Bullying: la psicóloga que revela por qué no es un simple conflicto entre chicos y qué rol clave tienen los padres
¿Sabías que el bullying no es un simple conflicto entre chicos? Una psicóloga explica el rol clave de la familia y por qué el acoso deja secuelas profundas. Entrá y enterate cómo prevenirlo.
El acoso escolar no es una pelea más entre compañeros. Detrás de cada caso de bullying hay una historia de violencia sostenida que puede dejar marcas profundas en la identidad de un niño. La psicóloga María de los Ángeles Fernández, fundadora de Jugarapia, explicó a El Tribuno por qué las familias son el pilar fundamental para prevenir y detectar estas situaciones a tiempo.
Según la especialista, el bullying se diferencia de un conflicto aislado por su intencionalidad y repetición. No es un simple "chico que molesta a otro", sino un patrón de acoso que afecta la autoestima, la identidad y la salud mental de quienes lo padecen. En esta nota, la experta detalla las señales de alerta, el rol del grupo y la importancia de la educación emocional en el hogar.
¿Por qué el bullying deja secuelas tan profundas?
Cuando un niño recibe insultos, burlas o descalificaciones de manera constante, esas etiquetas pueden terminar formando parte de su propia imagen. Cambiar de colegio no siempre es la solución, porque el daño ya está instalado en la forma en que el chico se percibe a sí mismo.
"El bullying quiebra la identidad. Es mucho más que el cambio de colegio. Si yo me siento tonto porque me dijiste tonto, voy a otro colegio y me sigo sintiendo así y me defino como tonto, ese es el impacto del bullying, pasa a ser parte de la identidad", advirtió Fernández.
La especialista también encendió una alerta sobre las consecuencias extremas: "La mayoría de los chicos que se han suicidado tienen una historia de bullying por detrás", señaló, remarcando la gravedad del tema.
¿Cuándo deben intervenir los adultos?
Antes de que la situación se convierta en acoso, las familias pueden enseñar herramientas para resolver conflictos. Pero cuando el bullying ya está instalado y el niño no puede defenderse solo, la intervención de los adultos es una necesidad urgente, no una opción.
Padres, docentes y directivos deben trabajar en conjunto para frenar la violencia y evitar que continúe escalando. La detección temprana es clave.
¿Qué pasa con el agresor?
Detrás de un niño que ejerce violencia suele haber una historia de maltrato o humillación. Quien agrede también es una víctima, aunque esto no justifique sus conductas.
"Normalmente, la mayoría de los chicos que ejercen violencia son víctimas de violencia o están siendo víctimas. Es un mecanismo de defensa inconsciente", explicó la psicóloga. Y agregó: "Es tan víctima el que ejerce violencia como el que es violentado".
El papel del grupo: los otros 28
En un aula de 30 alumnos, si 2 agreden a 1, ¿qué hacen los otros 27? Para Fernández, el grupo es la clave para prevenir o detectar el bullying.
"Nosotros como padres tenemos que educar en valores y decirle a un chico que si está viendo que alguien lo maltrata, tiene que reaccionar de alguna forma, como mínimo respetarlo", afirmó.
Bullying 2.0: cuando el acoso no termina en la escuela
Las redes sociales han amplificado el problema. El acoso ya no se limita al horario escolar, sino que invade la vida de los chicos las 24 horas.
"Antes se cortaba cuando terminaba el horario escolar y ahora trasciende, invade toda la vida de los chicos. Es mucho más traumático", sostuvo Fernández.
Educación emocional: la herramienta que falta
Enseñar a los chicos a reconocer sus emociones y pedir ayuda es fundamental. La frustración, el enojo o la tristeza no deben minimizarse, sino escucharse para encontrar soluciones.
"La salud mental tiene que ver con usar la acomodación y la asimilación. El chico que sufre bullying solo se acomoda", explicó la especialista, remarcando la importancia de preguntar "¿cómo te sentís?" en lugar de dar sermones.
La familia: el primer espacio de aprendizaje
La autoestima, la identidad y el respeto se construyen en casa. Los padres deben enseñar con el ejemplo que pedir ayuda no es debilidad, sino una conducta saludable.
Además, es clave que cada niño identifique al menos un adulto de confianza en la escuela, alguien a quien acudir cuando siente miedo o angustia. "En la escuela tiene que haber una persona de referencia a la cual yo pueda ir y decir 'tengo miedo'", finalizó Fernández.