Buscaron oro, no encontraron nada y levantaron un refugio que hoy es un imán de la Patagonia

Un marinero inglés cruzó el Atlántico buscando oro, encontró pirita y se quedó igual. Lo que levantó en un rincón sin caminos de la Patagonia acaba de recibir un reconocimiento que muy pocos hoteles del país tienen.

· 5 min de lectura
Buscaron oro, no encontraron nada y levantaron un refugio que hoy es un imán de la Patagonia
Buscaron oro, no encontraron nada y levantaron un refugio que hoy es un imán de la Patagonia

La historia de Estancia Cristina arranca con una búsqueda que terminó en la nada: un marinero inglés que cruzó el Atlántico convencido de que la Patagonia le iba a entregar oro. Lo que encontró fue pirita. Más de un siglo después, ese fracaso minero se convirtió en uno de los siete hoteles argentinos con dos Llaves Michelin.

Percival Masters llegó a la región a comienzos del siglo XX y quedó fascinado con el territorio. Volvió a Inglaterra, se casó con Jessie Elisabeth Waring y regresó a Sudamérica con ella. La pareja desembarcó en Río Gallegos en un barco a vapor y se sumó a la fila de buscadores de oro que recorrían la zona.

El metal nunca apareció. Pero en lugar de pegar la vuelta, los Masters encontraron otra oportunidad: Santa Cruz promovía entonces la llegada de extranjeros para poblar el territorio y desarrollar la producción ganadera, sobre todo la lana. Percival aprendió el oficio trabajando en una estancia y allí nacieron sus hijos, Herbert y Cristina.

De una carpa a 20.000 hectáreas

Con los años decidieron encarar su propio proyecto. El primer intento fue en El Calafate, pero no prosperó. Entonces se subieron a un bote a remo y navegaron el lago Argentino hasta un rincón remoto del extremo noroeste.

Corría 1914 cuando consiguieron unas 20.000 hectáreas bajo contrato de arrendamiento. Los primeros seis meses vivieron en una carpa. Después levantaron una pequeña casa de roca y barro que todavía se conserva y, con el tiempo, llegaron las construcciones que darían forma a la estancia. El vecino más cercano estaba a varios días de viaje a caballo.

El establecimiento creció hasta convertirse en un peso pesado de la producción ovina: llegó a tener alrededor de 12.000 ovejas y generaba fardos de lana que debían salir por el lago. Para trasladarlos, la familia tuvo su propio barco, El Cesar, armado por partes en la estancia y utilizado durante cuatro décadas.

El nombre también esconde una historia familiar. Cristina, la hija de Percival y Jessie, se quedó en la estancia mientras su hermano Herbert fue enviado a estudiar a Buenos Aires. Murió de neumonía a los 20 años, en 1924, y el establecimiento pasó a llevar su nombre.

En 1937 se creó el Parque Nacional Los Glaciares y los Masters ya no pudieron obtener la propiedad de las tierras como estaba previsto. La familia siguió allí mediante un permiso de ocupación y pastaje. La actividad ganadera continuó durante décadas como corazón del lugar, pero el negocio de la lana empezó a perder rentabilidad y el futuro volvió a quedar abierto.

El giro que lo cambió todo

En la década de 1990, Janet Hermingston —que había llegado años antes como ama de llaves de la familia y luego se casó con Herbert Masters— logró convertir el permiso de ocupación y pastaje en un permiso turístico.

El ganado desapareció del paisaje. Primero fue un pequeño alojamiento para apenas una docena de personas, en su mayoría andinistas y científicos atraídos por los glaciares. Con el tiempo, esa experiencia se transformó en el lodge que funciona hoy.

El acceso sigue siendo parte del atractivo: no hay camino terrestre y se llega navegando el lago Argentino desde Puerto Punta Bandera. El lodge tiene 20 habitaciones repartidas en cinco casas, rodeadas de montañas, bosques y el valle glaciario. La propuesta incluye cabalgatas, trekking, pesca con mosca, recorridos en 4×4 y excursiones a miradores. Uno de los paseos más elegidos lleva al mirador del glaciar Upsala, con vistas al lago Guillermo y al Campo de Hielo Patagónico Sur.

Dos Llaves Michelin

En septiembre de 2026 la historia volvió a girar. Después de haber recibido una Llave Michelin en 2025, Estancia Cristina ascendió este año a dos Llaves, categoría que la guía define como “estadía excepcional”. Así pasó a integrar el grupo de siete hoteles argentinos con dos Llaves y es uno de los dos establecimientos de El Calafate que alcanzaron esa distinción, junto con EOLO–Patagonia’s Spirit.

La evaluación de Michelin no se limita al lujo. Los inspectores miran el diseño y la arquitectura, la calidad del servicio, la personalidad del establecimiento, la relación entre la experiencia y el precio y, sobre todo, su capacidad de aportar a la experiencia del destino. Las visitas son anónimas y los inspectores pagan su propia estadía.

Para Alberto del Castillo, director general de Estancia Cristina, el reconocimiento tiene que ver con lo que diferencia al lugar de un hotel tradicional: la experiencia de estar en una antigua estancia patagónica, rodeada de naturaleza y con actividades que permiten explorar el territorio.

Más de cien años después de que los Masters llegaran buscando oro, la estancia que levantaron sigue en pie. El oro nunca apareció y la pirita no sirvió para hacer fortuna. Pero aquella búsqueda terminó dando lugar a otra historia: la de una familia que se quedó, crió ovejas, atravesó generaciones y vio cómo su viejo establecimiento ganadero encontraba una nueva vida en el turismo.

Datos para planificar la visita

La experiencia puede extenderse dos noches y tres días, con comidas incluidas y actividades como cabalgatas, salidas en 4×4 y senderismo guiado o autoguiado. Los huéspedes llegan en barco por la mañana y regresan por la tarde, con una atención diferenciada respecto de quienes visitan la estancia por el día. La temporada va del 15 de octubre al 15 de abril y los precios parten desde USD 2.520 para dos noches en habitación doble.

Más para leer

Alto Valle en alerta: el plan que ya activan las autoridades por los ríos
Sociedad
El relato de una escuela de Río Colorado que ilusiona a todo un pueblo
Sociedad
Bariloche espera a los médicos que atienden una enfermedad que casi nadie conoce
Sociedad
El Hospital Zonal dio un paso clave en sus quirófanos: lo que llegó y lo que todavía falta
Sociedad
PAMI les debe millones a las clínicas, pero hay un dato que nadie esperaba
Sociedad
Cipolletti se prepara para 10 días de feria: los nombres que nadie se quiere perder
Sociedad