Cada vez más familias jujeñas comen una sola vez al día: el crudo testimonio de un cura
El padre Manuel Alfaro describió cómo la crisis cambió la cara de los comedores parroquiales en Jujuy: ya no van solo chicos. La reducción de comidas y el avance de las adicciones marcan un panorama que, según advirtió, no da tregua.
El padre Manuel Alfaro, de la Iglesia Catedral Basílica de Jujuy, describió un escenario social cada vez más crítico en la provincia. En diálogo con Radio 2, el sacerdote contó cómo la demanda de alimentos en parroquias y capillas creció hasta abarcar a familias completas, y advirtió que muchos hogares ya redujeron sus comidas a una o dos por día.
Alfaro tomó como referencia los informes periódicos de la Universidad Católica Argentina (UCA), que vienen marcando un aumento sostenido de la pobreza en todo el país. Según el párroco, esa realidad nacional se traduce de manera directa en el territorio jujeño y se ve reflejada en la vida diaria de las comunidades.
La crisis alimentaria ya no golpea solo a los chicos
Uno de los puntos que más preocupación genera es el cambio en el perfil de quienes se acercan a los comedores parroquiales. Ya no son únicamente niños: ahora también llegan padres, madres, abuelos y abuelas en busca de asistencia. La crisis empuja a núcleos familiares enteros a depender de la ayuda comunitaria.
El sacerdote confirmó que la situación alimentaria se deterioró al punto de que muchas familias debieron recortar drásticamente su ingesta diaria. Pasaron de las cuatro comidas básicas a comer una o dos veces al día, y en muchos casos priorizan lo poco que hay para los más chicos.
"Ya el año pasado notamos que algunos adultos evitaban comer algunas de estas tres comidas priorizando la comida de los niños, pero ya a esta altura eso todavía se sigue haciendo con mayor cantidad de comidas. O sea, a veces comen dos o comen una sola vez al día", advirtió el párroco.
Frente a la escasa o nula asistencia estatal, Alfaro destacó el rol de las Cáritas parroquiales y la solidaridad de los vecinos, que mediante rifas, ventas de empanadas y donaciones logran "hacer milagros" para estirar los insumos.
Adicciones: un flagelo que crece y golpea a los jóvenes
El otro eje que abordó el sacerdote fue el avance del consumo problemático de alcohol y drogas en distintos puntos de la provincia. La Iglesia monitorea de cerca esta problemática en sus reuniones de presbiterio y advierte un crecimiento exponencial.
Según Alfaro, la falta de empleo y de expectativas a futuro empuja a muchos jóvenes —y también a personas de otras edades— hacia las adicciones. Es un círculo que se retroalimenta: sin oportunidades, el consumo aparece como una salida y se instala en la vida cotidiana de cada familia jujeña.
Si bien la Diócesis trabaja fuertemente a través de la pastoral de adicciones, el sacerdote lamentó que el abordaje dependa casi en su totalidad del esfuerzo voluntario. La Iglesia carece de la estructura y los recursos económicos que sí tiene el Estado para enfrentar una problemática que, según sus palabras, "crece rapidísimamente".