Brasil crece, baja la pobreza y el desempleo, pero Lula podría perder contra el hijo de Bolsonaro

Brasil crece, baja la pobreza y el desempleo está en mínimos históricos. Con esos números, la reelección de Lula parecía un trámite. El rival que puede arruinarlo todo tiene un apellido conocido.

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Brasil crece, baja la pobreza y el desempleo, pero Lula podría perder contra el hijo de Bolsonaro
Brasil crece, baja la pobreza y el desempleo, pero Lula podría perder contra el hijo de Bolsonaro

Brasil atraviesa un presente económico que, visto desde Argentina, resulta difícil de imaginar: crecimiento moderado, inflación baja, desempleo en mínimos históricos y una reducción sostenida de la pobreza. Sin embargo, ese panorama no le garantiza al gobierno de Lula la continuidad en el poder.

Los números del tercer mandato de Lula son elocuentes. El país creció 3,2 por ciento en 2023, 3,4 en 2024 y 2,3 en 2025, y para este año se proyecta un valor similar al del año anterior. La inflación se mantiene baja, con una expectativa del 5 por ciento anual para 2026. El desempleo ronda el 5,3 por ciento, el nivel más bajo de la historia, y el empleo formal alcanzó su mejor registro en una década.

A eso se suma una mejora en la distribución del ingreso en favor del trabajo y una caída de la pobreza, que hoy se ubica cerca del 23 por ciento. El dato, medido con las canastas argentinas, dice poco por la falta de comparabilidad, pero lo relevante es su descenso relativo: todos los gobiernos de Lula redujeron la pobreza y mejoraron las condiciones de vida de los trabajadores.

Seguridad, el flanco débil de la centroizquierda

El problema no es económico. La delincuencia no se agravó e incluso bajó la tasa de homicidios, pero persiste el rol de las organizaciones criminales. No se trata de una simple sensación.

La izquierda y la centroizquierda siempre tuvieron dificultades con este tema. La razón no es compleja: aunque la relación entre desigualdad e inseguridad está fuera de discusión, en el corto plazo el problema solo se resuelve con represión, en cualquier país. Por eso la derecha corre con ventaja: el discurso de la mano dura demanda menos esfuerzo intelectual.

Endeudamiento y reformas

Como ocurre en Argentina, aunque con características propias, Brasil también enfrenta problemas de endeudamiento de las familias. Eso alimenta el descontento de algunos sectores y explica las recientes medidas del gobierno contra el juego online. En paralelo, hubo una reforma tributaria ponderada por todos los sectores y un regreso activo del BNDES al impulso de la actividad industrial.

El cuadro general no se parece a una crisis: no hay alta inflación, ni caída del poder adquisitivo de los salarios, ni aumentos del desempleo o la pobreza. La situación mejoró en prácticamente todas las dimensiones durante el tercer gobierno de Lula.

La paradoja: ganar en la economía y perder en las urnas

Aun así, la reelección no está asegurada. El eventual contrincante es Flávio Bolsonaro, hijo de Jair, el expresidente hoy encarcelado por haber intentado un golpe de Estado y protagonista de una experiencia de gobierno deslucida, marcada por el estancamiento económico. La paradoja es que el último de los grandes líderes políticos latinoamericanos podría perder las elecciones, literalmente, contra nadie.

Los analistas políticos suelen sumar explicaciones: sociedades polarizadas, el rol del clasismo frente al ascenso de los sectores más bajos en países con desigualdad extrema, la influencia conservadora y pro estadounidense de las iglesias evangélicas, muy poderosas en Brasil. También los clásicos de siempre cuando la economía va bien: correr el eje del debate hacia la inseguridad y la corrupción, más el desgaste inevitable de los oficialismos.

Soberanía, democracia e injerencia

La paradoja brasileña pone en primer plano un tema tabú: la contradicción, en la periferia del capitalismo, entre soberanía y democracia. O, dicho de otro modo, las limitaciones que enfrentan las democracias occidentales en términos de manipulabilidad electoral e injerencia imperial.

Donald Trump se jacta de que todos los candidatos de la región que contaron con su apoyo, nueve en total, entre los que destaca el presidente argentino, se impusieron en las elecciones. Para el proyecto de la doctrina Donroe, la política exterior más autónoma y multilateralista de Lula siempre fue un incordio.

Ese escenario obliga a repensar las herramientas de injerencia electoral, que no se limitan a las acciones abiertas para afectar la economía, como los aranceles de hasta el 50 por ciento a las importaciones. También incluyen acciones sistémicas a través de las redes sociales. Basta recordar el affaire de Cambridge Analytica durante el Brexit. Desde entonces, con inteligencia artificial, esos mecanismos se sofisticaron: profundizaron su capacidad de generar microclimas y tendencias de opinión, multiplican mensajes a costos mucho menores y ya no se trata solo de microtargeting, sino también de deepfakes.

El resultado es que la voluntad del votante dejó de depender solo de su libre albedrío. La libertad parece haber quedado mediada por estas nuevas herramientas, es decir, por quienes tienen la capacidad y los recursos para manejarlas. El caso de los fiscales bolivianos encarcelados por interferir contra la mano de obra que opera estos mecanismos invita a reflexionar sobre los nuevos límites de las democracias y su contradicción con la soberanía de los países.

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