incompleto sin reconocer también la figura de María Kodama, cuya vida estuvo profundamente vinculada a Borges y que desarrolló además una importante labor intelectual y cultural propia". Y agregó que recordarlos juntos supone reconocer "una historia de complicidad intelectual, de amor por los libros y de compromiso con la literatura".
La idea que Macri quiere copiar para Buenos Aires
Durante su discurso, Macri barajó trasladar la iniciativa al Río de la Plata para conservar piezas del acervo local. "A ver si me llevo esta idea maravillosa para Buenos Aires, si nos permiten copiarles la idea", dijo. Fue en ese mismo discurso donde rebautizó al mayor escritor argentino como "José Luis".
Del acto también participaron la ministra de Cultura de Buenos Aires, Gabriela Ricardes, y la directora general de Cooperación Cultural del ministerio, María Victoria Alcaraz, entre otras autoridades.
García Montero explicó el sentido de la bóveda: "La Caja de las Letras nació con el deseo de conservar recuerdos y testimonios de quienes han contribuido a enriquecer nuestra cultura, de impedir que el paso de los años borre su presencia. Nuestro mejor compromiso con el futuro es saber heredar las mejores herencias del pasado".
Un preludio con piano, "El Aleph" y tangos
La capital española celebra el arte porteño en el marco del programa Buenos Aires en Madrid, y en esta edición Borges es el epicentro. Ayer, en Casa de América, se presentó un concierto de piano a cargo de Pablo Citarella. Con música en vivo de fondo, los actores españoles Imanol Arias y Ana Arias leyeron un fragmento de "El Aleph". El cierre estuvo a cargo de Romina Balestrino, que interpretó tangos y terminó con "Sur", el clásico de Aníbal Troilo y Homero Manzi.
La muestra que recorre su vida y su biblioteca
Los argentinos Raúl Manrique Girón y Claudio Pérez Míguez residen en Madrid desde hace 24 años y allí crearon el Museo del Escritor, institución única en su tipo con un patrimonio de autores de la lengua. Ellos son los curadores de Borges: el otro, el mismo, la muestra que recorre la obra del autor en la Fundación Ortega-Marañón. Todas las piezas exhibidas pertenecen al Museo del Escritor. En 2016, con el visto bueno y la participación de Kodama, ya habían realizado otra muestra homenaje en Madrid.
Uno de los tesoros es el original de la carta que el presidente Domingo Faustino Sarmiento le envió al coronel Francisco Borges, abuelo del escritor, en 1874, clave para el futuro del militar. El recorrido arranca por el eje familiar —Borges hijo, hermano, cuñado y nieto— con pinturas originales de Norah Borges, objetos de Guillermo de Torre y un ejemplar de En la bahía, de Katherine Mansfield, con traducción de la madre del escritor. Un código QR permite acceder a videos y grabaciones complementarias.
El vínculo con el Martín Fierro tiene un espacio especial: su madre le prohibió leerlo de chico porque decía que era "solo indicado para matones y colegiales". También se exhiben artículos que Borges publicó en periódicos como LA NACION y que luego integrarían antologías.
La muestra invita a la biblioteca personal del autor: primeras ediciones, correspondencia, dedicatorias, discos, fotografías originales y libros que le pertenecieron, de G.K. Chesterton, Montaigne y Oscar Wilde, entre otros. También revela cómo otros escritores se vinculaban con él: hay un ejemplar de Otras inquisiciones que perteneció a Alejandra Pizarnik, anotado y subrayado por la poeta, y una primera edición de Ficciones que fue de Julio Cortázar.
Borges vivió en Madrid cuando era muy joven. En pleno Sol, sobre una tienda de cosméticos conocida, una placa amarilla señala el edificio donde residió a inicios de la década del veinte. Más de un siglo después, la ciudad lo recuerda con admiración y nostalgia.