Brasil vota en 5 días y el miedo define la recta final: qué temen los que aún no se decidieron

¿Qué es lo que más temen los brasileños que todavía no se decidieron? A cinco días del balotaje, la respuesta explica por qué Lula y Flavio Bolsonaro apelan al miedo del otro para captar el voto que falta.

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Brasil vota en 5 días y el miedo define la recta final: qué temen los que aún no se decidieron
Brasil vota en 5 días y el miedo define la recta final: qué temen los que aún no se decidieron

A menos de una semana del balotaje, Lula y Flavio Bolsonaro apelan al miedo al adversario para captar a los indecisos. Las encuestas muestran un empate técnico y una sociedad partida entre dos fantasmas: el regreso de la extrema derecha o un nuevo gobierno del PT.

RÍO DE JANEIRO.– La campaña brasileña entró en su tramo más áspero. Con el balotaje del domingo a la vista, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva (PT) y el senador Flavio Bolsonaro (PL) dejaron de lado las propuestas para concentrarse en algo más efectivo: sembrar temor sobre lo que haría el otro si llega al Palacio del Planalto.

Del lado oficialista, las advertencias apuntan a una supuesta intención del bolsonarismo de privatizar empresas estatales, recortar beneficios sociales, subordinar la soberanía nacional a Estados Unidos y promover un “gobierno fascista”. Desde la vereda opositora, las acusaciones sostienen que el mandatario protege a criminales y a organizaciones como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), derrocha recursos públicos y hunde la calidad de vida de los brasileños.

Una encuesta de Quaest difundida este miércoles revela por qué ambos candidatos insisten con ese libreto. Frente a la pregunta sobre qué escenario les produce más temor, el 44% de los consultados respondió que un retorno de los Bolsonaro al poder, mientras que el 42% mencionó una nueva reelección de Lula.

El sondeo también confirma la paridad: Flavio aparece con el 45% de intención de voto y Lula con el 44%. Todo puede definirse por los cerca de 20% del electorado que se abstuvo en la primera vuelta o por el 8% que votó a otros candidatos.

Los miedos que se escuchan en la calle

“La verdad es que tengo miedo de que gane Bolsonaro, por todo lo que podemos llegar a vivir de un gobierno de extrema derecha. Tengo miedo no solo por los petistas, sino por las minorías. Yo como mujer voy a sufrir mucho si gana”, dijo a LA NACION Giulia, estudiante de veterinaria de 29 años, frente al Fuerte de Copacabana.

Para ella, un gobierno de Flavio traería persecución a los disidentes políticos, un discurso de odio que incitaría a la violencia y un retroceso en los derechos de las mujeres. Su testimonio refleja una brecha de género que las encuestas confirman: según BTG/Nexus, el 52,8% de las mujeres jamás votaría por el hijo mayor del clan Bolsonaro, contra el 40,1% de los hombres. En tanto, el 41,2% de las mujeres rechaza a Lula, cifra que sube al 55,3% entre los hombres.

“A mí me preocupa que gane la extrema derecha en Brasil, un gobierno alineado con [Donald] Trump y [Javier] Milei. Los Bolsonaro son fascistas que quieren vender los recursos del país y entregar Brasil a Estados Unidos”, afirmó Marina, de unos 60 años, sentada junto a la estatua de Carlos Drummond de Andrade, en Copacabana.

En la vereda opuesta, Manuel, de alrededor de 40 años, camina por la Avenida Atlántica y no duda: para él, el actual mandatario representa “una ruina” para el país. “Tengo miedo de que gane Lula, no sé bien cómo explicar por qué, pero un gobierno así, corrupto, que hace tanto tiempo que está en el poder, no puede ser nada bueno para Brasil”, argumentó.

Thiago, de 55 años, piensa parecido. Con la camiseta del Flamengo puesta, camina frente al hotel Marriott de Copacabana y sentencia que un cuarto mandato del líder del PT sería “peligroso”. “Son 20 años de gobierno diciendo y no haciendo nada. Yo necesito que se vaya Lula, porque si no este país va a ser siempre igual, nunca va a progresar”, sostuvo.

El cruce de acusaciones

Las palabras de los votantes no hacen más que replicar el discurso de los propios candidatos. “¡Pueden estar seguros de que este país no volverá a ser gobernado por el fascismo!”, lanzó Lula en el primer acto de campaña de la segunda vuelta, en el Distrito Federal.

