Cacho Buenaventura vuelve a Paraná con un show que mezcla magia, baile y un personaje que no es él
Cacho Buenaventura vuelve a Paraná con un show que no es solo humor: hay magia, baile y un tributo a un personaje inolvidable. A los 70 años, contó por qué cambió su forma de trabajar y qué es lo que más valora hoy.
Cacho Buenaventura se presentará el sábado 17 de octubre en el Teatro 3 de Febrero de Paraná con "¡Qué Cacho de Show!", una propuesta que combina humor, magia, música y baile. El humorista habló en exclusiva con UNO sobre su carrera, sus afectos y lo que significa subirse al escenario a los 70 años.
La risa, dice, tiene el poder de juntar a generaciones distintas alrededor de una misma historia. Y él lo sabe bien: después de décadas de recorrer escenarios, sigue con las mismas ganas de compartir su humor con el público.
Un show con invitados y disciplinas que se cruzan
Durante 90 minutos, el espectáculo reúne distintas disciplinas artísticas en una puesta pensada para disfrutar en familia. Sobre el escenario, Buenaventura estará acompañado por Matías Ramírez, actor santafesino que hace un tributo al personaje de Mamá Cora, popularizado por Antonio Gasalla; el mago Raffer (Christian Ferraris); los bailarines Fátima Brener y Rodrigo Navarro, ganadores del Premio Carlos 2024 a Mejor Pareja de Baile; y el músico Julio César Luján, en voz y guitarra.
La combinación propone una noche dinámica, donde el humor convive con la magia, el movimiento y la música. La invitación es simple: acercarse al teatro con los seres queridos y dejarse llevar por la alegría del encuentro. La idea es que el público se sienta parte de una reunión entre amigos, con risas que aparecen sin solemnidades y un tiempo que pasa casi sin darse cuenta.
La propuesta tuvo su temporada de verano en Villa Carlos Paz y ahora llega a Entre Ríos. Las entradas están disponibles a través de GradaTickets y en la boletería del teatro.
El tiempo, la familia y un cambio de ritmo
A los 70 años, Buenaventura reconoce que su relación con el trabajo cambió. Hubo una época en la que su rutina estaba marcada por los viajes, las funciones y las largas jornadas. Hoy busca un equilibrio que le permita disfrutar de otros aspectos de su vida.
“Antes había noches que hacía tres o cuatro shows, hacía miles de kilómetros entre un show y el otro y el fin de semana había hecho 3.000 kilómetros”, recordó. Ahora prefiere organizar sus presentaciones de otra manera y reservar más tiempo para la familia, el descanso y la salud.
En ese recorrido, su esposa ocupa un lugar central. Llevan más de cinco décadas juntos y él valora su acompañamiento en las decisiones que tomó a lo largo de su carrera. También disfruta de trabajar con su hijo y de estar presente en la vida de sus nietos, algo que no siempre fue sencillo cuando la profesión exigía tantas horas lejos de casa.
“El tiempo acomoda todo”, resumió. Para él, el éxito ya no se mide solo por la cantidad de funciones o los kilómetros recorridos, sino por la posibilidad de disfrutar lo construido. Aprendió a darle otro lugar a los afectos y a valorar los momentos cotidianos, desde acompañar a su familia hasta compartir una salida con su compañera de toda la vida.
Esa manera de vivir el presente también se refleja en su vínculo con el escenario. Aunque conserva las ganas y la energía de sus primeros años, asegura que hoy encuentra en cada función algo más que el entusiasmo de actuar.
“Tengo 70 años y tengo las mismas ganas y las mismas energías que cuando tenía 20 o 30. O tal vez tengo mejor predisposición, porque antes era energía. Hoy es energía, es ganas, es placer, es sabiduría, es acompañamiento, es crecimiento”, reflexionó.
El cariño que atraviesa generaciones
Si hay algo que todavía lo sorprende y emociona es encontrarse con familias que transmitieron su humor de una generación a otra. Durante la entrevista recordó historias de espectadores que lo escuchaban en la radio durante las vacaciones y que, muchos años después, vuelven al teatro acompañados por sus hijos y nietos.
También contó que, en ocasiones, personas mayores reciben como regalo una salida para verlo en Carlos Paz, mientras que jóvenes que crecieron mirando sus videos llegan a las funciones por recomendación de sus padres o abuelos.
Para Buenaventura, esas escenas tienen un valor que supera cualquier reconocimiento público. “No la admiración, el cariño de la gente, el amor de la gente”, señaló al explicar qué es lo que más disfruta de su vínculo con los espectadores.
En ese intercambio aparecen algunas de las historias que más lo conmueven: familias que comparten una fotografía después de la función, personas que vuelven a reír después de atravesar momentos difíciles y espectadores que se acercan para agradecerle por haber acompañado tantos años de sus vidas.
Entre los recuerdos que compartió, evocó el caso de un hombre que volvió a ver reír a su padre después de mucho tiempo cuando lo llevó al teatro. Son esos gestos, aseguró, los que le permiten dimensionar el alcance de su trabajo. Detrás de cada función hay historias personales, recuerdos familiares y emociones que muchas veces el artista conoce recién cuando se encuentra cara a cara con quienes lo siguen.
“Hay mucha gente grande y mucha gente joven”, destacó al recordar la observación de su esposa después de una función. Esa convivencia entre generaciones es, para el humorista, una de las recompensas más valiosas de su profesión. Las canciones, los relatos y los personajes pasan de una edad a otra, pero también lo hace la costumbre de compartir una noche de teatro y volver a casa con una anécdota para recordar.
A lo largo de los años, las anécdotas, los personajes y su particular manera de encontrar humor en las situaciones cotidianas construyeron una relación de cercanía con el público. Una relación que se renueva en cada encuentro y que Buenaventura disfruta desde un lugar cada vez más consciente del tiempo y de los afectos.
Y dejó una reflexión que resume el espíritu de la propuesta: “A esta vida no hemos venido a ser perfectos, hemos venido a ser felices”. Una frase que, entre risas y recuerdos, funciona también como una invitación a encontrarse, compartir y disfrutar de esos momentos que merecen un lugar en la memoria.
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