Bunge cierra su planta en Campana: 200 empleos de alta calificación, en la cuerda floja
La planta venía en plena parada anual de mantenimiento y parecía un trámite más. Hasta que un lunes a las 17 sacaron a todo el mundo y anunciaron los telegramas: los detalles del cierre que deja a Campana sin uno de sus motores económicos.
La multinacional Bunge comunicó a sus trabajadores que deja de fabricar fertilizantes en Campana y alrededor de 200 personas perderán su empleo. La decisión, confirmada en una reunión con el personal, golpea de lleno a una de las zonas industriales más castigadas del país y a un plantel con formación técnica difícil de reemplazar.
El secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos de Zárate, Oscar Casco, anticipó que la organización gremial se presentará ante el Ministerio de Trabajo bonaerense para frenar el cierre y sostener las fuentes laborales.
Una parada de mantenimiento que terminó en anuncio de despidos
Según relató el dirigente, la noticia cayó en medio de la parada anual de reparaciones que la planta venía realizando. "El lunes a las 17 sacaron a todo el mundo y dijeron que en el curso del día de hoy van a estar llegando los telegramas de despido", contó Casco.
Al momento de la entrevista, aclaró, los trabajadores todavía no habían recibido las notificaciones formales.
Por qué la empresa dice que ya no le cierra producir acá
En el encuentro con el personal, los directivos argumentaron que fabricar tiosulfato de amonio —un fertilizante a base de azufre y amoníaco— dejó de ser competitivo en el país y que resulta más barato importarlo desde China.
Detrás de esa explicación, el sindicato apunta a la apertura indiscriminada de importaciones y a la reducción de aranceles para productos químicos que se elaboran fuera de Argentina. A eso se suman los altos costos de las materias primas y de la energía, que complican la competencia con el producto chino.
Casco remarcó que la empresa nunca había planteado dificultades económicas en las negociaciones previas: en mayo firmó un acuerdo paritario junto a otras compañías de la actividad sin advertir ningún problema.
Cuántos puestos se pierden y qué pasa con el reclamo
El dirigente detalló que en la planta trabajan entre 80 y 90 personas bajo convenio del sindicato Químico y otras 25 a 30 fuera de convenio. A ellas se suman los trabajadores de mantenimiento, vigilancia, comedor, limpieza y otras tareas vinculadas. En total, calculó que alrededor de 200 personas se quedan sin trabajo.
La presentación formal ante la cartera laboral provincial buscará una audiencia con las partes. "La intención de nosotros es revertir esta situación y pelear los puestos de trabajo", afirmó Casco.
Una planta pionera con más de medio siglo de historia
La fábrica comenzó a operar en 1968 y fue pionera en la producción de fertilizantes para el campo en América Latina. Primero estuvo a cargo de Petrosur, luego pasó a manos de Pérez Companc (PECOM) y después fue adquirida por Petrobras. En noviembre de 2009 la compró Bunge Argentina por aproximadamente 71 millones de dólares.
El plantel tiene una alta formación química y su salario promedia los 5 millones de pesos, un dato que explica el impacto económico que el cierre tendrá sobre la zona. "Un operador necesita entre cuatro y cinco años de formación para trabajar de manera segura en una instalación de este tipo", explicó Casco.
Zárate-Campana, un cementerio de fábricas químicas
La región industrial atraviesa una crisis profunda del sector químico y petroquímico, marcada por cierres, despidos y reducción de personal. Uno de los casos más resonantes fue el de Clariant, la multinacional suiza que en junio de 2025 anunció el cierre definitivo de su planta de Zárate, con 42 trabajadores despedidos según el sindicato. Poco después, Archroma cerró sus instalaciones y desvinculó a otros 25 operarios. Entre ambas compañías se perdieron 67 puestos.
A esa lista se sumó Barcan Química, dedicada al fraccionamiento de productos químicos, que cerró tras 12 años de actividad en la ciudad y dejó sin empleo a sus ocho trabajadores. Los cierres también encendieron alarmas sindicales por la seguridad ambiental de las instalaciones abandonadas.
Otras compañías no cerraron del todo pero avanzaron con recortes. Agrofina inició un procedimiento preventivo de crisis y planteó la posibilidad de desvincular a 70 trabajadores, mientras que Alpek protagonizó un conflicto por 29 despidos que inicialmente se resolvió con la intervención del Ministerio de Trabajo. Luego la empresa cerró su planta de reciclaje Ecopek en Zárate, con otros 40 puestos afectados.
También hubo conflictos y denuncias de despidos vinculados a Bayer, incluidos trabajadores tercerizados. Los sindicatos de la región vienen denunciando el deterioro del empleo industrial y advierten sobre las consecuencias de la caída de la actividad productiva.
El panorama se agravó durante 2026 con el cierre de Cabot Argentina en Campana, la única fábrica de negro de humo del país, que llevaba más de seis décadas funcionando y cuya salida afectó a unos 150 trabajadores directos e indirectos. A eso se sumaron despidos en la planta de Air Liquide.
Los conflictos se inscriben en un proceso de deterioro del cordón industrial que los gremios vinculan con la caída de la producción, el avance de las importaciones y la reducción de costos empresariales. Monsanto y Unilever también forman parte del entramado industrial de la región. La sucesión de cierres y recortes evidencia una pérdida de capacidad productiva y de puestos de trabajo en uno de los principales polos químicos del país.