En el primer debate televisivo, transmitido el domingo por Band, el presidente acusó a Flavio de querer reinstalar la escala 6x1 –aunque el senador votó a favor de terminarla en el Senado después de haberse opuesto antes– e insinuó que su propuesta de salud, con Claudio Lottenberg como ministro, implicaría privatizar el Sistema Único de Salud (SUS). También acusó a los Bolsonaro de “traicionar a Brasil”, habló de “subordinación” al gobierno estadounidense y comparó el “tijeretazo” burocrático propuesto por su rival con la “motosierra” de Milei.

Flavio, por su parte, insiste en mostrar a Lula como “quien está destruyendo Brasil y empeorando tu vida”, como dijo en un video tras faltar al primer debate. Al votar en la primera vuelta, pidió “que el brasileño ponga fin a la era del atraso”. En el cara a cara televisivo, acusó al mandatario de viajar a Estados Unidos para “defender al CV y al PCC”, en sintonía con lo que había dicho en un acto en Porto Alegre, donde lo llamó “representante del PCC en el Gobierno Federal”.

¿Sirve la campaña del miedo?

No necesariamente, y menos para el oficialismo. “Lula maniobra con el miedo al fin de la democracia, de los derechos civiles y de las libertades individuales y, más que nada, con el miedo irracional y difuso a que la ‘familia Bolsonaro’ llegue al poder. Le habla más a su propia burbuja y esta retórica tiene poco alcance entre los indecisos”, analizó ante LA NACION Alberto Pfeifer, coordinador del Grupo de Análisis de Estrategia Internacional y Geopolítica (DSI) de la Universidad de San Pablo (USP).

Para el experto, en cambio, es Flavio quien mayor rédito puede sacar de esta estrategia, porque “explota el miedo a la continuidad, al desgobierno, a la corrupción endémica y al uso partidario del Estado”, percepciones asociadas al oficialismo que encabezan las preocupaciones del electorado. Una encuesta de Datafolha publicada el viernes indica que la violencia (20%), la salud (18%) y la economía (15%) son los principales problemas de los brasileños, todos atribuibles directa o indirectamente al gobierno federal.

Según Pfeifer, el discurso de Flavio “conecta con un público más amplio y puede convencer a más votantes indecisos, aunque sea por un margen estrecho”.

La pelea por los ausentes y los indecisos

La participación electoral será otra variable clave. “La ausencia de voto es algo que hemos acompañado con preocupación, pero no es algo nuevo de esta elección. Como en 2022, sin embargo, podemos ver que aumenta el número de personas que votan en el segundo turno”, dijo a LA NACION Lorena Barberia, profesora de Ciencia Política en la USP.

En ese terreno Lula cifra sus esperanzas: el 11 de octubre, en un acto en San Pablo, pidió a sus seguidores que convencieran a los abstencionistas de participar. Pero el panorama no es alentador. Entre quienes se abstuvieron, votaron en blanco o anularon en la primera vuelta –casi una cuarta parte del electorado–, Lula apenas supera a Flavio por 4 puntos: 40% contra 36%.

“La tendencia es que la ‘recuperación’ de los ausentes se distribuya de manera equitativa entre ambas campañas, por lo que no debería alterar el resultado”, explicó Pfeifer.

Flavio, en tanto, concentró esfuerzos en captar el apoyo de los candidatos que quedaron fuera de carrera. Según Quaest, Lula se quedaría con la mayoría de los votos de quienes eligieron al escritor Augusto Cury, tercero con 2,89%, mientras que los sufragios de la llamada tercera vía irían mayoritariamente al candidato de la derecha. Bolsonaro ya suma el respaldo de Republicanos, Podemos, União Brasil, Progressistas y Novo, además de 16 directorios regionales del MDB, frente a diez que apoyan a Lula.

El fantasma del día después

Con el antecedente del intento de golpe de Estado de Jair Bolsonaro aún fresco, otro de los temores es que alguno de los candidatos desconozca el resultado. En 2022, pocas horas después de confirmarse la victoria de Lula, surgieron acampes y cortes de ruta en varias regiones para exigir que las Fuerzas Armadas desconocieran el resultado e impidieran la asunción. Las protestas derivaron, meses después, en el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, en enero de 2023. Dos años y ocho meses más tarde, el Supremo Tribunal Federal (STF) condenó al expresidente Jair Bolsonaro por su papel en el intento de golpe.

“Es una preocupación importante”, advirtió Barberia, quien recordó que en 2022 el intento no prosperó solo por la falta de apoyo de la cúpula militar y que en esos hechos estuvieron involucrados altos funcionarios, como el exdirector general de la Policía Federal de Carreteras y el exministro de Justicia.

Para estos comicios, la especialista señaló dos factores adicionales de inquietud: la politización de la Justicia electoral, que a su juicio debilita la confianza en el proceso, y el papel de las empresas de redes sociales, cuya actuación también consideró preocupante.

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