Caminó 28 años desde Chile hasta su casa y lo esperaba algo que no imaginaba
¿Qué fue lo primero que lo esperó al cruzar el puente Humber después de casi tres décadas caminando? La respuesta está en la puerta de su casa, junto a una figura que no figuraba en ningún itinerario.
Karl Bushby salió de Punta Arenas en 1998 con unos pocos cientos de dólares y la promesa de volver caminando. Este lunes, tras 49.890 kilómetros, cruzó el puente Humber entre la niebla y puso un pie en Hull, la ciudad portuaria del este de Inglaterra donde lo criaron.
El reencuentro fue en la puerta de la casa familiar. Ahí lo aguardaba su madre, Angela, que llevaba casi tres décadas esperando ese abrazo. También se acercó una multitud, entre la que se contaba el cineasta alemán Werner Herzog, que planea rodar un documental sobre la travesía.
"Es bueno estar en casa. Parece algo irreal", dijo el aventurero al llegar al umbral.
Minutos antes se había dirigido a la gente reunida en el centro de la ciudad, donde lo recibió la alcaldesa Maria Coward. "Estoy seguro de que nunca ha habido una bienvenida a casa como esta. ¡Es una locura! Muchísimas gracias", expresó.
Dos reglas que nunca rompió
Bushby, ex paracaidista, se impuso dos condiciones al partir: no regresar hasta completar la vuelta y no subirse a ningún medio de transporte para avanzar. Las cumplió al pie de la letra, incluso cuando el cuerpo y el calendario le jugaron en contra.
La idea nació después de que su matrimonio se rompiera y su esposa volviera a Irlanda del Norte con su hijo. Él tenía 29 años cuando dejó Chile rumbo al norte, con la casa como único destino posible.
Cuando cruzó a nado el Canal de la Mancha, el 5 de octubre, ya había atravesado cuatro continentes, un mar helado, desiertos, montañas y selvas. Hoy tiene 57 años.
Un recorrido que se estiró tres veces más de lo previsto
En noviembre de 1998 calculó que la caminata le llevaría unos doce años. Fueron 28. Las restricciones de visado, la crisis financiera de 2008 —que le hizo perder patrocinadores—, la pandemia de covid-19 y los conflictos geopolíticos fueron estirando el mapa y el reloj.
El itinerario arrancó en Argentina y siguió por Perú, Ecuador y Colombia, antes de meterse en el Tapón del Darién hacia Panamá. Luego pasó por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México, hasta cruzar a Estados Unidos y Canadá.
Después vino el estrecho de Bering, entre Alaska y Rusia, y la larga marcha por Siberia, Mongolia, China, Turkmenistán y Kazajistán. Atravesó a nado el mar Caspio hasta Azerbaiyán, siguió por Turquía y así entró en Europa.
En septiembre, ya en Bélgica, le contó al periodista Kevin Shoesmith, de la BBC, cómo fue el cruce del Bering helado en 2006 junto al aventurero francés Dimitri Kieffer y los 300 kilómetros que nadó por tramos en el Caspio.
La selva, el disfraz y el miedo a ser secuestrado
Sobre el Tapón del Darién, la franja que une Colombia y Panamá, fue tajante: "Tienes que abrirte paso a través de una selva densa".
"Te encuentras con sistemas fluviales y muchos pantanos. Y, por si fuera poco, está el hecho de que es una zona de guerra", aseguró.
Frente a la amenaza de secuestro, optó por mimetizarse con quienes pasan desapercibidos. "Las personas sin hogar son prácticamente invisibles: nadie les presta atención; esa era nuestra intención. No quería ser el gringo rubio de ojos azules con el equipo más moderno de The North Face", afirmó.
"Me teñí el pelo y la piel, y dejé mi ropa hecha jirones. Llevaba mis cosas en sacos", agregó.
La Bestia, su Wilson particular
El domingo, en diálogo con BBC Radio Humberside, admitió estar "absolutamente abrumado". "Y ni siquiera hemos llegado a casa todavía", dijo, en un plural que puede incluir a su carro, La Bestia, al que empujó durante 28 años.
"Este es mi Wilson", bromeó, comparándolo con el balón de voleibol al que le hablaba Tom Hanks en "Náufrago".
"Solo soy un indigente empujando un carrito de la compra, y de repente me encuentro con esto", dijo, señalando la multitud sobre el puente. "Y realmente tengo que detenerme a pensar en lo que esto significa para otras personas".
Durante años se tomó con calma la fecha de llegada. Ya no. "Definitivamente es hora de poner punto final", sostuvo. "No quiero seguir con esto mucho más tiempo".
El final llegó este lunes 2 de noviembre, con los últimos kilómetros hasta la puerta de su madre y el abrazo que llevaba media vida esperando.