Brasil define su futuro y Mendoza observa: qué puede cambiar para la provincia
Brasil elige presidente y Mendoza mira con atención: el resultado puede cambiar el precio del vino y del ajo en la provincia. Mientras Lula y Bolsonaro llegan empatados, el comercio bilateral marca récords y la economía local espera definiciones.
Faltan menos de cuatro semanas para que Brasil elija presidente y el resultado no es un dato más de política internacional: para Mendoza, es una variable directa de la economía cotidiana. Con exportaciones por 409 millones de dólares hacia ese país solo el año pasado, la provincia tiene mucho en juego.
La primera vuelta está prevista para el 4 de octubre y, si hace falta, habrá balotaje el 25. Según la última encuesta de Quaest, difundida el 2 de septiembre, Lula aparece con el 37 por ciento de intención de voto, Flávio Bolsonaro con el 30 y el outsider Augusto Cury alcanza el 10. En un eventual balotaje, apenas un punto separa a los dos principales candidatos: un empate técnico que mantiene abierto el escenario.
Una economía con señales contradictorias
Brasil llega a las urnas con un mercado laboral en su mejor momento desde que comenzó la serie: la desocupación es de apenas 5,3 por ciento y el PBI evitó la recesión con una suba interanual del 2 por ciento en el segundo trimestre. Sin embargo, el consumo de los hogares cayó un 0,4 por ciento en el mismo período, la industria de transformación está estancada y la tasa Selic sigue clavada en el 14 por ciento.
Ese combo genera una paradoja que alimenta relatos opuestos. Mientras Lula puede exhibir el nivel de empleo, Bolsonaro apunta al costo del crédito y a la debilidad de la inversión. La deuda bruta, mientras tanto, se encamina hacia el 83 por ciento del producto, un número que condiciona cualquier promesa.
Los programas económicos de ambos candidatos no son intercambiables. El actual mandatario propone profundizar la coordinación estatal, la política industrial y consolidar la reforma tributaria sobre el consumo, con el Mercosur como plataforma productiva. Bolsonaro, en cambio, plantea una meta de crecimiento del 4 por ciento anual sostenida en superávits fiscales, privatizaciones y apertura comercial, además de revisar esa misma reforma para bajar la alícuota proyectada del IVA. Ninguno de los dos presenta un presupuesto plurianual que respalde sus números.
Cinco brasiles, un solo resultado
La geografía electoral no coincide con la económica, y ahí puede estar la clave. El Sudeste concentra el 42 por ciento del padrón y más de la mitad del producto bruto, con Lula y Bolsonaro prácticamente empatados. El Nordeste aporta el 27 por ciento de los votos pero apenas el 14 por ciento del PBI, y es el bastión más sólido del oficialismo. El Sur, de perfil agroindustrial, favorece con claridad a Bolsonaro. El Norte y el Centro Oeste, ligados a la minería, los hidrocarburos y el agronegocio, aparecen más disputados de lo que sugiere el mapa habitual.
Lo que se juega Mendoza
El intercambio bilateral entre Argentina y Brasil alcanzó en 2025 los 31.195 millones de dólares, el mayor valor en trece años, aunque dejó un déficit de 5.653 millones para el lado argentino. Mendoza le vendió a Brasil 409 millones de dólares el año pasado, poco más de la cuarta parte de sus exportaciones totales, con el vino y el ajo como productos estrella.
Para la provincia, lo que pase en Brasil no es una cuestión de afinidad ideológica con el próximo inquilino del Planalto. Factores como un real fuerte, tasas más bajas y un Mercosur que no se diluya frente a una apertura unilateral son mucho más determinantes para la economía local.
Lo que hasta hace poco parecía una elección ordenada entre dos modelos económicos se transformó en un proceso de final abierto. Con el Senado renovando dos tercios de sus bancas y una Corte bajo escrutinio, Brasil llega a octubre con más preguntas que certezas. La Argentina, y Mendoza en particular, queda obligada a seguir de cerca cada movimiento.