Cada vez más rosarinos viven en pensiones: jubilados, estudiantes y hasta policías
Un corredor inmobiliario salió a comparar monoambientes y pensiones en Rosario. Lo que encontró adentro de algunos edificios lo dejó sin palabras: más de 100 personas en un mismo inmueble y jubilados que ya no pueden pagar un alquiler.
La dificultad para acceder a un alquiler tradicional está empujando a perfiles cada vez más diversos a buscar refugio en pensiones y residencias de Rosario. Estudiantes universitarios, trabajadores de otras localidades, personal de las fuerzas de seguridad y jubilados que no logran cubrir el costo de un monoambiente aparecen en un relevamiento que compara ambas alternativas habitacionales en la ciudad.
El trabajo fue realizado por el corredor inmobiliario Alejandro Bassini, integrante del espacio Métricas. La investigación surgió a partir de un fenómeno que llamó la atención en el mercado: los monoambientes, sobre todo los de más de 25 o 30 años, rotan cada vez menos y permanecen mucho tiempo publicados. Esa rareza llevó a Bassini y su equipo a preguntarse qué otras opciones existen para quienes no pueden o no quieren firmar un contrato de alquiler. La respuesta fue un universo de pensiones y residencias mucho más amplio del que esperaban.
Los números de una pensión
Según el relevamiento, los valores mensuales de las pensiones analizadas arrancan en $125.000 y llegan hasta $450.000. La diferencia depende del tipo de alojamiento: hay habitaciones compartidas con camas cuchetas y cuatro o cinco personas en un mismo espacio, pero también existen habitaciones privadas.
Las condiciones edilicias y de funcionamiento son muy dispares. Algunas pensiones operan dentro de un marco formal, mientras que otras presentan situaciones mucho más precarias. En diálogo con LT8, Bassini contó que encontraron inmuebles donde viven más de 100 personas, con hacinamiento y deficiencias edilicias. También detectaron problemas sanitarios: como referencia, mencionó establecimientos donde unas 15 personas comparten dos baños, en habitaciones pensadas para alrededor de diez.
Esa realidad también genera reclamos de los vecinos de los barrios donde funcionan estas pensiones. Entre la denuncia y la llegada de una inspección, según el corredor, puede pasar bastante tiempo.
Monoambiente vs. pensión: la cuenta que no cierra
La comparación con el alquiler tradicional explica por qué la pensión se vuelve atractiva para ciertos sectores. El alquiler promedio de un monoambiente se ubica entre $300.000 y $350.000, pero ese monto es solo el alquiler. A eso hay que sumarle tributos municipales, agua, expensas, internet, electricidad y gas.
Con todos esos gastos, el costo final para un inquilino puede trepar a $500.000 o $550.000 mensuales, sobre todo al inicio del contrato. Además, ingresar a un alquiler implica honorarios inmobiliarios, confección e instrumentación del contrato y, en algunos casos, depósito.
En una pensión, en cambio, la tarifa mensual suele incluir los servicios y gastos asociados al alojamiento. "El diferencial entre lo que es este tipo de estabilidad habitacional se da en esto: acá se pone la parte más neurálgica, hay algunos como te decía, en este caso, punta cero requisitos", explicó Bassini.
Las garantías, otro filtro que expulsa
El precio no es el único obstáculo. El relevamiento también señala la dificultad para cumplir con los requisitos de ingreso, en especial las garantías. El mercado laboral tiene cada vez más informalidad o "pseudoinformalidad", y los recibos de sueldo no siempre están disponibles. A los monotributistas, además, se les complica presentar garantías que las inmobiliarias acepten.
Ese escenario deja afuera a personas que podrían pagar un alquiler mes a mes, pero no reúnen las condiciones exigidas para firmar el contrato. En las pensiones, en cambio, el ingreso es mucho más simple y la permanencia más flexible. Bassini mencionó establecimientos con rotación semanal de residentes, una característica clave para quienes no saben cuánto tiempo necesitarán quedarse en Rosario, ya sea por trabajo, una separación u otro cambio personal.
Estudiantes, jubilados y fuerzas de seguridad
Uno de los grupos que más aparece en el análisis es el de los estudiantes universitarios que llegan a Rosario desde otras localidades. Muchos son jóvenes sostenidos por sus familias, pero el costo de mantener un monoambiente se volvió imposible. El corredor observó un traslado hacia pensiones y residencias estudiantiles, donde los costos son más bajos y los servicios están incluidos.
"Hoy la residencia estudiantil, lo que son las pensiones para los chicos universitarios, verdaderamente tiene una capacidad de funcionamiento muy alta porque mantener el monoambiente con todo lo que conlleva básicamente se hace muy cuesta arriba en los tiempos que corren", dijo Bassini.
El fenómeno no alcanza solo a quienes recién llegan: también involucra a jóvenes que ya vivían solos y ahora necesitan recortar gastos.
Lo que más sorprendió a los autores del relevamiento fue encontrar jubilados viviendo en pensiones. Bassini admite que podía ser una situación conocida, pero verla en persona permitió dimensionarla. El costo de un monoambiente más los servicios puede ser inaccesible para alguien que vive solo de una jubilación. Incluso con la jubilación mínima y el bono, el ingreso debe alcanzar para comer, medicamentos y el resto de los gastos básicos. Así, la pensión deja de ser una alternativa juvenil y se convierte también en una respuesta para adultos mayores que perdieron la capacidad de acceder a una vivienda.
El último grupo detectado son los trabajadores de las fuerzas de seguridad que llegan a Rosario desde otras localidades de la provincia para prestar servicio. Son principalmente jóvenes que necesitan resolver su alojamiento sin asumir el costo completo de un alquiler. "Rosario alberga toda esa fuerza de seguridad y también se les hace muy cuesta arriba", señaló Bassini. Para ellos, la pensión funciona como una solución temporal mientras mantienen su residencia o sus vínculos familiares en otra ciudad.