Caminás sobre fósiles de 600 millones de años y ni te enterás: el tesoro escondido en las veredas de Salta

Salta camina sobre un museo a cielo abierto: las lajas de sus veredas guardan fósiles de hasta 600 millones de años. Algunos edificios céntricos lucen conchas marinas traídas de otras provincias, mientras el cerro San Bernardo y el monumento a Güemes conservan huellas de trilobites. ¿Qué encontró un paleontólogo alemán que husmeaba en las veredas?

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Caminás sobre fósiles de 600 millones de años y ni te enterás: el tesoro escondido en las veredas de Salta
Caminás sobre fósiles de 600 millones de años y ni te enterás: el tesoro escondido en las veredas de Salta

Las veredas, paredes y monumentos de la ciudad de Salta están construidos con rocas que guardan fósiles y marcas de tiempos remotos. Pasan desapercibidos para casi todos, pero ahí están: la historia de la vida en la Tierra escrita en las lajas que pisamos todos los días.

La riqueza paleontológica de Salta se explica por la enorme diversidad de rocas de los últimos 600 millones de años que afloran en este sector de los Andes. Hay que distinguir, eso sí, entre las que provienen de los cerros locales y las que llegaron desde otras provincias argentinas.

Conchas marinas en pisos de bancos y hoteles

Algunos edificios céntricos lucen pisos y revestimientos de calizas marinas con amonites y belemnites traídos de Cuyo o la Patagonia. En el norte argentino no existen esas rocas, en su mayoría del Jurásico, que sí son comunes en otras regiones del país.

Los amonites y belemnites fueron cefalópodos marinos emparentados lejanamente con pulpos y calamares. Sus conchas quedaron fosilizadas en estratos de caliza que, en algunos casos, reunían las condiciones para ser cortadas en planchas de revestimiento. Esas láminas pulidas se usan en pisos y paredes de bancos y hoteles. Al cortarlas y pulirlas, quedan a la vista las cámaras internas y su relleno, con planos geométricos aleatorios según la posición del fósil en la roca.

Las lajas verdes: el origen de la vida en el planeta

Las rocas más antiguas de los alrededores de la ciudad son unas pizarras verdes repletas de trazas fósiles. Son marcas dejadas por animales de cuerpo blando que se arrastraban por el barro del fondo oceánico. La mayoría corresponden a gusanos, aunque también hay huellas de artrópodos y medusas.

Muchos de esos gusanos se alimentaban y excretaban a su paso. Se encontraron lajas donde las marcas se cruzan y otras más evolucionadas donde el recorrido evita pasar por donde ya se había pasado antes. Son pequeñas lecciones de la evolución conservadas en piedra.

Esas lajas verdes pertenecen a la Formación Puncoviscana, que contiene el límite entre el Precámbrico y el Cámbrico. Se trata de un momento clave: cuando la vida basada en cuerpos blandos empezaba a evolucionar hacia invertebrados marinos con conchillas. Nada menos que la transición del Proterozoico al Fanerozoico, con continentes y mares dispuestos de otra manera y una vida absolutamente primitiva.

A partir del Fanerozoico, la evolución siguió desde los invertebrados con conchilla hasta los primeros vertebrados (peces), las plantas, los anfibios y reptiles (entre ellos los dinosaurios), y finalmente las aves y los mamíferos.

Sabios que husmeaban en las veredas

En esas humildes lajas verdes está escrita parte de la historia de la vida en la Tierra. Por eso las estudió el paleontólogo alemán Alfred Seilacher, que vino varias veces a Salta y las buscó tanto en las canteras como en las paredes y veredas de la ciudad. Los vecinos se sorprendían al ver a este experto de prestigio internacional revisando sus veredas. También las investigaron los doctores Gilberto F. Aceñolaza y Guillermo Aceñolaza, padre e hijo, del Instituto Miguel Lillo de Tucumán (UNT-INSUGEO).

