Le tiraron una pala, le dijeron que se equivocaba y hasta lo acusaron de faltarle el respeto a un padre. La familia wichí de Aguaray no pide plata ni disculpas: quiere saber dónde terminaron los huesos de su abuelo.
Guido Ceballos llegó el 22 de octubre al cementerio municipal de Aguaray como cada semana, pero esta vez no encontró la tumba de Enrique Flores: sobre el lugar donde descansaban sus restos había comenzado a construirse otra de cemento. El hombre que lo atendió le aseguró que ahí no había nada y hasta le tiró una pala para que fuera a comprobarlo. La familia wichí denunció profanación de restos y reclama que la Justicia les devuelva los huesos del abuelo.
Enrique Flores era un octogenario de la etnia wichí que crió a Guido y a sus hermanos desde que eran bebés. Para ellos, más que un abuelo, fue un padre. Falleció en 2022 y desde entonces la familia viajaba cada semana desde la comunidad La Loma hasta el cementerio de Aguaray para rezarle, dejarle velas y flores. Son católicos, además de su cosmovisión ancestral.
La parcela que ya estaba vendida
Cuando Guido, maestro bilingüe, fue a reclamar por lo que veía, el encargado del cementerio lo trató de equivocado. Le dijo que los restos de su padre seguramente estaban en otro lado. Guido se puso firme y el hombre se molestó: le tiró una pala y lo desafió a que fuera a fijarse si había restos.
Ante la negativa, según el relato del nieto, el encargado le confesó que la parcela ya estaba vendida y le advirtió que no hiciera lío porque él era el padre del intendente de Aguaray, Guillermo Alemán. En el pueblo todos lo conocen por el apodo de "Pintudo".
Con esa respuesta, Guido volvió a su comunidad, habló con su familia y decidieron radicar la denuncia policial por profanación de restos.
"Sos una decepción"
Lo que vino después fue, para esta familia originaria, un padecimiento más profundo. Según contó Guido, el intendente Alemán lo llamó por teléfono muy enojado cuando se enteró de la denuncia y le dijo que era una decepción, que le había faltado el respeto a su padre. No lo dejó hablar y lo bloqueó.
Días más tarde, el jefe comunal volvió a escribirle para citarlo en su despacho un lunes. Lo bloqueó otra vez y, la jornada previa a la reunión, le avisó que no lo iba a atender porque tenía cosas que hacer.
"Ni de Alemán ni de su papá, que me trató tan mal, no espero nada", dijo Guido. Y recordó otra advertencia del encargado: que la gente que compró la parcela "es gente pesada". "No sé quiénes son y no nos interesa saber, solo le pedimos a la Justicia que les exija a los funcionarios que nos digan dónde tiraron los restos de mi padre", agregó.
El pedido de una familia que no encuentra paz
Para los Ceballos, el daño excede lo material. "Mi mamá está un poco enferma, no puede dormir, sueña cosas muy extrañas", contó Guido. En su cosmovisión, un difunto debe recibir sepultura para descansar. "Mi abuelo nos está pidiendo que le demos sepultura como corresponde, para que pueda descansar como se merece cualquier difunto, sea originario o sea criollo", sostuvo.
"No estamos tranquilos en ningún momento, no estamos en paz. Por eso le pedimos a la Justicia que nos ayude a encontrar sus restos y, si corresponde, que castigue a la persona que hizo esto", reclamó el joven, con la voz parsimoniosa de los wichí, que no confrontan ni reclaman airosamente, aunque se le quiebra cuando nombra a Enrique.
La familia espera con paciencia. "Creemos en la justicia de los hombres y vamos a esperar el tiempo que sea necesario; pero más confiamos en la justicia divina, que siempre responde, de alguna forma responde", afirmó Guido.
Y cerró con el dolor del Día de las Almas que se aproxima: "Nos duele saber que este próximo día de las almas no vamos a tener un lugar donde ir a dejarle flores ni encenderle unas velas, pero igual nos vamos a acordar de él y vamos a rezarle a su alma y pedirle que nos ayude a encontrar sus huesos".