Las lajas verdes con trazas fósiles también aparecen en las veredas de Cachi. El tema fue publicado en un artículo reciente del libro "Geología y Patrimonio de los Valles Calchaquíes del Noroeste Argentino" (Miscelánea 30, INSUGEO, 2026). Además, se colocaron en Campo Quijano, en el monumento a Richard F. Maury, el padre del C-14 Huaytiquina, y en las veredas de San Antonio de los Cobres y Tolar Grande. En todos los casos, esos tesoros del origen de la vida quedan a la vista pero invisibles para quien no sabe distinguirlos.

El cerro San Bernardo y las huellas de trilobites

Otras rocas ricas en fósiles provienen de viejas canteras de la sierra de Mojotoro, donde hay grandes espesores de formaciones marinas del Ordovícico, en el Paleozoico inferior. Gran parte de la ciudad se construyó con lajas y bloques de la cantera del Cerro San Bernardo.

La cara pelada que muestra el cerro son areniscas de cuarzo de playas de hace unos 470 millones de años, con una gran variedad de fósiles. Las más abundantes son las marcas de trilobites conocidas como cruzianas. El nombre no viene de que se crucen, sino del mariscal Santa Cruz de Bolivia, y se lo puso el viajero francés Alcides D'Orbigny.

El monumento al Gral. Martín M. de Güemes tiene muchas cruzianas en las caras de sus bloques. También aparecen en paredes de casas viejas. Además, suelen conservarse las llamadas "conchillas marinas": braquiópodos articulados que confirman el origen oceánico de los sedimentos. Se hallaron incluso fragmentos de conchillas fosfáticas de braquiópodos inarticulados del tipo língulas. Las canteras de lajas del Ordovícico en la sierra de Mojotoro fueron numerosas y sus piedras son, en general, rojizas o cremas.

Dendritas, anillos y gotas de lluvia fósil

El edificio del Hogar Escuela de Salta se construyó con lajas amarillentas de la cantera La Pedrera. En ellas se ve la estratificación de las arenas de cuarzo de una antigua playa marina del Ordovícico. Algunas están llenas de dendritas de manganeso, formas minerales en fisuras que la gente confunde con "helechos fósiles" y que no son ni helechos ni fósiles. Son figuras geométricas fractales, hermosas, y están en muchas paredes de la ciudad, aunque la mayoría de las veces vandalizadas con aerosoles y grafitis.

También aparecen halos concéntricos de oxidación muy bellos, conocidos como "Anillos de Liesegang". Arte puro de la naturaleza. Y entre las estructuras no fósiles hay marcas de oleaje (ondulitas), impactos de gotas de lluvia caídas sobre arena húmeda en tiempos remotos y nódulos oxidados de pirita con forma de frambuesas, entre otras conservadas por millones de años en las rocas que forman el núcleo de las sierras del Valle de Lerma.

Las lajas amarillas de Cabra Corral y la era de los dinosaurios

Otras lajas muy usadas años atrás son las calizas amarillas, cuya cantera principal está en el perilago del dique Cabra Corral. Pertenecen a la Formación Yacoraite, del Cretácico superior, de amplia distribución en el norte argentino. De origen mixto marino y lagunar, a veces contiene bancos calcáreos con disyunción plana que permiten obtener lajas.

Algunas lajas delgadas tienen características de piedras litográficas, como las que usaban las antiguas imprentas. En estas rocas de la era de los dinosaurios se encontraron abundantes huellas de aves enantiornites y de pterodáctilos. También, aunque menos comunes, conchillas de gasterópodos conocidas como "turritelas" y restos de peces. A veces conservan delicados tapices algales, marcas de oleaje y grietas de desecación de barros fósiles.

Un patrimonio que se pierde

El paseo urbano por calles, veredas, paredes, edificios y monumentos construidos con rocas autóctonas y foráneas permite descubrir tesoros paleontológicos insospechados. En muchos casos se trata de materiales fósiles con valor patrimonial.

El avance urbanístico y el reemplazo permanente de veredas y fachadas por materiales más modernos provocan la pérdida irreparable de fósiles de decenas o cientos de millones de años. Muchas de las canteras de origen ya están cerradas y esos fósiles son el único testimonio paleontológico que queda. La organización de un circuito urbano de patrimonio paleontológico sigue siendo una asignatura pendiente para el geoturismo de Salta.

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